CRISTO EL REY (noviembre 25, 2018)

Enfasis Sugerido

“Su reino es un reino eterno del cual nadie puede despojarlo; su reinado jamás podrá ser destruido”

Perspectiva Salesiana

Hoy celebramos el reinado de Cristo, el poder de Cristo, el carácter real de Cristo. A diferencia de los reyes terrenales, el reino de Cristo, como hemos escuchado en la lectura del Libro del Profeta Daniel, es un reino eterno. A diferencia del de otros reyes, el reino de Cristo nunca dejará de ser.

¿Qué clase de rey es Dios? ¿De qué forma es único su reino en comparación con el de otros monarcas? Para responder estas preguntas leemos las palabras que San Francisco de Sales ofreció en una conferencia sobre “la esperanza” a las Hermanas de la Visitación en 1620. La ocasión era la celebración de la fundación de otra comunidad de Visitación (alrededor de 80 comunidades fueron establecidas para cuando Santa Juana de Chantal falleció en 1641):

“Siempre tendremos sólo uno y un único rey: nuestro Señor crucificado, y bajo su autoridad vivirán seguros y a salvo donde quiera que estén. No teman que les pueda hacer falta algo, por que mientras lo escojan a él por encima de cualquier otro rey, él siempre estará con ustedes. Preocúpense por crecer en el amor y en la fidelidad a la divina bondad de Cristo, manteniéndose siempre lo más cerca que puedan a él, y verán que todo les saldrá siempre bien. Aprendan de él todo lo que deben hacer. No hagan nada sin su consejo. Este rey es el amigo fiel quien los guiará y los gobernará y los cuidará como, con todo mi corazón, le suplico yo a él que lo haga”.

Aquí no existe un dictador benévolo. Ni un tirano benévolo. Ni un monarca que con su poder subyuga a los demás. Ni un líder a quien sólo le interesa él mismo y quien consolida su riqueza o influencia a costa de los demás.

Cristo es un rey crucificado. El es un monarca que ofrece su vida por los demás. Su reino está al servicio de las necesidades de los demás. Su prestigio sirve de guía y da esperanza a los demás. Su reino provee consejos sensatos. Su estado ha sido fundado en base a la amistad fiel y amorosa.

Francisco de Sales acierta (como muchas veces lo ha hecho) cuando escribe en su Introducción a la Vida Devota, que: “No perdemos nada si vivimos de forma generosa, noble, cortés, y que nuestros corazones sean reales, justos y nobles” (Parte II, Capítulo 36).

Al igual que Cristo nosotros hemos sido llamados a usar el poder que Dios nos ha dado, y la promesa de atender las necesidades de los demás. Al igual que Cristo, nuestro “derecho divino” y real, exige que nos amemos los unos a los otros con “un corazón real, justo y noble”.

“¿Cómo estamos haciendo uso del “derecho divino” que como hijos e hijas de Dios nos corresponde?”

DOMINGO 33 EN TIEMPO ORDINARIO (noviembre 18, 2018)

Enfasis Sugerido

“En cuanto al día y la hora exacta, nadie la conoce… excepto el Padre”.

Perspectiva Salesiana

La escrituras son muy claras: el mundo tal y como lo conocemos dejará de existir. La Escritura también deja muy en claro que nosotros no podemos aspirar a saber “el día y la hora exacta” en que ese momento llegará.

Aun así, es completamente natural que algunas veces sintamos ansiedad cuando imaginamos que el mundo que hemos llegado a conocer dejará de ser. Es aún más comprensible que sintamos ansiedad al considerar la inevitabilidad de nuestra propia muerte. En ese respecto tampoco sabemos el “día y la hora exacta”.

Francisco de Sales nos recuerda que: “Nosotros en esta vida estamos caminando como si fuese sobre hielo”.

¿Cómo deberíamos lidiar con el hecho de que un día nuestra vida terrenal llegará a su fin?

La forma de lidiar con un futuro incierto es tratar de vivir bien todos y cada uno de nuestros momentos en el presente. El momento presente es el único tiempo que tenemos a nuestra disposición. El momento presente es el único tiempo que tenemos para tomar decisiones que pueden contribuir a – o dificultar- los esfuerzos que hacemos para prepararnos para la eternidad.

San Francisco de Sales nos aconseja: “Mantengan sus ojos fijos en ese día maravilloso de la eternidad hacia el cual nos transporta el transcurso de los años; a medida que estos pasan, pasan por nosotros también de estado en estado hasta que alcanzamos el final del camino. Pero mientras tanto, en estos momentos que van pasando se halla una diminuta semilla, la semilla de toda la eternidad; y en nuestras pequeñas y humildes obras de devoción se halla escondido el premio de la gloria eterna, y en las pequeñas pruebas que soportamos para poder servir a Dios se encuentran indicios de esa felicidad que nunca acaba” (Stopp, Cartas Selectas, p. 236)

En la medida en que vivamos cada momento presente experimentaremos el regalo de la paz. “Debemos vivir pacíficamente en todas las cosas y en todo lugar”, dice San Francisco de Sales. “Si se avecina un problema, externo o interno, debemos recibirlo de forma pacífica. Si viene la dicha, debemos recibirla de forma pacífica sin que el corazón palpite de más. Si debemos esquivar el mal, debemos hacerlo pacíficamente, sin que esto nos inquiete. Si hay una buena obra por hacer, debemos hacerla de forma pacífica también”.

Pónganse en manos y en el corazón de Jesús quien, San Francisco de Sales nos recuerda, “es el príncipe de la paz: cuando lo aceptamos como nuestro amo absoluto, todo es paz”. Pónganse en manos y en el corazón de Jesús quien es amo de cada momento presente: si nos acostumbramos a vivir cada momento presente estaremos mejor preparados para vivir nuestro último momento”.

Cuando vivimos en paz, cuando vivimos con intención, podemos lidiar con cualquier cosa que la vida nos tenga deparado: todo, incluyendo la muerte misma… una muerte que nos llevará a la vida eterna.

DOMINGO 32 EN TIEMPO ORDINARIO (noviembre 11, 2018)

Enfasis Sugerido

Tener confianza en Dios nos hace generosos con los demás.

Perspectiva Salesiana

La primera lectura del Evangelio de hoy nos cuenta las historias de dos viudas que son muy similares. En vez de depositar su confianza en otras cosas, ellas confían plenamente en Dios.

Sucesivamente ambas reciben reconocimientos y recompensa por su confianza, y por su fe en El.

La primera viuda es una extranjera para los Hebreos. Ella es de Sarepta, una ciudad ubicada en las costas del Mediterráneo. Elías viajó por aquella tierra en tiempos de hambruna. Como es de esperarse, cuando hay hambrunas los ricos se quejan y los pobres mueren de hambre. La mujer era pobre. Cuando Elías la conoció ella estaba recogiendo lo último que le quedaba antes de que su hijo y ella murieran. Imaginen ustedes a un extraño acercándose a esta mujer y pidiéndole algo de comer en nombre del Señor. Imaginen también a esta mujer poniendo su fe en Dios y dándole de comer al profeta. El haber depositado toda su confianza en Dios hizo que ella recibiera comida suficiente para un año.

La segunda viuda fue aquella que, según cuenta la lectura del Evangelio, puso dos monedas en la tesorería del Templo. Jesús dijo que su donación, aún cuando pareciera insignificante fue en realidad grandiosa, por que ella había dado todo lo que poseía. Su donación fue realmente el acto de depositar su fe en Dios para que él la cuidase.

Lo que estas dos viudas hicieron son cosas que a nosotros nos resultan extremadamente difíciles. No importa cuán grande sea nuestra fe, nos resulta tremendamente difícil depositar nuestra confianza plenamente en Dios. Hay algo en nosotros que nos lleva a tratar de encontrar la solución a nuestros problemas por fuera del ámbito de la fe. Existe una gran falacia en nuestros tiempos que es el pensar que el dinero puede solucionar todos nuestros problemas. El trabajo de los publicistas es vendernos la idea de que podemos comprar la felicidad. Paradójicamente la felicidad para aquellos que han sido bendecidos con riquezas materiales, muchas veces radica en que ellos comparten libremente sus éxitos con los demás.

El mensaje importante de las lecturas de hoy es que debemos poner toda nuestra confianza en Dios, en lugar de ponerla en las cosas materiales. Esto es difícil para nosotros por que requiere que pongamos en práctica la virtud perdida de la humildad. Sólo una persona humilde, que reconoce la profunda necesidad que tiene de Dios, tiene la certeza de que la presencia de Dios en su vida es fundamental para su felicidad.

Quizás algún día nosotros tendremos ese grado tan profundo de fe y de confianza en Dios, como lo tuvieron estas dos viudas quienes confiaron en El. Aunque también es cierto que esta es la razón fundamental por la cual nos reunimos para adorar, para orar y para celebrar los Sacramentos: Aún cuando somos conscientes de que nuestra fe puede ser fortalecida, también reconocemos que no podemos fortalecerla nosotros solos.

Necesitamos a Dios.

Nos necesitamos los unos a los otros.

Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario (4 de noviembre de 2018)

“¿Cuál es el primero de los mandamientos?”

Para ser precisos, ¿cuál es la dimensión más importante de nuestra fe? ¿Cuáles son los cimientos sobre los cuales reposa el cristianismo?

La respuesta de Jesús es inequívoca: el amor. Este amor tiene tres facetas.

El amor a Dios. Francisco de Sales nos dice que la razón por la que amamos a Dios es por quien Él es: nuestra dignidad y nuestro destino. “Amamos a Dios porque Él es la más suprema e infinita bondad”.

El amor al prójimo. Francisco de Sales nos dice: “El amor de Dios no sólo nos ordena amar al prójimo, sino que también genera y verte el amor al prójimo en nuestros corazones. Del mismo modo en que hemos sido hechos a imagen de Dios, el amor sagrado que tenemos los unos por los otros es la verdadera imagen de nuestro amor celestial por Dios”.

El amor propio. Este es el aspecto que quizás más tendemos a pasar por alto; al fin y al cabo, "amor propio" suena como ser egocéntrico. ¿Por qué debemos amarnos a nosotros mismos? Simple y profundamente porque “estamos hechos a imagen y semejanza de Dios” dice Francisco de Sales. Cuando nos comportamos de la mejor manera, todos somos “las imágenes más sagradas y vivientes de lo divino”.

¿Por qué el verdadero amor propio es tan fundamental para nuestro amor por Dios y por el prójimo? Sencillamente porque, si no podemos amarnos a nosotros mismos, ¿cómo podemos alabar y agradecerle a Dios por crearnos? Si no podemos amarnos a nosotros mismos, cómo podremos amar a nuestro prójimo, quien no solamente fue creado a imagen de Dios sino que fundamentalmente fue hecho a imagen y semejanza nuestra, dado que todos provenimos de la misma fuente: Dios mismo.

La plenitud de la perfección cristiana –la plenitud de vivir la vida de Cristo– puede compararse con una mesa de tres patas. En la medida en que cualquiera de las tres patas sea débil, toda la mesa estará en serio peligro. Una mesa así no puede sostener un peso importante. Así pues, también, si uno de los tres amores de nuestras vidas –a Dios, el propio, al prójimo– es deficiente, todos los tres sufrirán y no podremos cargar el peso del mandamiento de Dios que nos llama a construir algo de Su reino aquí en la tierra.

Para estar seguros, el amor es la simple respuesta a aquello que es más importante en nuestras vidas. Sin embargo, en nuestra experiencia de vida este amor nunca es tan simple como quisiéramos creerlo.

¿Cómo es su amor por Dios? ¿Cómo es su amor por el prójimo? ¿Cómo es su amor propio?

¿De verdad?

TODOS LOS SANTOS (noviembre 1, 2018)

Enfasis Sugerido

"Estos son quienes han logrado sobrevivir a este gran periodo de prueba…”

Perspectiva Salesiana

“Unamos nuestros corazones a estos espíritus celestiales y a estas almas benditas. Del mismo modo en que los ruiseñores jóvenes aprenden a cantar en compañía de los viejos, nosotros por medio de nuestra unión celestial con los santos debemos aprender la mejor forma de orar y de alabar a Dios” ( Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capitulo 16).

Estamos apoyados en los hombros de unos gigantes. A lo largo de los últimos dos mil años incontables hombres, mujeres, y niños de muchas eras, lugares, y culturas han pasado sus vidas al servicio de las Buenas Nuevas de Jesucristo. De entre esos tantos un grupo más pequeño de individuos ha logrado obtener la distinción de ser conocidos como “santos”.

Estos son personas reales que nos sirven de ejemplo. Estos son personas reales en quienes nos inspiramos. Estos son personas reales en quienes buscamos ánimo y en quienes buscamos la gracia.

Estos santos – estas personas reales- iban abriendo un camino en medio de las pruebas a las que se enfrentaban, a medida que vivían y proclamaban el Evangelio. El reto para nosotros es seguir su ejemplo de formas que encajen con el estado y la condición de vida en la que nos encontramos.

En caso de que aún no se hayan dado cuenta, ustedes también han sido llamados a llevar una vida santa – centrados en Dios, una vida de entrega - en los lugares donde viven, donde aman, donde trabajan y donde juegan cada día. Francisco de Sales escribió: “Observen el ejemplo que nos dan los Santos en cada etapa de sus vidas. No hay nada que no hayan hecho por amor a Dios y para ser seguidores devotos de Dios… Porqué entonces no habríamos de hacer lo mismo, de acuerdo con nuestra posición y vocación en la vida, por mantener esa preciada resolución y las declaraciones que hemos hecho?” (Introducción a la Vida Devota, Parte V, Capitulo 12).

Qué significa ser un santo? Sorprendentemente es algo mucho más práctico y que esta más al alcance de nuestras manos de lo que suponemos. Francisco de Sales observaba que: “Debemos amar todo lo que Dios ama, y Dios ama nuestra vocación; por ende nosotros también debemos amar nuestra vocación y no debemos desperdiciar nuestra energía anhelando tener una vida diferente, sino que por el contrario debemos continuar con nuestra labor. Sean como Martha y también como Maria, y sientan dicha de ser como ellas… de cumplir fielmente con la tarea que han sido llamados a desempeñar…” (Stopp, Cartas Selectas, Pagina 61)

A los ojos de San Francisco de Sales la santidad se mide por medio de nuestra voluntad y nuestra habilidad para aceptar el estado y la condición de vida en la que nos encontramos. Los santos son personas que acogieron sus vidas como vinieron, desde lo más profundo de su ser, y sin desperdiciar tiempo deseando o esperando una oportunidad de poder vivir la vida de alguien más. La Santidad está marcada por nuestra voluntad para honrar la voluntad de Dios como nos ha sido manifestada durante los altibajos de nuestro diario vivir.

Cómo han sido ustedes llamados a ser santos el día de hoy? Cómo podemos abrir caminos de amor en medio de tantas pruebas el día de hoy?

DOMINGO 30 EN TIEMPO ORDINARIO (octubre 28, 2018)

Enfasis Sugerido

C ómo es que somos ciegos? De qué forma necesitamos ser sanados?

Perspectiva Salesiana

La primera lectura de hoy nos recuerda la promesa que el Señor ha hecho a su pueblo de Israel de que Dios los protegerá y los conducirá hacia su hogar por que El es “el Padre de Israel y Efraín es mi primogénito”. Dios es particularmente atento con los débiles, con las mujeres con niños y con aquellos que no pueden cuidarse a si mismos.

Esa preocupación demostrada por un Padre amoroso nos permite darle un breve vistazo a la relación única que existe entre Dios y Su pueblo. San Francisco de Sales continuamente nos recuerda el amor que siente Dios por su creación. Esa “verdad” ciertamente tiene sentido y es plenamente consistente con la razón fundamental de nuestra existencia. Después de todo, qué hijo o hija no es amado/a por sus padres de forma totalmente gratuita?

En nuestra segunda lectura debemos hacer frente al rol del sumo sacerdote como humanos que somos. El autor de la Carta a los Hebreos deja claro que el sumo sacerdote tiene la capacidad de ser compasivo ya que él mismo es un sanador herido. Aquí de nuevo tenemos otro ejemplo de la naturaleza gratuita de nuestra relación con Dios. Dios nos da una vocación, sin importar cual sea nuestra condición de vida. Pero esta vocación no es para que nosotros nos apropiemos de ella sino para que respondamos a su invitación.

El Evangelio relata la historia Bartimeo, el mendigo ciego. Que historia tan maravillosa es esa para ayudarnos a entender cuan amados somos por nuestro Dios y de forma tan incondicional. Aun así, esta relación aun cuando gratuita no es pasiva. Bartimeo le suplica a Jesús que tenga piedad de él. Jesús en respuesta le devuelve la vista al ciego. El ciego le suplica que le permita ver y Jesús le dice entonces que su fe lo ha salvado.

Nosotros oramos para poder obtener la fe que necesitamos y así lograr ver la relación fundamental que existe entre Dios y Su pueblo. Nuestra ceguera nos impide ver la bondad única que existe dentro de cada persona. Esa inhabilidad de ver la bondad nos mantiene sumidos en el pecado y nos niega la posibilidad de maximizar nuestros dones y talentos para nuestro bien y por el bien de nuestros hermanos y hermanas.

Francisco de Sales nos reta a que tengamos la misma fe del ciego, y por ende a que tengamos la suficiente confianza en nuestro valor intrínsico para que así nos atrevamos a pedir al Señor que nos permita ver. Si somos lo suficientemente fuertes para dar este paso, sólo imaginen lo lejos que podemos llegar!

DOMINGO 29 EN TIEMPO ORDINARIO (octubre 21, 2018)

Enfasis Sugerido

“A través de su sufrimiento mi siervo justificar á a muchos”

Perspectiva Salesiana

Cumplir con la admonición de Cristo, de que nosotros deberíamos ser siervos de los demás, no sonaría como una misión tan desalentadora de no ser por una sola palabra:

El sufrimiento.

Jesús es muy claro: servir es sufrir, sufrir es servir. Por supuesto surge la pregunta: ¿Es que acaso Jesús sirvió por que le gustaba el sufrimiento?

Consideren por un momento el significado de la palabra “sufrimiento”. El Diccionario de la Herencia Americana describe la palabra sufrimiento como “sentir dolor o aflicción; soportar una perdida, herida, daño o castigo”. Ciertamente Jesús experimentó todas estas cosas de sobremanera. En ese respecto, tenemos en Cristo a alguien que es capaz de simpatizar con nosotros (Hebreos).

Pero el sufrimiento es mucho más que el hecho de experimentar dolor. El mismo diccionario indica al lector consultar la raíz de la palabra inglesa “siervo”, y es allí donde encontramos una poderosa revelación: la raíz de la palabra sufrir significa cargar, soportar, “dar a luz a un hijo”.

El sufrimiento no es solo la habilidad de experimentar dolor. No, el sufrimiento es la voluntad de abstenernos, de perseverar, de continuar haciendo lo correcto y lo que es justo, lo que es saludable y santo, incluso cuando nos enfrentamos a la oposición y la resistencia de los demás. El sufrimiento es el dolor asociado a los esfuerzos que hacemos por generar vida en las vidas de los demás.

Esta clase de sufrimiento no es lo mismo que una pasividad impotente. Este sufrimiento – este sufrimiento divino – se trata de ser proactivos. Este sufrimiento – este servicio- es una elección: la elección del amor.

Jesús no amaba el sufrimiento. Jesús sufrió precisamente por que estuvo dispuesto a amar. Jesús sufrió – él perseveró – en su compromiso de ser una fuente de amor en las vidas de los demás.

Eso fue lo que hizo a Jesús un siervo. Esto mismo es lo que nos puede convertir en verdaderos siervos a nosotros. Al igual que Jesús, aún cuando nuestro servicio estará marcado por el sufrimiento, es mucho más importante que esté marcado por el amor.

DOMINGO 28 EN TIEMPO ORDINARIO (octubre 14, 2018)

Enfasis Sugerido

“Que difícil es entrar en el reino de Dios”

Perspectiva Salesiana

Durante los últimos minutos de la película “Campo de Sueños” el personaje de Terrence Mann recibe una invitación del fantasma de Shoeless Joe Jackson a "salir" con el equipo. Es entonces que el personaje de Ray Concella se enfurece. ¿Porqué el fantasma ha invitado al escritor en vez de a Ray? Ray suelta una retahíla sobre todas las cosas que él ha hecho siguiendo las instrucciones de la "voz" y termina diciendo: "Ni una sola vez he preguntado, ¿qué saco yo con todo esto?" Entonces el fantasma le pregunta: "¿Qué es lo que estás tratando de decir Ray?" a lo que Ray responde: "Lo que quiero decir es, ¿cómo me beneficia esto a mi?".

Que honesto. Que revelador. Que humano.

Hoy hemos escuchado ecos de esa misma respuesta en las palabras de San Pedro en el Evangelio cuando dice que: "Hemos dejado todo a un lado para poder seguirte" Qué es lo que implícitamente está queriendo decir: ¿Cómo nos beneficia esto a nosotros?

La verdad es que las Buenas Nuevas nunca ceden. Aún cuando vamos madurando en nuestro amor por Dios, por nosotros, y por los demás, las Buenas Nuevas siempre nos llaman a dar más, a profundizar, a seguir avanzando. La verdad es que las Buenas Nuevas algunas veces no nos hacen sentir tan bien.

No es de sorprender que algunas veces nos preguntemos: "¿Qué más quieres?" "¿Porqué debería hacer esto?" "¿Cómo me beneficio yo al hacer esto?"

El beneficio para nosotros encierra una promesa doble. En primer lugar, llegamos a experimentar la dicha que implica el preocuparnos por dar en lugar de recibir. Podremos también experimentar la libertad que se siente cuando permitimos que Dios penetre todo lo que somos- y no sólo una parte-. En resumen, podremos experimentar esa riqueza que sólo es conocida por aquellos que son generosos.

Segundo, nosotros vivimos cada día con la creencia de que algún día llegaremos a gozar de la generosidad de Dios por siempre en una vida que nunca terminará.

Entonces, cómo nos beneficia esto a nosotros? Pues, que más beneficio que darnos propósito, significado y dirección en esta vida? ¿O qué tal el hecho de poder disfrutar la plenitud de estos – y otros tantos regalos – en la vida que está por venir?

Esas si que son Buenas Nuevas!

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DOMINGO 27 EN TIEMPO ORDINARIO (octubre 7, 2018)

Enfasis Sugerido

“No es bueno para el hombre estar solo”

Perspectiva Salesiana

Las lecturas de hoy nos recuerdan nuestra necesidad de tener un profundo respeto por los demás. Las lecturas de hoy hablan de la reverencia que deberíamos sentir por cada ser humano. Las lecturas de hoy hablan del cuidado y la preocupación que deberíamos tener para con toda la creación.

Más importante aún es que las lecturas hablan de una verdad mucho más profunda: Nosotros al igual que el Dios, en cuya imagen y semejanza hemos sido creados, no estamos hechos para vivir solos.

Francisco de Sales escribió: “Dios significa tantas cosas y de tantas formas para nosotros que El desea que todos seamos salvados y que nadie nunca ignore este hecho. Con este propósito, y a través de la creación, Dios nos hizo a su imagen y semejanza; por medio de la encarnación, Dios se hizo a nuestra imagen y semejanza… la bondad de Dios hace que El nos comunique libremente la ayuda que nos brinda la gracia divina para que logremos alcanzar la dicha de su gloria…” (Tratado del Amor de Dios, Libro VIII, Capítulo 4)

Del mismo modo en que Dios se comunica con nosotros, nosotros estamos hechos para vivir en comunión entre nosotros.

En sus Conferencias, Francisco explica cómo el ser nosotros mismos nos lleva a relacionarnos con los demás. “El dulce y amoroso lazo del amor santo se hará más fuerte y más estrecho a medida que avanzamos por el camino de nuestra propia perfección. A medida que nos hacemos más y más capaces de unirnos a Dios, más estrecha se hace nuestra unión con los demás… en cada comunión que hagamos, nuestra unión se volverá más perfecta por que para unirnos con Nuestro Señor debemos permanecer siempre muy unidos entre nosotros; y es por esto que el santo recibimiento de este Pan celestial y de este Sacramento es llamado Comunión: que quiere decir, unión común”. (VI Conferencia, Sobre la Esperanza)

Fundamentalmente lo que Francisco de Sales nos dice es que nosotros hemos nacido para amar. Estamos hechos para relacionarnos con los demás. Mucho de lo que somos- mucho de lo que podemos llegar a ser- sólo puede hacerse realidad a través de las relaciones que establecemos y que cultivamos con los demás.

Más aún, debemos ser fieles a nosotros mismos. Debemos crecer en el conocimiento de quienes somos y aceptarnos como somos. Debemos acoger nuestras fuerzas y nuestras debilidades. Debemos considerar cuáles son aquellas cosas que podemos hacer por nuestra cuenta. También debemos aceptar las cosas que no podemos hacer solos. Pero nada de esto podremos lograr si nos aislamos: la plenitud de quien Dios nos ha llamado a ser se encuentra precisamente a través de nuestras relaciones con los demás.

No sólo no es bueno para el hombre estar solo, sino que sólo podemos ser verdaderamente humanos cuando vivimos en comunión con Dios… y con los demás.

DOMINGO 26 EN TIEMPO ORDINARIO (septiembre 30, 2018)

Enfasis Sugerido

“Los juicios apresurados ofenden a Dios.”

Perspectiva Salesiana

“Los juicios apresurados ofenden a Dios!” dice San Francisco de Sales. “Los juicios de los hijos del hombre son apresurados por que ellos no son justos cuando juzgan a los demás, y cuando juzgan usurpan el oficio de nuestro Señor… si una acción tiene diferentes aspectos, debemos tratar de enfocarnos en el mejor de ellos.” ( Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capitulo 38)

Estas palabras dichas por de Sales habrían servido de consejo para Juan, el discípulo del Evangelio de hoy, cuando él le pide a Jesús que saque a los demonios del cuerpo de un hombre en Su nombre “por que él no es de nuestra compañía.” De hecho estas palabras son muy similares a las que Jesús le dice a Juan: “No trates de detenerlo. Ningún hombre que haga milagros en mi nombre puede al mismo tiempo hablar mal de mí. Quien quiera que no este en nuestra contra está con nosotros.” Juan no es el único que puede beneficiarse con este consejo. Muchos de nosotros podemos beneficiarnos también.

Las palabras de Jesús y de San Francisco de Sales nos recuerdan que todos aquellos que participan en las obras de Jesús pertenecen a El, bien sean de “nuestra compañía” – miembros de nuestra Iglesia Católica Romana – o no. Ellos nos recuerdan que deberíamos enfocarnos menos en las denominaciones y más en las acciones, el espíritu y las actitudes de los seguidores de Cristo – sin que esto diminuya en ninguna forma nuestra fe en la Iglesia Católica Romana como la madre de todas las religiones Cristianas. Más que nada, ellos nos recuerdan que si queda algún rastro de prejuicio o engreimiento en nuestros corazones, en contra de los miembros de otras religiones Cristianas, debemos deshacernos de estos inmediatamente. La triste verdad de la historia es que a través de los siglos los Cristianos han pasado mucho tiempo construyendo muros, y muy poco tiempo construyendo carreteras para Dios. Ahora es tiempo para desmantelar los muros y para construir las carreteras. Ahora es tiempo para derrumbar las murallas y construir puentes. Es tiempo para estrechar con amor a nuestros aliados en la fe Cristiana, donde quiera que los encontremos.

Dios te necesita a ti y a mí- y a los Cristianos en todas partes – para que sean Sus profetas. En el sentido bíblico los profetas típicamente emergen en momentos en que la sociedad ha dejado de escuchar a Dios. Los profetas bíblicos hablan “de parte de Dios.” Ellos no les dicen a los demás lo que va a pasar; les dicen lo que debería pasar. Ellos les dicen a los demás lo que Dios quiere y lo que Dios dice. Dios te necesita a ti y a mí para que nos levantemos y seamos incluidos en los valores del Evangelio. Dios te necesita a ti y a mi para que les digamos a los demás que Dios quiere paz, no guerra; vida, no muerte; amor, no odio; preocupación por los demás, no preocupación por uno mismo; libertad, no restricción; verdad, no ser políticamente correctos; justicia para todos, no discriminación.

En las palabras de San Francisco de Sales, él necesita que nosotros “hablemos de Dios en conversaciones familiares con nuestros... amigos y vecinos.” (Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capitulo 26) Y “si el mundo nos percibe como tontos,” por que nos comportamos como profetas, “pensemos que el mundo está loco.” (Ibid, Parte IV 4, Capitulo 1)

DOMINGO 25 EN TIEMPO ORDINARIO (septiembre 23, 2018)

Enfasis Sugerido

“Humíllate profundamente ante Dios, y dale las gracias.”

Perspectiva Salesiana

Los primeros discípulos ciertamente se adherían al hecho de que Jesús era muy probablemente el Mesías que habían anhelado y aún así él tenia una misión más allá de la realidad que ellos habían esperado. El Evangelio de hoy nos da una imagen muy real de este dilema en su inhabilidad para apreciar el hecho de que Jesús habla de su próxima muerte y resurrección y el sufrimiento que le espera en ese camino. El desenvolvimiento de esa predicción lleno a los discípulos de miedo y confusión. Esto es por que ellos no pudieron entender la realidad en virtud de sus expectativas, sueños y esperanzas.

Su percepción de su rol en la realidad de este reino lo llevo a discutir entre ellos. Sus expectativas naturalmente los convencieron de la importancia de su propio rol en el cumplimiento de la esperanza Judía para el futuro, y los enredo en la hostilidad, la envidia y la enemistad entre ellos. Jesús Claramente demostró la importancia del sus roles y como estos se llevarían a cabo- de forma muy distinta a sus percepciones. El pequeño niño, en medio de ellos, presenta claramente el ideal al que los discípulos han sido llamados. Que inconscientes parecían del llamado que los manda a servir y no a ser servidos.

San Francisco de Sales habla de la dificultad natural envuelta en nuestra capacidad de acceder a cumplir con la voluntad de Dios. Varias veces nos encontramos en la posición de los apóstoles en la historia del Evangelio de hoy, donde seguir la voluntad de Dios muchas veces no va de acuerdo con nuestras expectativas o deseos. En el Tratado del Amor de Dios, Libro 9, Capitulo 2, Francisco nos dice, “Un corazón verdaderamente viviente ama los buenos placeres de Dios no solamente durante el tiempo de consuelo sino que también durante las aflicciones, pero los ama más que todo en la cruz, el dolor, y la labor, por que el principal poder del amor es habilitar al amante para que sufra por aquello que ama.”

Debemos preguntarnos hoy cómo nuestras expectavitas, esperanzas y sueños nos previenen de realizar la Voluntad de Dios. Acaso los tiempos difíciles a los que nos enfrentamos arruinan nuestros intentos para seguir la Voluntad de Dios? Hemos podido abandonar nuestros intentos para que la Voluntad de Dios sea conforme con nuestros deseos y voluntades? Apreciamos realmente el regalo que es Jesús?

Una reflexión ante estas preguntas nos llevara a tener la oportunidad necesitada para realizar la Voluntad de Dios. Este es realmente un requisito en nuestro viaje de fe. En la Introducción a la vida Devota, Libro 2, Capitulo 1, San Francisco de Sales escribió, “La oración coloca nuestra inteligencia en el amor divino. Es la mejor manera de purgar nuestra inteligencia de su ignorancia y nuestra voluntad de sus afectos malignos.... Yo sugiero, por sobre todo, Philothea, una oración mental de la mente y el corazón, especialmente aquella que esta enfocada en la Vida y Pasión de Nuestro Señor. Contemplándolo a El tu estarás lleno de El; tu aprenderás a actuar como EL y conformarás tus acciones a las de El.”

DOMINGO 24 EN TIEMPO ORDINARIO (septiembre 16, 2018)

Enfasis Sugerido

“Apártate de mi, Satanás.”

Perspectiva Salesiana

Los santos son héroes de nuestra tradición de fe. Son personas cuyo ejemplo queremos seguir; personas que admiramos. Ellos nos recuerdan que Dios puede lograr en nosotros el mismo tipo de cosas que El logró en ellos. Pero las historias de los santos son más que una consideración de la promesa de la fuerza, el coraje, la fidelidad o la tenacidad humana. Sus historias son recordatorios de la realidad de la fragilidad human, la debilidad y la infidelidad. En un sermón predicado por Francisco de Sales en el Domingo de Ramos, Marzo 1622, él observa que: “Todas las criaturas son una mezcla de perfección e imperfección. Por esta razón ellas pueden ser utilizadas como símbolos de lo uno o lo otro. Cada persona, no importa que tan santa, tiene imperfecciones. Hechos en la imagen de Dios, cada persona refleja algo de la bondad de Dios mientras que, al mismo tiempo, esa misma persona lleva consigo algunas imperfecciones.” (Pulpito y Banco)

Considera el ejemplo de San Pedro en el Evangelio de hoy. Cuando Jesús le preguntó a los apóstoles, “Quién dices que soy?” Pedro fue el primero en proclamar: “Tu eres el Mesías!” Unos cuantos versos luego de haber hecho esta gran demostración publica de fe, Pedro se ofende por la predicción que Jesús hace sobre su negación, muerte y resurrección, y es humillado públicamente cuando Jesús se vuelve ante el y proclama: Apártate de mi Satanás!”

Pareciera que aún los santos tenían su alti-bajos. En el caso de San Pedro, este no seria el último despliego de su perfecciones e imperfecciones. En el Tratado del Amor de Dios, Francisco comentaba que: “Quién no se maravilla ante el corazón de San Pedro, tan valiente ante los soldados armados que él solo toma la espada en sus manos y la utiliza? Aún así, un poco tiempo después, entre la gente desarmada, él es tan cobarde que ante el niega y detesta a su maestro delante de una sierva.” (Tratado, Libro X, Capitulo 9)

Francisco de Sales creía que tenemos mucho que aprender tanto de los percances de los santos, como de sus éxitos. “Es bueno ver los defectos en las vidas de los santos. Esto no solamente muestra la bondad de Dios para perdonarlos, sino que también nos enseña a imitar a los santos y su esfuerzo para superar sus fracasos y hacer penitencia por ellos. Nosotros estudiamos las virtudes de los santos para poder imitarlos; nosotros estudiamos los fracasos de los santos para evitarlos.” (Ibíd.)

Esta forma de ver a los santos puede ser de mucha ayuda en nuestros intentos diarios para “Vivir a Jesús.” Ver los defectos de los santos sirve como una vacuna en contra de la falta de entusiasmo que podemos experimentar cuando nos enfrentemos a nuestros pecados, nuestras faltas y nuestras imperfecciones. De la misma manera, ver las virtudes de los santos nos puede disuadir para que no nos volvamos engreídos o nos sintamos satisfechos con nuestros defectos. Los santos son compañeros para el viaje. Ellos tienen mucho que enseñarnos sobre como seguir una vida de devoción: superar nuestros pecados y faltas, reforzando nuestra práctica de la virtud. Francisco de Sales (siendo un santo) nos reta a ver a los santos como personas reales, y a darnos cuenta de que podemos aprender de sus tragedias al igual que de sus triunfos.

DOMINGO 23 EN TIEMPO ORDINARIO (septiembre 9, 2018)

Enfasis Sugerido

“Tu fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado no puede tener favoritismo.”

Perspectiva Salesiana

Escucha lo que dice Francisco de Sales con respecto a este tema: ( Introducción Parte III, Capitulo 36)

“Si nos gusta cierta práctica despreciamos al resto y nos oponemos a todo aquello que no es de nuestro gusto. Si alguien se ve pobre o si no nos gusta esa persona encontramos culpabilidad en todo lo que esa persona hace: no dejamos de molestar a esa persona, y siempre estamos buscando una oportunidad para pasar por encima de ella. Por el contrario, si alguien nos gusta por que es buen mozo, no hay nada que esa persona haga que no estemos dispuestos a pasar por alto.”

“En general, preferimos el rico al pobre... inclusive preferimos aquellos que se visten mejor. Rigurosamente exigimos nuestros propios derechos, pero queremos que otros sean considerados cuando exigen sus derechos. Mantenemos nuestra categoría con exactitud, pero queremos que otros sean humildes y que se acomoden. Fácilmente nos quejamos de nuestros vecinos, pero nuestros vecinos nunca deben quejarse de nosotros. Lo que hacemos por los demás siempre parece la gran cosa, pero lo que ellos hacen por nosotros parece insignificante.”

“En resumen, tenemos dos corazones. Tenemos una actitud benigna, cortés y amable para con nosotros mismos y otra que es dura, severa y rigorosa para con nuestros vecinos. Tenemos dos pesas: una para pesar todo lo que nos beneficie a notros, y otra para pesar todo lo que ponga a nuestro vecino en desventaja.”

Esta es la esencia de la discriminación en contra de otros y “en nuestros corazones:” Vivir con dos corazones, vivir con una doble moral. Como Santiago dice, cuando nos hacemos jueces (y jurado) de nuestros vecinos y no los juzgamos de la misma forma en que nos juzgamos a nosotros mismos hemos “otorgado decisiones corruptas.”

Dios no es parcial. Nosotros tampoco debemos serlo.

Cómo podemos remediar nuestra tendencia a preferir unos por encima de otros? Francisco de Sales es muy claro e inequívoco. “Se justo y equitativo en todas tus acciones. Siempre ponte a ti mismo en el lugar de tu vecino y a tu vecino en el tuyo para que puedas juzgar justamente. Imagínate a ti mismo como el vendedor cuando compras y como el comprador cuando vendes y así venderás y comprarás justamente.”

“Este es el fundamento de toda razón.”

DOMINGO VEINTIDOS EN TIEMPO ORDINARIO (septiembre 2, 2018)

Enfasis Sugerido

“Reciban humildemente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y que tiene la capacidad para salvar sus almas”.

Perspectiva Salesiana

Las tradiciones son cosas poderosas. Ya sea la cazuela especial que nuestra abuela prepara para la cena del día de acción de gracias, o quiénes serán los anfitriones la noche de Navidad o para la Pascua, o a dónde vamos a ir de vacaciones con la familia, o los rituales con los que rendimos homenaje cuando uno de nuestros seres queridos muere, o algo tan simple como en qué puesto de la mesa se sienta cada quien a hora de comer, las tradiciones hacen parte integral de nuestra vida. Cuando son positivas, las tradiciones nos dan un sentido de identidad, estabilidad, y valor, especialmente en momentos en que nuestras vidas se enfrentan a múltiples cambios.

Pero las tradiciones también pueden ser negativas, especialmente cuando se distancian de los valores que se supone deberían sustentar y proteger. Jesús era muy consciente de esto como lo sugiere el relato del Evangelio de hoy. El desafió a los Fariseos sobre su uso de las leyes en materia de pureza espiritual. Jesús consideraba que ellos estaban utilizando las tradiciones para juzgar a los demás de manera injusta, y así mismo determinar quienes quedaban “dentro” o “fuera” del circulo de la misericordia y el amor de Dios. Como si ellos, y no Dios, fuesen quienes determinan la rectitud y la dignidad religiosa de las personas!

Ciertamente la Palabra de Dios este domingo nos reta a que caigamos en cuenta del poder de las tradiciones en nuestras vidas. Si son positivas, debemos permitir que continúen haciendo parte de nuestras vidas. Pero si son comportamientos o incluso actitudes negativas—antiguas rencillas que no podemos olvidar, dolores pasados que no podemos perdonar, patrones de comportamiento que implican hacer elecciones o dar lugar a pensamientos destructivos, de los cuales pareciera que no podemos escapar- entonces, con la gracia de Dios ya “depositada en nosotros” debemos hacer algo por cambiarlas.

San Francisco de Sales sugería que cuando estas antiguas “tradiciones” negativas nos hagan menos de lo que, siendo hijos de Dios, hemos sido llamados a ser debemos concentrarnos en “el momento actual”. El pasado no nos define, y no podemos hacer nada para cambiarlo, lo único que podemos hacer es olvidarlo. El futuro aún esta por suceder. Pero lo que sí tenemos es el aquí y ahora, el momento actual, y la gracia de Dios en este momento.

Es solo en el momento actual que podemos reemplazar los comportamientos y las actitudes negativas por nuevos comportamientos y actitudes que den nuevo valor a nuestra vida. Cuando nos concentramos en acceder al amor de Dios, sembrado en nosotros, para así hacer nuevas elecciones de “momento actual” en “momento actual”, nos encaminamos rumbo al nuevo comienzo de unas “tradiciones” positivas. Estas serán nuestro sustento en el presente, y nos moldearán para el futuro, haciendo de nosotros individuos que “hacen justicia y viven en presencia del Señor”.

Empecemos hoy una nueva tradición de vivir en el “momento actual” con la gracia de Dios. Esa es una tradición que vale la pena mantener a lo largo del tiempo… por el resto de la vida!

DOMINGO VEINTIUNO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 26, 2018)

Enfasis Sugerido

"Ayúdanos en la búsqueda de los valores que nos traerán la dicha duradera en este mundo en constante cambio”.

Perspectiva Salesiana

Estas palabras tomadas del comienzo de la Oración de Apertura de la misa de hoy, contienen un mensaje muy significativo y profundo para todos nosotros. Nuestros mundos cambian, y en ciertos casos constantemente. A veces tendemos a interpretar el “mundo en cambio” como algo que no nos incumbe o que está más allá de nuestro entendimiento. Pero algunas veces el mundo que nos resulta más difícil de entender con todos sus cambios es el mundo interno, ese mundo que está lleno de confusión y vicisitudes que nadie más puede ver – excepto nosotros mismos.

Hoy hemos hablado de decisiones y elecciones. Todos deseamos ser libres. Ciertamente Dios desea que nosotros podamos gozar de esa libertad, dado que ese es el regalo más espectacular y significativo que él nos ha dado. En la primera lectura de hoy Josué habla directamente sobre esa libertad: “Decidan hoy mismo a quien van a servir”. Este mensaje es lo más contemporáneo y directo que podemos llegar a escuchar. “Qué es lo que desean? Decidan!”. La propuesta de Josué no da lugar a indecisiones. Tampoco queda ninguna duda de cuál es su postura: “En lo que se refiere a mi y a mi hogar, nosotros serviremos al Señor”.

Pablo afronta el mismo problema en su carta sobre la vida matrimonial: “Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo”. Esta afirmación inicial es crítica por que sin ella su consejo posterior de ser sumisos puede parecer degradante e incluso horroroso. La “sumisión” a la que el cristiano está llamado siempre se presenta dentro y a causa del amor – el amor de Cristo. Es por ello que servimos a los demás, y que nos ponemos en al menos un segundo plano, si no literalmente en el último. Cristo nos amo ante todo, y nos mostró el camino a la vida. Poner a los demás en primer lugar, especialmente en una relación – o en una familia-, es la única forma de tener vida y de compartir la vida al máximo.

Es también la única forma de hacer del amor algo que verdaderamente de vida.

Esta enseñanza de Dios puede ser “dura” y los primeros seguidores de Cristo así lo sintieron, pero al igual que Pedro en el Evangelio, cuando todo sea dicho y hecho, “A quién acudiremos?” Una y otra vez, las pérdidas y las pruebas de la vida nos afirman que solo El tiene “las palabras de la vida eterna”.

Francisco de Sales nos recuerda que la inestabilidad es inevitable en la vida, y que es nuestro fracaso a la hora de reconocer la verdad lo que nos hace inestables, y lo que hace que nuestro humor sea variable. El nos alienta a permanecer firmes e inquebrantables en nuestras resoluciones. El desafío al que se enfrenta nuestro mundo “interno” y en constante cambio, es el de la constancia. Y esa constancia solo se logra a través de la fidelidad con las decisiones que tomamos diariamente de amar y de servir al Señor, y a los demás – esa misma resolución con la que cerramos cada liturgia.

VEINTEAVO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 19, 2018)

Enfasis Sugerido

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él (ella)”

Perspectiva Salesiana

Qué gran regalo es la Eucaristía! Jesús nos ofrece su cuerpo para comer y su sangre para beber. Y nos ordena comer y beber de su carne y de su sangre para que podamos alcanzar la vida eterna.

Al igual que la Sabiduría en la primera lectura de hoy, Jesús nos invita a la cena que ha preparado para nosotros, una cena que nos permite unirnos a la salvación por medio de su muerte y resurrección. En la Cruz la carne de Jesús fue perforada y su sangre derramada por otros, por ustedes y por mi. En la medida en que comemos y bebemos, somos llamados a renunciar a la insensatez para que podamos vivir y avanzar por el camino del entendimiento (Proverbios).

Las palabras de Sabiduría nos recuerdan que esta es una cena sagrada, una cena del convenio. Dios nos ha dado a Jesús para nuestro bien. En Jesús se hacen visibles y tangibles el gran amor y la misericordia de Dios. Cuando comemos del cuerpo de Jesús y bebemos de su sangre estamos expresando nuestra voluntad de ser uno con Jesús en su misión de salvación para el mundo. Estamos anunciando sus buenas nuevas al mundo actual.

Ahora buscamos un mejor entendimiento sobre la manera en que debemos vivir como miembros de la comunidad del convenio. En esta cena nos hacemos uno con Jesús y con la comunidad, uno en el Cuerpo de Cristo. Al término de esta cena sagrada nuestro reto es vivir en la realidad diaria de nuestra unidad.

San Francisco de Sales nos ofrece consejos prácticos sobre cómo hacer esto de forma efectiva. Después de la Comunión consideren que Jesús está sentado en sus corazones y preséntenle cada una de sus facultades y sentidos de forma que puedan recibir sus órdenes y prometerle fidelidad. Este ejercicio se puede convertir en nuestra acción de gracias y nuestro compromiso a vivir lo que hemos celebrado y recibido. Jesús nos ofrecerá una forma para utilizar nuestro intelecto, nuestra memoria, nuestro oído, nuestro tacto y nuestra voz, para que den testimonio de la presencia amorosa de Dios en el mundo de hoy.

San Pablo nos anima hoy a que: pongamos mucha atención a la manera en que vivimos, no como personas insensatas, sino como personas sabias. Nuestra comida y nuestra bebida a la mesa del Señor nos hacen uno. Que la sabiduría con la que vivimos hoy evidencie la unidad que experimentamos en la Eucaristía.

Recuerden: ustedes son lo que comen… ustedes son lo que beben.

DECIMO NOVENO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 12, 2018)

Enfasis Sugerido

“Libérense de toda esa amargura, esa rabia, de las vulgaridades, de las calumnias y las malas intenciones. Mas bien sean generosos, demuestren compasión y perdónense los unos a los otros”.

Perspectiva Salesiana

“En el principio era la Palabra. La palabra estaba con Dios. La palabra era Dios. Por medio de la Palabra Dios creo todas las cosas; sin la Palabra no se hizo nada de lo que se ha hecho”.

Del mismo modo en que Palabra, que es Jesucristo, es la fuente de todo el poder, nuestras palabras también son poderosas. En los mejores momentos nuestras palabras nutren, sanan, y crean. En los peores momentos nuestras palabras asfixian, hieren, y destruyen.

San Pablo era muy consciente de esta realidad. Al igual que San Francisco de Sales.

Nosotros también lo somos.

San Francisco de Sales comenta que un discurso negativo engendra “desdén hacia nuestros vecinos, vanidad, autocomplacencia, y tiene cientos de otros efectos perniciosos entre los cuales se halla la peor de todas las pestes que puede darse en una conversación: la calumnia”. Y continúa: “La calumnia es como un tipo de asesinato… si alguien lograra eliminar la calumnia del mundo, lograría también remover una gran parte de los pecados e injusticias del mismo”.

Usar palabras “dulces, compasivas y que promuevan el perdón mutuo” no solo se trata de ser una buena persona: se trata de hacer justicia. Se trata de otorgarle a cada quien lo que merece; se trata de respetar a los demás; se trata de reconocer la dignidad que Dios nos ha dado. Ultimadamente, se trata de utilizar el poder de esa habilidad que Dios nos ha dado, encarnada en el lenguaje, de forma que ayude a construir – y no a derrumbar- el pueblo de Dios.

La espiritualidad salesiana es conocida por su sentido práctico. ¿Qué puede ser más práctico que utilizar nuestras palabras para fortalecer, animar, y apoyarnos los unos a los otros? ¿Qué puede estar más fácilmente disponible que nuestras propias palabras como obsequio para los demás? Aún cuando nos veamos en la necesidad de cuestionar o de corregir a los demás, debemos hablar de forma que podamos promover la sanación: nuestra lengua, dice San Francisco “debe ser como un bisturí en manos de un cirujano que está cortando entre nervios y tendones”. Santa Juana de Chantal observa: “cuando deban corregir a alguien, háganlo en privado y con amabilidad”.

En el principio era la Palabra. Que nuestras palabras continúen la historia del amor creativo, redentor y vigorizante de Dios. Que la Palabra de Dios sea la última palabra para todos nosotros. Que la Palabra de Dios – la Palabra que da vida- sea todas las palabras que lleguemos a necesitar.

DECIMO OCTAVO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 5, 2018)

Enfasis Sugerido

"Toda la comunidad Israelita se quejó en contra de Moisés y Aron…”

Perspectiva Salesiana

Si hay algo peor que las cosas malas que nos suceden, es invertir nuestro esfuerzo y energía quejándonos de ellas.

Piénsenlo. ¿Quién de nosotros alguna vez realmente ha logrado mejorar su situación o su suerte en esta vida quejándose de lo que le ha tocado? Aún así nos quejamos… y para nuestro propio detrimento.

¿Que los Israelitas pasaron una temporada muy dura en el desierto? Por supuesto que si! Que a pesar de lo mala que fue su vida en Egipto ¿al menos no tenían “tres comidas y un catre”? Si!. Por el contrario en el desierto, ¿disfrutaron de alguna comodidad? Pues aparentemente, aparte de la libertad, no realmente!

Aun así, Dios los había redimido de la esclavitud. Dios les había otorgado líderes cuya tarea era guiar a los Israelitas hacia la tierra prometida, un lugar donde emanaba la leche y la miel. Sin embargo, uno se pregunta ¿de dónde sacaron la idea los Israelitas de que esta caminata, o esta búsqueda, sería sólo viento en popa? No obstante se quejaron… cosa que aun ahora parece algo banal o mezquino.

Ahora analicemos esto en lo que concierne a nosotros mismos. ¿Quién de nosotros no ha sido tentado por el deseo de empezar a quejarnos cuando las cosas no resultan de la forma que nosotros esperamos, cuando nuestro trabajo, nuestro matrimonio, nuestras relaciones resultan ser más difíciles o más exigentes de lo que suponíamos o esperábamos? Y, para ser totalmente honestos, ¿quién de nosotros puede afirmar que el quejarnos constantemente de la suerte que nos ha tocado hace que las cosas mejoren? De hecho las quejas solo hacen nuestra suerte –dolorosamente- más difícil.

Francisco de Sales es muy claro en lo que respecta a las quejas constantes: “Quéjense lo menos posible de las cosas malas que les suceden. Que no quepa la menor duda que una persona que se queja está cometiendo un pecado al hacerlo, dado que el amor propio siempre siente que las heridas son mucho más graves de lo que realmente son”. (Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capítulo 3)

Entonces, ¿esto significa que nunca debemos plantear una duda, un problema o una queja? No, pero debemos ser sensatos en cuanto a las personas a quienes escogemos para comentar nuestras inquietudes. Francisco decía: “no se quejen con personas irascibles o criticonas. Si se presenta un momento justo que amerita que nos quejemos con alguien, ya sea para subsanar una ofensa cometida, o simplemente para restaurar la tranquilidad de nuestro espíritu, debemos hacerlo con alguien que sea equilibrado y que verdaderamente ame a Dios. De lo contrario en vez de calmar sus mentes ellos ocasionarán problemas peores, y en vez de ayudarles a sacar la espina que les está haciendo daño la clavarán aun más profundamente en sus pies”( Ibid).

No cabe duda que Dios escucha el clamor de quienes se quejan. Pero si somos sinceros, ¿Acaso no hay mejores formas de utilizar la palabra…. y mejores cosas en que ocupar nuestras vidas?

DECIMO SEPTIMO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 29, 2018)

Enfasis Sugerido

Pongamos nuestras vidas en manos de Jesús con total confianza

Perspectiva Salesiana

San Francisco de Sales dice en la Introducción a la Vida Devota que hay dos clases de personas que deben estar en comunicación frecuente: aquellos que son fuertes, para que no se vuelvan débiles, y quienes son débiles, para que se hagan fuertes; los enfermos para que su salud sea restaurada, y quienes gocen de salud, para que no caigan en la enfermedad.

San Francisco nos dice que debemos tener confianza en Dios: Dejen en manos de la amada providencia de Dios todo aquello que les resulte doloroso y crean firmemente que El los conducirá con dulzura, que guiará sus vidas y todos sus asuntos: “Cuando nos enfrentemos a una persecución, o a una contradicción que nos amenaza con convertirse en un gran problema, debemos retirarnos, debemos refugiarnos, y nuestros afectos, bajo la Santa Cruz, con la creencia verdadera de que todo tendrá un buen fin para aquellos que aman a Dios”.

Un día una mujer común y corriente decidió adentrarse en una comunidad donde las personas experimentaban un ciclo constante de pobreza y crueldad. Ella observó la difícil situación de todas aquellas personas menos afortunadas que ella y decidió que necesitaba, hacer algo al respecto y personalmente. Entonces tomó todo lo que poseía y decidió rentar un viejo edificio con un piso de tierra. El edificio no era necesariamente agradable a la vista, pero era un comienzo para el trabajo que ella sintió que debía comenzar. Al día siguiente la mujer caminó por todo el vecindario ofreciendo clases para los niños. Utilizó el edificio como su salón de clases. No tenía libros, ni escritorios, tampoco sillas ni mesas. Su tablero era el piso de tierra. Lo alisaba con un viejo trapo viejo y utilizaba una vara para escribir en él. Esta fue la forma en que esta mujer lucho en contra de la pobreza y la crueldad a su alrededor.

A los ojos de un observador casual puede parecer una respuesta patética y minúscula ante tal grado de sufrimiento humano, pero ella depositó su confianza en Dios.

¿Qué ocurrió con la mujer y su iniciativa? Hoy en día existen alrededor de ochenta escuelas completamente equipadas, trescientos dispensarios, setenta clínicas para leprosos, treinta hogares para los moribundos, treinta hogares para los niños abandonados, y cuarenta mil voluntarios alrededor del mundo que continúan la labor que esta singular mujer comenzó.

Esta mujer era la Madre Teresa.

No existe una mejor historia para ilustrar el punto de la primera lectura y de la lectura del Evangelio para hoy. El muchacho le dio todo lo que tenía a Jesús, y Jesús hizo todo lo demás. Pongamos lo poco que tengamos en manos de Jesús con total confianza. El nos aceptará, nos bendecirá y hará que nuestras vidas crezcan muy por encima de nuestras más grandes expectativas. Es de este modo que experimentamos –de primera mano – la importancia de lo insignificante.

DECIMO SEXTO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (julio 22, 2018)

Enfasis Sugerido

“Haz esto en mi memoria.”

Perspectiva Salesiana

Eucaristía – una palabra que literalmente significa acción de gracias – es la celebración central de la comunidad Cristiana. Habla volúmenes de quien es Dios en nuestras vidas. Habla volúmenes de quienes hemos sido llamados a ser en las vidas de los demás.

La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que envió a Jesús para ser nuestro redentor. La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que permitió que el cuerpo de Jesús fuera maltratado y su sangre derramada por nosotros. La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que el Espíritu resucito a Jesús de entre los muertos para que pudiéramos compartir el poder y la promesa de la vida eterna.

La Tercera Oración de la Eucaristía para los Niños lo dice de esta forma: Jesús “nos trajo las buenas nuevas de la vida para ser vivida con él en el cielo por siempre. El nos mostró el camino hacia esa vida acá en la tierra; el camino del amor… El ahora nos reúne a todos ante una mesa y nos pide que hagamos lo mismo que él hizo.”

La Segunda Oración de la Eucaristía para la Reconciliación nos dice que Jesús “ha confiado a nosotros la promesa de su amor.” La Eucaristía celebra la verdad que dice que estamos llamados a hacer mucho más que simplemente recibir el cuerpo y la sangre de Cristo. La Eucaristía celebra la verdad que dice que nosotros somos el cuerpo y la sangre de Cristo para los demás. La Eucaristía celebra la verdad que dice que estamos llamados a dejar que nos maltraten y nos desangren si es necesario para el bien de los demás. Estamos llamados a pasar nuestras vidas en búsqueda de la justicia, la paz, la reconciliación, la sanación, la libertad, la vida y el amor.

Hemos sido llamados a proclamar la muerte del Señor en nuestra disposición para ser pan y vino para los demás. Estamos llamados a proclamar la muerte del Señor – el poder del Señor – la promesa del Señor – en nuestra disposición para ofrecer nuestras vidas, talentos y otros esfuerzos para continuar el trabajo de salvación y redención que Jesús empezó.

Nosotros demostramos nuestra dignidad y destino Eucarístico cuando seguimos el mandamiento de Jesús para “hacer esto en su memoria”: no sólo celebrando la Eucaristía durante el primer día de la semana, sino siendo la Eucaristía para los demás, dando alimento, cuidado y perdón a los demás, cada día de la semana.

Seamos la Eucaristía para los demás. Demos alimento, cuidado y perdón… en Su memoria… en unión con los demás.