DOMINGO VEINTIUNO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 26, 2018)

Enfasis Sugerido

"Ayúdanos en la búsqueda de los valores que nos traerán la dicha duradera en este mundo en constante cambio”.

Perspectiva Salesiana

Estas palabras tomadas del comienzo de la Oración de Apertura de la misa de hoy, contienen un mensaje muy significativo y profundo para todos nosotros. Nuestros mundos cambian, y en ciertos casos constantemente. A veces tendemos a interpretar el “mundo en cambio” como algo que no nos incumbe o que está más allá de nuestro entendimiento. Pero algunas veces el mundo que nos resulta más difícil de entender con todos sus cambios es el mundo interno, ese mundo que está lleno de confusión y vicisitudes que nadie más puede ver – excepto nosotros mismos.

Hoy hemos hablado de decisiones y elecciones. Todos deseamos ser libres. Ciertamente Dios desea que nosotros podamos gozar de esa libertad, dado que ese es el regalo más espectacular y significativo que él nos ha dado. En la primera lectura de hoy Josué habla directamente sobre esa libertad: “Decidan hoy mismo a quien van a servir”. Este mensaje es lo más contemporáneo y directo que podemos llegar a escuchar. “Qué es lo que desean? Decidan!”. La propuesta de Josué no da lugar a indecisiones. Tampoco queda ninguna duda de cuál es su postura: “En lo que se refiere a mi y a mi hogar, nosotros serviremos al Señor”.

Pablo afronta el mismo problema en su carta sobre la vida matrimonial: “Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo”. Esta afirmación inicial es crítica por que sin ella su consejo posterior de ser sumisos puede parecer degradante e incluso horroroso. La “sumisión” a la que el cristiano está llamado siempre se presenta dentro y a causa del amor – el amor de Cristo. Es por ello que servimos a los demás, y que nos ponemos en al menos un segundo plano, si no literalmente en el último. Cristo nos amo ante todo, y nos mostró el camino a la vida. Poner a los demás en primer lugar, especialmente en una relación – o en una familia-, es la única forma de tener vida y de compartir la vida al máximo.

Es también la única forma de hacer del amor algo que verdaderamente de vida.

Esta enseñanza de Dios puede ser “dura” y los primeros seguidores de Cristo así lo sintieron, pero al igual que Pedro en el Evangelio, cuando todo sea dicho y hecho, “A quién acudiremos?” Una y otra vez, las pérdidas y las pruebas de la vida nos afirman que solo El tiene “las palabras de la vida eterna”.

Francisco de Sales nos recuerda que la inestabilidad es inevitable en la vida, y que es nuestro fracaso a la hora de reconocer la verdad lo que nos hace inestables, y lo que hace que nuestro humor sea variable. El nos alienta a permanecer firmes e inquebrantables en nuestras resoluciones. El desafío al que se enfrenta nuestro mundo “interno” y en constante cambio, es el de la constancia. Y esa constancia solo se logra a través de la fidelidad con las decisiones que tomamos diariamente de amar y de servir al Señor, y a los demás – esa misma resolución con la que cerramos cada liturgia.

VEINTEAVO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 19, 2018)

Enfasis Sugerido

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él (ella)”

Perspectiva Salesiana

Qué gran regalo es la Eucaristía! Jesús nos ofrece su cuerpo para comer y su sangre para beber. Y nos ordena comer y beber de su carne y de su sangre para que podamos alcanzar la vida eterna.

Al igual que la Sabiduría en la primera lectura de hoy, Jesús nos invita a la cena que ha preparado para nosotros, una cena que nos permite unirnos a la salvación por medio de su muerte y resurrección. En la Cruz la carne de Jesús fue perforada y su sangre derramada por otros, por ustedes y por mi. En la medida en que comemos y bebemos, somos llamados a renunciar a la insensatez para que podamos vivir y avanzar por el camino del entendimiento (Proverbios).

Las palabras de Sabiduría nos recuerdan que esta es una cena sagrada, una cena del convenio. Dios nos ha dado a Jesús para nuestro bien. En Jesús se hacen visibles y tangibles el gran amor y la misericordia de Dios. Cuando comemos del cuerpo de Jesús y bebemos de su sangre estamos expresando nuestra voluntad de ser uno con Jesús en su misión de salvación para el mundo. Estamos anunciando sus buenas nuevas al mundo actual.

Ahora buscamos un mejor entendimiento sobre la manera en que debemos vivir como miembros de la comunidad del convenio. En esta cena nos hacemos uno con Jesús y con la comunidad, uno en el Cuerpo de Cristo. Al término de esta cena sagrada nuestro reto es vivir en la realidad diaria de nuestra unidad.

San Francisco de Sales nos ofrece consejos prácticos sobre cómo hacer esto de forma efectiva. Después de la Comunión consideren que Jesús está sentado en sus corazones y preséntenle cada una de sus facultades y sentidos de forma que puedan recibir sus órdenes y prometerle fidelidad. Este ejercicio se puede convertir en nuestra acción de gracias y nuestro compromiso a vivir lo que hemos celebrado y recibido. Jesús nos ofrecerá una forma para utilizar nuestro intelecto, nuestra memoria, nuestro oído, nuestro tacto y nuestra voz, para que den testimonio de la presencia amorosa de Dios en el mundo de hoy.

San Pablo nos anima hoy a que: pongamos mucha atención a la manera en que vivimos, no como personas insensatas, sino como personas sabias. Nuestra comida y nuestra bebida a la mesa del Señor nos hacen uno. Que la sabiduría con la que vivimos hoy evidencie la unidad que experimentamos en la Eucaristía.

Recuerden: ustedes son lo que comen… ustedes son lo que beben.

DECIMO NOVENO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 12, 2018)

Enfasis Sugerido

“Libérense de toda esa amargura, esa rabia, de las vulgaridades, de las calumnias y las malas intenciones. Mas bien sean generosos, demuestren compasión y perdónense los unos a los otros”.

Perspectiva Salesiana

“En el principio era la Palabra. La palabra estaba con Dios. La palabra era Dios. Por medio de la Palabra Dios creo todas las cosas; sin la Palabra no se hizo nada de lo que se ha hecho”.

Del mismo modo en que Palabra, que es Jesucristo, es la fuente de todo el poder, nuestras palabras también son poderosas. En los mejores momentos nuestras palabras nutren, sanan, y crean. En los peores momentos nuestras palabras asfixian, hieren, y destruyen.

San Pablo era muy consciente de esta realidad. Al igual que San Francisco de Sales.

Nosotros también lo somos.

San Francisco de Sales comenta que un discurso negativo engendra “desdén hacia nuestros vecinos, vanidad, autocomplacencia, y tiene cientos de otros efectos perniciosos entre los cuales se halla la peor de todas las pestes que puede darse en una conversación: la calumnia”. Y continúa: “La calumnia es como un tipo de asesinato… si alguien lograra eliminar la calumnia del mundo, lograría también remover una gran parte de los pecados e injusticias del mismo”.

Usar palabras “dulces, compasivas y que promuevan el perdón mutuo” no solo se trata de ser una buena persona: se trata de hacer justicia. Se trata de otorgarle a cada quien lo que merece; se trata de respetar a los demás; se trata de reconocer la dignidad que Dios nos ha dado. Ultimadamente, se trata de utilizar el poder de esa habilidad que Dios nos ha dado, encarnada en el lenguaje, de forma que ayude a construir – y no a derrumbar- el pueblo de Dios.

La espiritualidad salesiana es conocida por su sentido práctico. ¿Qué puede ser más práctico que utilizar nuestras palabras para fortalecer, animar, y apoyarnos los unos a los otros? ¿Qué puede estar más fácilmente disponible que nuestras propias palabras como obsequio para los demás? Aún cuando nos veamos en la necesidad de cuestionar o de corregir a los demás, debemos hablar de forma que podamos promover la sanación: nuestra lengua, dice San Francisco “debe ser como un bisturí en manos de un cirujano que está cortando entre nervios y tendones”. Santa Juana de Chantal observa: “cuando deban corregir a alguien, háganlo en privado y con amabilidad”.

En el principio era la Palabra. Que nuestras palabras continúen la historia del amor creativo, redentor y vigorizante de Dios. Que la Palabra de Dios sea la última palabra para todos nosotros. Que la Palabra de Dios – la Palabra que da vida- sea todas las palabras que lleguemos a necesitar.

DECIMO OCTAVO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (agosto 5, 2018)

Enfasis Sugerido

"Toda la comunidad Israelita se quejó en contra de Moisés y Aron…”

Perspectiva Salesiana

Si hay algo peor que las cosas malas que nos suceden, es invertir nuestro esfuerzo y energía quejándonos de ellas.

Piénsenlo. ¿Quién de nosotros alguna vez realmente ha logrado mejorar su situación o su suerte en esta vida quejándose de lo que le ha tocado? Aún así nos quejamos… y para nuestro propio detrimento.

¿Que los Israelitas pasaron una temporada muy dura en el desierto? Por supuesto que si! Que a pesar de lo mala que fue su vida en Egipto ¿al menos no tenían “tres comidas y un catre”? Si!. Por el contrario en el desierto, ¿disfrutaron de alguna comodidad? Pues aparentemente, aparte de la libertad, no realmente!

Aun así, Dios los había redimido de la esclavitud. Dios les había otorgado líderes cuya tarea era guiar a los Israelitas hacia la tierra prometida, un lugar donde emanaba la leche y la miel. Sin embargo, uno se pregunta ¿de dónde sacaron la idea los Israelitas de que esta caminata, o esta búsqueda, sería sólo viento en popa? No obstante se quejaron… cosa que aun ahora parece algo banal o mezquino.

Ahora analicemos esto en lo que concierne a nosotros mismos. ¿Quién de nosotros no ha sido tentado por el deseo de empezar a quejarnos cuando las cosas no resultan de la forma que nosotros esperamos, cuando nuestro trabajo, nuestro matrimonio, nuestras relaciones resultan ser más difíciles o más exigentes de lo que suponíamos o esperábamos? Y, para ser totalmente honestos, ¿quién de nosotros puede afirmar que el quejarnos constantemente de la suerte que nos ha tocado hace que las cosas mejoren? De hecho las quejas solo hacen nuestra suerte –dolorosamente- más difícil.

Francisco de Sales es muy claro en lo que respecta a las quejas constantes: “Quéjense lo menos posible de las cosas malas que les suceden. Que no quepa la menor duda que una persona que se queja está cometiendo un pecado al hacerlo, dado que el amor propio siempre siente que las heridas son mucho más graves de lo que realmente son”. (Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capítulo 3)

Entonces, ¿esto significa que nunca debemos plantear una duda, un problema o una queja? No, pero debemos ser sensatos en cuanto a las personas a quienes escogemos para comentar nuestras inquietudes. Francisco decía: “no se quejen con personas irascibles o criticonas. Si se presenta un momento justo que amerita que nos quejemos con alguien, ya sea para subsanar una ofensa cometida, o simplemente para restaurar la tranquilidad de nuestro espíritu, debemos hacerlo con alguien que sea equilibrado y que verdaderamente ame a Dios. De lo contrario en vez de calmar sus mentes ellos ocasionarán problemas peores, y en vez de ayudarles a sacar la espina que les está haciendo daño la clavarán aun más profundamente en sus pies”( Ibid).

No cabe duda que Dios escucha el clamor de quienes se quejan. Pero si somos sinceros, ¿Acaso no hay mejores formas de utilizar la palabra…. y mejores cosas en que ocupar nuestras vidas?

DECIMO SEPTIMO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 29, 2018)

Enfasis Sugerido

Pongamos nuestras vidas en manos de Jesús con total confianza

Perspectiva Salesiana

San Francisco de Sales dice en la Introducción a la Vida Devota que hay dos clases de personas que deben estar en comunicación frecuente: aquellos que son fuertes, para que no se vuelvan débiles, y quienes son débiles, para que se hagan fuertes; los enfermos para que su salud sea restaurada, y quienes gocen de salud, para que no caigan en la enfermedad.

San Francisco nos dice que debemos tener confianza en Dios: Dejen en manos de la amada providencia de Dios todo aquello que les resulte doloroso y crean firmemente que El los conducirá con dulzura, que guiará sus vidas y todos sus asuntos: “Cuando nos enfrentemos a una persecución, o a una contradicción que nos amenaza con convertirse en un gran problema, debemos retirarnos, debemos refugiarnos, y nuestros afectos, bajo la Santa Cruz, con la creencia verdadera de que todo tendrá un buen fin para aquellos que aman a Dios”.

Un día una mujer común y corriente decidió adentrarse en una comunidad donde las personas experimentaban un ciclo constante de pobreza y crueldad. Ella observó la difícil situación de todas aquellas personas menos afortunadas que ella y decidió que necesitaba, hacer algo al respecto y personalmente. Entonces tomó todo lo que poseía y decidió rentar un viejo edificio con un piso de tierra. El edificio no era necesariamente agradable a la vista, pero era un comienzo para el trabajo que ella sintió que debía comenzar. Al día siguiente la mujer caminó por todo el vecindario ofreciendo clases para los niños. Utilizó el edificio como su salón de clases. No tenía libros, ni escritorios, tampoco sillas ni mesas. Su tablero era el piso de tierra. Lo alisaba con un viejo trapo viejo y utilizaba una vara para escribir en él. Esta fue la forma en que esta mujer lucho en contra de la pobreza y la crueldad a su alrededor.

A los ojos de un observador casual puede parecer una respuesta patética y minúscula ante tal grado de sufrimiento humano, pero ella depositó su confianza en Dios.

¿Qué ocurrió con la mujer y su iniciativa? Hoy en día existen alrededor de ochenta escuelas completamente equipadas, trescientos dispensarios, setenta clínicas para leprosos, treinta hogares para los moribundos, treinta hogares para los niños abandonados, y cuarenta mil voluntarios alrededor del mundo que continúan la labor que esta singular mujer comenzó.

Esta mujer era la Madre Teresa.

No existe una mejor historia para ilustrar el punto de la primera lectura y de la lectura del Evangelio para hoy. El muchacho le dio todo lo que tenía a Jesús, y Jesús hizo todo lo demás. Pongamos lo poco que tengamos en manos de Jesús con total confianza. El nos aceptará, nos bendecirá y hará que nuestras vidas crezcan muy por encima de nuestras más grandes expectativas. Es de este modo que experimentamos –de primera mano – la importancia de lo insignificante.

DECIMO SEXTO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (julio 22, 2018)

Enfasis Sugerido

“Haz esto en mi memoria.”

Perspectiva Salesiana

Eucaristía – una palabra que literalmente significa acción de gracias – es la celebración central de la comunidad Cristiana. Habla volúmenes de quien es Dios en nuestras vidas. Habla volúmenes de quienes hemos sido llamados a ser en las vidas de los demás.

La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que envió a Jesús para ser nuestro redentor. La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que permitió que el cuerpo de Jesús fuera maltratado y su sangre derramada por nosotros. La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que el Espíritu resucito a Jesús de entre los muertos para que pudiéramos compartir el poder y la promesa de la vida eterna.

La Tercera Oración de la Eucaristía para los Niños lo dice de esta forma: Jesús “nos trajo las buenas nuevas de la vida para ser vivida con él en el cielo por siempre. El nos mostró el camino hacia esa vida acá en la tierra; el camino del amor… El ahora nos reúne a todos ante una mesa y nos pide que hagamos lo mismo que él hizo.”

La Segunda Oración de la Eucaristía para la Reconciliación nos dice que Jesús “ha confiado a nosotros la promesa de su amor.” La Eucaristía celebra la verdad que dice que estamos llamados a hacer mucho más que simplemente recibir el cuerpo y la sangre de Cristo. La Eucaristía celebra la verdad que dice que nosotros somos el cuerpo y la sangre de Cristo para los demás. La Eucaristía celebra la verdad que dice que estamos llamados a dejar que nos maltraten y nos desangren si es necesario para el bien de los demás. Estamos llamados a pasar nuestras vidas en búsqueda de la justicia, la paz, la reconciliación, la sanación, la libertad, la vida y el amor.

Hemos sido llamados a proclamar la muerte del Señor en nuestra disposición para ser pan y vino para los demás. Estamos llamados a proclamar la muerte del Señor – el poder del Señor – la promesa del Señor – en nuestra disposición para ofrecer nuestras vidas, talentos y otros esfuerzos para continuar el trabajo de salvación y redención que Jesús empezó.

Nosotros demostramos nuestra dignidad y destino Eucarístico cuando seguimos el mandamiento de Jesús para “hacer esto en su memoria”: no sólo celebrando la Eucaristía durante el primer día de la semana, sino siendo la Eucaristía para los demás, dando alimento, cuidado y perdón a los demás, cada día de la semana.

Seamos la Eucaristía para los demás. Demos alimento, cuidado y perdón… en Su memoria… en unión con los demás.

DECIMO QUINTO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (julio 15, 2018)

Enfasis Sugerido

"El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: 'Ve y profetiza a mi pueblo, Israel”

"En El nosotros también fuimos escogidos, destinados de acuerdo con el propósito de Aquel quien todo lo puede, de acuerdo con su voluntad, para que podamos existir para alabar su gloria, esperanzados en Cristo".

Perspectiva Salesiana

San Francisco de Sales viajo una vez a Bellevaux con un joven sacerdote, donde revivió sus primeros días como un misionario en el Chablais. Los residentes del lugar eran demasiado tímidos y cautelosos. Francisco y el sacerdote no podían encontrar hospedaje, ni vino, ni asientos para sentarse, tuvieron que comer un pan viejo por el que pagaron demasiado – poco queso, poca agua, no tuvieron más mesa que el suelo- no tenían mantel más que sus propias capas.

Francisco dijo: "He aquí la verdadera vida apostólica, la vida donde podemos imitar de alguna forma la pobreza de Jesucristo y sus Apóstoles. Yo estoy acostumbrado a esto por que por dos años experimenté la misma crueldad por parte de los residentes de varias villas”.

Aún a pesar de estos obstáculos, o a causa de ellos, Francisco amaba a las personas a quienes servía como pastor. El les daba una bienvenida fraternal a todos y los guiaba por el camino de la generosidad apostólica que él mismo practicaba. El practicaba la filosofía de que: “Mejor es ser humilde con los pobres que compartir botín con los soberbios”. (Proverbios 16: 19) El sabia que el espíritu apostólico: "Esta siempre cerca de quienes tienen el corazón herido; él alivia el espíritu abatido". (Proverbios 33:19)

Francisco escuchó la voz de Dios, y añadió su voz a la del Señor. Su agudo intelecto y su educación lo prepararon para discutir, aún así él era capaz de hacer a un lado el odio. Francisco tenia un deseo inmenso de debatir con los ministros protestantes, pero muy pocos se medía a ese reto. Algunos de ellos en la audiencia tomaban notas en secreto basadas en sus sermones, los copiaban, y los distribuían por toda Génova. Al principio la respuesta fue mínima, pero después originaron muchas y muy fenomenales conversaciones.

Uno puede hacer mucho con su propio estilo de predicación, de enseñanza y de trabajo. Permitir que el Espíritu de Dios obre en nosotros y en los demás es una gran regalo, y no debemos permitir que las decepciones, las penas, ni nuestra forma de querer hacer las cosas, nos desanimen. Muchos y muy grandes personajes han existido antes que nosotros y nos han mostrado el camino a seguir.

Francisco de Sales demostró el poder de la virtud de la esperanza, la esperanza que eventualmente da un gran fruto gracias a la perspicacia, el vigor, y la determinación de un santo que no permitió nunca que la frustración ni el dolor le impidieran predicar la palabra del Señor. Pidamos para que podamos ser valientes, perspicaces y para que su ejemplo nos sirva de inspiración y nos de animo – cuando sea necesario.

DECIMO CUARTO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (julio 8, 2018)

Enfasis Sugerido

“Un profeta no queda sin ser honrado, excepto en su propia tierra, entre sus parientes y en su propio hogar.”

Perspectiva Salesiana

El relato en el Evangelio de hoy es uno de los tantos episodios en que Jesús experimentó lo que es el rechazo: Las personas se “molestaban” por su dedicación y su devoción a hacer la Voluntad de Dios en su propia vida. Este rechazo y esta resistencia eran tan fuertes en su tierra natal que “no le era posible demostrar su poder” allí.

La tentación a la que Jesús se enfrentaba en ese entonces – y que es una tentación a la que todos nos enfrentamos – es que a la hora de afrontar el rechazo nos preocupemos más por ser aceptados por los demás que por mantenernos firmes en nuestras convicciones. Somos tentados a diluir la verdad, a bajarnos de nivel, a evitar cualquier cosa que pueda “echarle más leña al fuego”. Muchas veces somos tentados a hacer amigos a cualquier costo, pero en ese proceso nos perdemos a nosotros mismos.

San Francisco de Sales, el santo caballero, fue un hombre quien siempre hizo su mejor esfuerzo para hablar y por vivir la verdad del Evangelio de forma humilde, gentil y amigable. Aun así, con todo su poder de persuasión, él también experimentó el rechazo. En su Introducción a la Vida Devota escribe: “tan pronto como la gente se da cuenta que deseas llevar una vida devota te lanzan mil dardos de burla y crítica. Los más difamadores calumniarán tu devoción diciendo que es hipocresía e intolerancia y tan solo una artimaña. Tus amigos objetarán de mil formas las cuales consideran prudentes y caritativas: te advertirán que te vas a deprimir, que perderás tu reputación ante el mundo, que te volverás insoportable, que envejecerás antes de tiempo, y que tendrás problemas en casa. Ellos te dirán que tu puedes salvar tu alma sin necesidad de ir a tales extremos”. (Parte IV, Capítulo 1)

Ouch! Pareciera (al menos de acuerdo con ciertos estándares) que las Buenas Nuevas no siempre son tan buenas - o al menos no tan fáciles para aquellas personas que tratan de vivirlas!

Lo mejor que podemos hacer es buscar esas pequeñas semillas de verdad que se pueden hallar en medio de la crítica y el rechazo. ¿Somos arrogantes? ¿Somos estridentes? ¿Somos demasiado prepotentes o tercos? ¿Es realmente la Voluntad de Dios la que promovemos, o es nuestra voluntad? Aun así, si nuestra conciencia está limpia, ¿cómo debemos lidiar con el rechazo?

Francisco de Sales nos aconseja lo siguiente: “Sean firmes en sus propósitos e inquebrantables en sus resoluciones. Su perseverancia probará si ustedes se están sacrificando sinceramente por Dios y si están dedicados a vivir una vida devota”. Y concluye: “Puede que para el mundo seamos unos tontos” pero de la misma forma en que le sucedió a Jesús, nosotros tenemos que tener en cuenta que el rechazo es un precio que en ocasiones debemos estar dispuestos a pagar – por más doloroso que sea.

DECIMO TERCER DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (julio 1, 2018)

Enfasis Sugerido

"Dios no creo la muerte, Dios no se regocija con la destrucción de los vivos”

"De la misma forma en que ustedes son ricos en todo sentido, ojala reciban aún mas abundancia por medio de sus obras de caridad".

Perspectiva Salesiana

La muerte es parte inevitable de la vida. Aun así, lo cierto es que mucho antes de que cada uno de nosotros demos nuestro último respiro, habremos experimentado una cantidad de pequeñas muertes a lo largo de nuestras vidas: cuando experimentamos una pérdida, decepciones, ocasiones en que nos damos por vencidos, o momentos en que nos vemos obligados a dejar algo.

Francisco de Sales le ofrece este consejo a todas las personas quienes, al celebrar el regalo de la vida que Dios nos ha dado, también aceptan la realidad de la muerte: "Vale la perna realmente entender que esta vida nos ha sido otorgada solamente como un medio para obtener la vida eterna! Si no somos conscientes de esto enfocaremos nuestros afectos en las cosas de este mundo transitorio y cuando llega el momento de dejarlo nos sentiremos consternados y llenos de miedo. Créanme, que si queremos vivir felizmente durante este peregrinaje debemos mantener fija en nuestra mente la esperanza de arribar a nuestra tierra natal donde permaneceremos por toda la eternidad". (Cartas Selectas por Elizabeth Stopp, p. 261)

La vida esta llena de personas, relaciones, dones, bendiciones, retos y esfuerzos que realzan y nutren el espíritu humano! ¿Cómo podemos llegar a disfrutarlos verdadera, plena y completamente sin apegarnos a ellos?

Siendo generosos!

No hay que observar más allá ya que el ejemplo no lo da Jesús mismo. Jesús, el Hijo de Dios, aquel en quien, a través de quien y por quien todas las cosas existen “se hizo pobre para que nosotros pudiésemos ser ricos” (2 Cor 8). Jesús no se apego a todo lo que era bueno y bendito acá en la tierra para consumirlo o para satisfacerse a si mismo: su satisfacción la hallaba el acto generoso de compartir todo lo que era y todo lo que poseía con los demás. Jesús conquistó el pecado y la muerte precisamente por que tenía un compromiso de seguir siempre el camino de la generosidad durante el transcurso de su vida.

Cuando nos enfrentamos a las limitaciones, cuando nos enfrentamos a los obstáculos, cuando nos enfrentamos al pecado, cuando sentimos que queremos darnos por vencidos, es entonces que somos tentados a apegarnos exclusivamente a todo lo bueno que Dios nos ha dado. Pero Jesús nos muestra otro camino; en la medida en que tengamos la voluntad para responder a las experiencias de pérdida con generosidad, compartiendo quienes somos con los demás, estaremos destinados a triunfar sobre la muerte y a entender lo realmente significa vivir.

Si hay algo que verdaderamente debemos poseer, y que jamás debemos perder en esta vida, debe ser nuestro compromiso con las buenas obras, para hacer real y tangible la riqueza del amor de Dios en nosotros, y para compartir generosamente el amor de Dios y las buenas obras con los demás.

El Nacimiento de Juan Bautista (Junio 24, 2018)

“Yo te hago una luz para las naciones para que mi salvación pueda llegar a los confines de la tierra.”

Perspectiva Salesiana

Francisco de Sales escribió: “Muchas veces me he preguntado quien fue el mas mortificado de todos los santos que conozco, y después de mucha reflexión he llegado a la conclusión que fue San Juan Bautista. El fue al desierto cuando tenía cinco años y él sabia que nuestro Salvador había llegado a la tierra y que estaba en un lugar muy cercano, quizás solo a uno o dos días de camino. Como su corazón, que fue tocado por el amor de su Salvados desde que estaba en el vientre de su madre, debe haber anhelado el poder disfrutar la presencia de Cristo. Aun así, él pasa veinticinco años en el desierto sin ir a ver a nuestro Señor si quiera una vez; y al dejar el desierto el catequiza sin ir a visitarlo, sino que espera hasta que Nuestro Señor viene a buscarlo. Entonces, después de haber bautizado a Jesús, él no lo sigue sino que se queda donde esta para continuar haciendo la labor que le ha sido encargada. Cuán mortificado estaba el espíritu de Juan! Estando tan cerca de su Salvador y no poder disfrutar de su presencia! Acaso no es este un espíritu totalmente desprendido, desprendido incluso de Dios mismo con objeto de poder hacer la voluntad de Dios y para servir a Dios, se podría decir que lo que el hizo fue dejar a Dios para servir a Dios, en vez de aferrarse a Dios para poder amarlo mejor. El ejemplo de este gran santo me abruma con su grandeza.” (Stopp, Cartas Selectas, Pagina 74)

“Verdaderamente cuan mortificada era el espíritu de Juan Bautista.” Qué quiere decir Francisco de Sales con estas palabras? El Diccionario de la Herencia Americana define mortificar como “disciplinar a través de negarse algo uno mismo o de infligir privación en uno mismo.” Juan verdaderamente se disciplinó a si mismo: él se negó muchas cosas para poder ser fiel a su entendimiento de quien Dios quería que el fuera: una luz para las naciones, una luz que resaltara la venida de Jesús.

Piénsenlo: Juan pasa veinticinco años en el desierto preparándose para anunciar la llegada de Cristo. A pesar de haber crecido en la misma área, Juan se encuentra con Jesús solo una vez – cuando lo bautizo en el Río Jordán – y luego él se quedo allí mientras que Jesús reclutaba a otros para ser sus apóstoles y sus discípulos! Juan nunca ve a su primo de nuevo antes de morir en prisión a manos de los ejecutadotes del Rey Herodes.

Juan fue fiel al rol que Dios quiso que el tuviera en el plan de salvación: Juan desempeñó ese rol supremamente bien. Escucha lo que Jesús mismo dijo: “yo te digo la verdad: entre todos aquellos nacidos de una mujer, nunca ha habido ninguno mas grande que Juan Bautista.” (Mateo 11: 11) “Aun así,” Jesús continua, “quienquiera que sea menos en el reino del cielo es mas grandioso que él.” Juan nos muestra que ser fieles a la voluntad de Dios muchas veces requiere que nos privemos del deseo de “tenerlo todo” y de dedicarnos a discernir – y a acoger- nuestros roles únicos en el plan de salvación de Dios.

De formas que son únicas para nuestro estado de vida, Dios nos llama a nosotros también para que seamos, “una luz para todas las naciones.” Estamos preparados para practicar la disciplina que ser esa luz requiere?

DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (17 de junio de 2018)

¿Con qué comparar el reino de Dios, o qué parábola podemos utilizar para describirlo? Es como una semilla de mostaza…”

Las lecturas de hoy nos ayudan a mantener las cosas en perspectiva. Que no quepa la menor duda: todos hemos sido llamados a seguir los pasos de Jesucristo. Pese a que todos tenemos una responsabilidad muy importante –promover el reino de Dios– la manera más eficaz de responder a este llamado es prestar atención a los detalles; es decir, hacer todas las cosas, incluso las que parecieran menos trascendentales, con un gran amor.

En su Introducción a la Vida Devota, Francisco de Sales nos exhorta a hacer lo siguiente:

“Consagren sus manos a las labores arduas: aprendan a orar y a meditar, reciban los sacramentos, guíen a otras almas para que amen a Dios, inculquen las buenas inspiraciones en los corazones de los demás; en resumen, realicen grandes obras conforme a su vocación. Sin embargo, jamás se olviden de… esas pequeñas y humildes virtudes que crecen como flores al pie de la cruz: ayudar a los pobres, visitar a los enfermos, cuidar de sus familias, con todas las responsabilidades que éstas implican y con la diligencia que les urge a no permanecer de brazos cruzados”.

“Rara vez se nos presentan oportunidades importantes para servir a Dios. Sin embargo, frecuentemente se presentan oportunidades que a simple vista parecen menos relevantes... ustedes se beneficiarán más a los ojos de Dios si aprovechan esas pequeñas oportunidades porque Dios desea que lo hagan". (III, 35, pp. 214 - 215)

Dios ha puesto a nuestra disposición un sinnúmero de métodos para que logremos nuestra salvación. Gracias a una maravillosa infusión de la gracia de Dios en nuestras mentes, corazones, actitudes y acciones, el Espíritu hace que nuestras obras se conviertan en obras de Dios. Nuestras buenas labores –como plantar pequeñas semillas de mostaza aquí o esparcir pequeñas semillas allá– cuentan con el vigor y la virtud suficiente para hacer un gran bien porque proceden del Espíritu de Jesús.

A la final, las pequeñas cosas que hacemos son realmente significativas a los ojos de Dios. De hecho, ¡lo son todo!

Décimo Domingo del Tiempo Ordinario (10 de junio de 2018)

En su Introducción a la Vida Devota, Francisco de Sales no compara la felicidad con el egocentrismo, el ensimismamiento o la obsesión con nosotros mismos. Sin embargo, Francisco compara la felicidad con lo que él llama el autodominio. El Santo Caballero escribe:

“La mayor felicidad del hombre es ser dueño de su propia alma, y entre más perfecta sea nuestra paciencia más completamente poseeremos nuestras almas".

¡Qué felicidad es conocernos y aceptarnos a nosotros mismos por quienes somos a los ojos de Dios! ¡Qué dicha es sentirnos cómodos –sin ser autocomplacientes– en nuestra propia piel! ¡Qué dicha es, en esencia, sentirse en casa –estar en paz– con la persona que Dios nos hizo! En realidad, es lo mejor después del Paraíso.

Lo trágico es que, la capacidad de sentirnos como en casa con nosotros mismos fue la primera –y la más fundamental– víctima de la Caída. Tan pronto Adán y Eva comieron del fruto del árbol del conocimiento, su estado natural –su desnudez, su transparencia– se convirtió en reprobación. Se sentían incómodos –estaban avergonzados– de quienes eran. Literalmente, ya no se sentían cómodos en su propia piel. Manchados de repente por su auto-aislamiento y el odio hacia sí mismos, perdieron el Paraíso... y la vida se convirtió en una carga.

Como bien sabemos, mucha de la miseria, el pecado y la tristeza que azotan a la familia humana hasta nuestros días procede ya sea de (1) nuestra incapacidad de ser quienes realmente somos o (2) nuestros intentos inútiles por ser quienes no somos.

En su Tratado Sobre el Amor de Dios, Francisco de Sales dijo:

"Dios se ha manifestado ante nosotros de tantas maneras y a través de tantos medios que Él desea que todos seamos salvados y que nadie desconozca este hecho. Para este propósito, a través de la Creación Dios nos hizo "a su imagen y semejanza”; mientras que mediante la Encarnación Dios se hizo a sí mismo a nuestra imagen y semejanza".

La gracia redentora de la Encarnación nos permite experimentar nuevamente la felicidad que produce el poseer nuestras propias almas. El poder restaurador de la Encarnación hace que podamos experimentar otra vez la dicha de sentirnos básicamente de nuevo cómodos con quienes somos a los ojos de Dios. Heridos como estamos por el pecado, nuestra práctica de la devoción –nuestra cruzada para poseer nuestras almas– ya no es tan fácil como lo fuera originalmente en el Paraíso. Requiere una práctica perpetua; exige una enorme paciencia.

Aun así, Dios no solo nos promete la dicha y la paz fruto de esta auto-aceptación celestial; Él también nos muestra cómo lograrla en esta tierra y en la persona de su Hijo.

Jesús encarna el poder del autodominio. Jesús exhibe la alegría de quien se acepta a sí mismo. Jesús irradia la paz de la autodeterminación. ¿Quién mejor que Jesús para mostrarnos lo que es sentirnos cómodos en nuestra propia piel? ¿Quién mejor que Jesús para demostrar lo que es invitar –y empoderar– a otros para que hagan lo mismo?

Al igual que hiciera con nuestros primeros padres, el Malvado nos golpea donde duele. Algunas veces Satanás nos tienta para que creamos que no nos es posible ser felices siendo nosotros mismos. Otras veces, Satanás nos tienta para que creamos que seríamos más felices si fuéramos alguien más –quizás cualquier otra persona– diferente de quienes somos. En lugares muy profundos y oscuros dentro de nuestras mentes y corazones, cada uno de nosotros es tentado a hacerse esta pregunta:

Siendo un pecador, como lo soy, débil, como lo soy, herido, como lo estoy, e imperfecto, como lo soy, ¿por qué debería creer que Dios quiere que me sienta cómodo –en casa– en mi propia piel?

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (junio 3, 2015)

Enfasis Sugerido

“Haz esto en mi memoria.”

Perspectiva Salesiana

Eucaristía – una palabra que literalmente significa acción de gracias – es la celebración central de la comunidad Cristiana. Habla volúmenes de quien es Dios en nuestras vidas. Habla volúmenes de quienes hemos sido llamados a ser en las vidas de los demás.

La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que envió a Jesús para ser nuestro redentor. La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que permitió que el cuerpo de Jesús fuera maltratado y su sangre derramada por nosotros. La Eucaristía celebra la verdad que dice que Dios nos ama tanto que el Espíritu resucito a Jesús de entre los muertos para que pudiéramos compartir el poder y la promesa de la vida eterna.

La Tercera Oración de la Eucaristía para los Niños lo dice de esta forma: Jesús “nos trajo las buenas nuevas de la vida para ser vivida con él en el cielo por siempre. El nos mostró el camino hacia esa vida acá en la tierra; el camino del amor… El ahora nos reúne a todos ante una mesa y nos pide que hagamos lo mismo que él hizo.”

La Segunda Oración de la Eucaristía para la Reconciliación nos dice que Jesús “ha confiado a nosotros la promesa de su amor.” La Eucaristía celebra la verdad que dice que estamos llamados a hacer mucho más que simplemente recibir el cuerpo y la sangre de Cristo. La Eucaristía celebra la verdad que dice que nosotros somos el cuerpo y la sangre de Cristo para los demás. La Eucaristía celebra la verdad que dice que estamos llamados a dejar que nos maltraten y nos desangren si es necesario para el bien de los demás. Estamos llamados a pasar nuestras vidas en búsqueda de la justicia, la paz, la reconciliación, la sanación, la libertad, la vida y el amor.

Hemos sido llamados a proclamar la muerte del Señor en nuestra disposición para ser pan y vino para los demás. Estamos llamados a proclamar la muerte del Señor – el poder del Señor – la promesa del Señor – en nuestra disposición para ofrecer nuestras vidas, talentos y otros esfuerzos para continuar el trabajo de salvación y redención que Jesús empezó.

Nosotros demostramos nuestra dignidad y destino Eucarístico cuando seguimos el mandamiento de Jesús para “hacer esto en su memoria”: no sólo celebrando la Eucaristía durante el primer día de la semana, sino siendo la Eucaristía para los demás, dando alimento, cuidado y perdón a los demás, cada día de la semana.

Seamos la Eucaristía para los demás. Demos alimento, cuidado y perdón… en Su memoria… en unión con los demás.

LA SANTISIMA TRINIDAD (mayo 27, 2018)

Enfasis Sugerido

“Que la gracia y la paz de Nuestro Señor, Jesucristo, el amor de Dios y la unión del Espíritu Santo esté siempre contigo.”

Perspectiva Salesiana

Dios es revelado a nosotros como un Padre creador y amoroso, un Hijo que nos redime y nos cuida, y un Espíritu que nos reta y nos inspira. Es en la imagen y semejanza de la Trinidad que nosotros hemos sido creados; es en la imagen y la semejanza de la Trinidad que hemos sido llamados a vivir con los demás en esta tierra; es en la imagen y semejanza de la Trinidad que nosotros estamos destinados a la gloria del cielo.

La trinidad habla de la plenitud creativa, la Trinidad habla de la abundancia sanadora; la Trinidad habla de la generosidad inspiradora.

El Espíritu Santo, la Sabiduría de Dios, es la fuente de los regalos que necesitamos para experimentar y para personificar a este Dios Trino en nuestra vida diaria. San Francisco de Sales escribió en su Tratado del Amor de Dios: “Necesitamos mantener la calma para contener las inclinaciones rebeldes de la sensualidad; justicia, para hacer lo que es correcto en relación con Dios, nuestros vecinos y nosotros mismos; fortaleza, para que podamos mantenernos fieles a hacer lo que está bien y evitar el mal; prudencia, para descubrir la manera apropiada para hacer lo que está bien, y practicar la virtud; conocimiento, para conocer el bien verdadero al que debemos aspirar, así como también el mal verdadero que debemos refutar; entendimiento, para penetrar las bases más importantes de la belleza y la excelencia de la virtud, y; a la final, sabiduría, para contemplar la naturaleza divina, la fuente única de todo lo que es bueno.” (Tratado del Amor de Dios, Libro 11, Capitulo 15)

Suena familiar? Debería: nosotros conocemos esto como los “siete regalos” del Espíritu Santo.

El amor que viene de este Dios Trino, ese amor que es parte y base de quienes somos, contiene todos estos regalos. Francisco de Sales describió este amor como “un lirio espléndido que tiene seis pétalos más blancos que la nieve. En el centro están los pequeños martillos dorados de la sabiduría que brindan a nuestro corazón el sabor amoroso, el sabor de la bondad del Padre, nuestro Creador, la compasión del Hijo, nuestro Redentor, y la dulzura del Espíritu Santo, nuestro Santificador.” (Ibíd.)

Aún cuando la Trinidad sea misteriosa, dos cosas quedan claras: (1) nosotros estamos llamados a personificar la plenitud creativa de Dios, la abundancia sanadora de Dios, y la generosidad inspiradora de Dios, y: (2) hemos sido otorgados los regalos para hacer de este llamado una realidad.

Dios, ayúdanos a reflejar tu imagen clara – y convincentemente – en nuestra mente, nuestros corazones, actitudes y acciones. Danos la gracia para ser tu dicha día con día en la vida de los demás.

PENTECOSTES (mayo 20, 2018)

Enfasis Sugerido

“Cada uno de nosotros los escucha hablar en nuestra propia lengua acerca de las maravillas que Dios ha logrado.”

Perspectiva Salesiana

Sin importar el hecho de que ellos hablaban a diferentes personas con diferentes lenguajes y diferentes culturas, los apóstoles eran entendidos por todas las personas que los escuchaban cuando proclamaban las maravillas que Dios había logrado.

Cómo era esto posible?

Encendidos por el amor del Espíritu Santo, los apóstoles podían hablar el lenguaje del corazón. Ellos estaban hablando con entusiasmo. Ellos estaban hablando con gratitud. Ellos estaban alabando y dando gracias. Ellos estaban hablando desde el fondo de su ser. Ellos estaban hablando desde su alma.

En resumen, ellos estaban hablando el lenguaje universal – el lenguaje del corazón.

Nosotros somos muy humanos – somos muy divinos – cuando hablamos el lenguaje del corazón, cuando hablamos el lenguaje del amor, cuando hablamos y escuchamos con el alma, cuando estamos basados en la Palabra-Hecha-Carne.

Como sabemos muy bien, por experiencia propia, la comunicació es más que el encuentro de los ojos… o de la lengua o el oído. Comunicarse es algo más fácil de decir que de hacer. Frecuentemente malinterpretamos. Frecuentemente presumimos que sabemos lo que otras personas están pensando o sintiendo. Frecuentemente usamos las mismas palabras aún cuando tienen diferentes significados. Frecuentemente tenemos formas distintas de decir la misma cosa. Frecuentemente oímos, pero frecuentemente fracasamos al escuchar. Siempre estamos hablando, pero hablar no es lo mismo que comunicarse…. O hablar de corazón a corazón.

San Francisco de Sales nos dice que el Espíritu Santo viene a encender los corazones de los creyentes. Cuando hablamos y escuchamos con el corazón encendido de alegría, verdad y gratitud, el conflicto encuentra un camino hacia el entendimiento, la confusión halla la claridad, el distanciamiento encuentra el camino hacia la intimidad, el dolor encuentra la forma de sanar, la frustración encuentra el perdón, la violencia encuentra la paz, el pecado encuentra la salvación.

Francisco de Sales nos ofrece este consejo: “Habla siempre de Dios como Dios, esto significa, con reverencia y devoción, no con ostentación o amaneramientos, sino con un espíritu caritativo, dócil, y humilde. Deja que la miel de la devoción, y de esas cosas divinas que son imperceptibles al oído de una y otra persona, fluyan cuanto más puedan. Ora en tu alma para complacer a Dios, y que él haga que este rocío bendito penetre en los corazones de aquellos que te escuchen. Es maravilloso como una propuesta dulce y amigable atrae los corazones de los oyentes.”

Cómo necesitamos hablar, escuchar, o practicar el lenguaje del amor hoy?

SEPTIMO DOMINGO DE PASCUA (mayo 13, 2018)

Enfasis Sugerido

“Yo me consagro por su bienestar ahora, que ellos serán consagrados en la verdad.”

Perspectiva Salesiana

En las últimás seis semanas hemos observado el gran Domingo de Pascua, que dura cincuenta días, culminando en la fiesta de Pentecostés, la llegada del Espíritu Santo a los apóstoles, a nuestra Madre Bendita y a nosotros.

Cristo ora a su Padre en la narrativa del Evangelio de este Séptimo Domingo de Pascua (Juan 17: 16-19) con la esperanza y el deseo de que continuemos siendo uno. El ora para que Dios nos proteja y nos guarde del mal: “Conságralos… yo me consagro por su bien ahora, para que ellos puedan ser consagrados en la verdad.”

En su Tratado del Amor de Dios, Francisco de Sales observa que: “La verdad es el objeto de nuestro intelecto, y consecuentemente, el intelecto encuentra su satisfacción en descubrir y saber la verdad de las cosas. En proporción, a medida que las verdades son más excelentes, el intelecto se aplica con más deleite y atención a su consideración.” (Libro III, Capitulo 9)

El continúa: “Cuando nuestra mente se alza por encima de la luz natural de la razón y empieza a ver la verdad sagrada de la fe, o Dios, que dicha disfruta… Si las verdades divinas son tan dulces aún cuando son propuestas en la oscuridad de la fe, O Dios, como serán esas verdades cuando nosotros las contemplemos a la luz del mediodía de la gloria! (Ibíd)

Francisco concluye: “Ah, que hermoso y dulce para nosotros son las verdades que la fe revela cuando escuchamos.”

Ciertamente hemos escuchado la verdad: La verdad envuelta en las Buenas Nuevas de Jesús Cristo, la “Palabra Hecha Carne” quien no solo habla la verdad, sino que ultimadamente es la Verdad. Tan hermosa y dulce como es para nosotros la verdad que escuchamos de Jesús, esta verdad es aún más gloriosa en nuestra vida cuando la ponemos en práctica!

Jesús ora en el Evangelio de hoy para que sus discípulos puedan ver más allá de las ilusiones del mundo. Armándose de la verdad que es la Palabra de Dios, ellos serán más listos que el malvado quien quiere separarlos de la protección del padre y de los demás. Como discípulos y seguidores modernos de Jesús, nuestra principal responsabilidad como Cristianos es nombrar y acoger la verdad del amor de Dios para nosotros hoy. La verdad es que nosotros no debemos solamente oír esta verdad, sino que debemos también vivirla en nuestras relaciones con los demás: debemos ver más aya de este mundo pasajero y permanecer fieles al plan eterno de Dios, y a las normás eternas de Dios, de una forma que nos mantenga unidos en vez de separarnos.

ASUCION DEL SENIOR (mayo 10, 2015 o mayo 13, 2018)

Enfasis Sugerido

“Vayan, hagan discípulos en todas las naciones.”

Perspectiva Salesiana

Hablando del misterio de la Asunción de Nuestro Señor, Francisco de Sales escribió: “Nosotros traicionamos nuestra vida humana para poder vivir una vida que está por encima de nosotros. Escondemos esta nueva vida en Dios con Jesús Cristo quien es el único que puede verla, la conoce y la otorga. Nuestra nueva vida es el amor celestial, que aviva y anima nuestra alma y este amor está completamente escondido en Dios y en las cosas de Dios con Jesús Cristo. Como las palabras sagradas del Evangelio dicen, después que Jesús se había mostrado por un tiempo ante sus discípulos, el ascendió al cielo, y una nube lo rodeó, lo tomó y lo escondió de sus ojos. Jesús Cristo entonces, está oculto en el cielo, en Dios. Jesús Cristo es nuestro amor, y nuestro amor es la vida de nuestra alma. Por consiguiente nuestra vida está oculta en Dios con Jesús Cristo, y cuando Jesús que es nuestro amor y nuestra vida espiritual, aparezca en el Día del Juicio, nosotros también apareceremos junto con el en la gloria. Esto significa que, Jesús Cristo, nuestro amor, nos glorificara comunicándonos su propia dicha y esplendor.” (Tratado del Amor de Dios, Libro VII , Capitulo 6)

Nuestra vida está ciertamente oculta en Dios. La realidad más profunda de quienes somos sólo es conocida por Dios. Aún así, para Francisco de Sales, vivir una vida escondida en Dios no es lo mismo que mantener esa vida en secreto: se trata de dar testimonio de nuestra verdad más profunda, de quienes somos – y quien es Dios – a través de la calidad de nuestras relaciones con los demás. Por lo tanto es apropiado que Francisco de Sales nos llama a practicar las virtudes ocultas, “esas virtudes pequeñas y humildes que crecen como flores al pie de la cruz: ayudar al pobre, visitar a los enfermos, cuidar de tu familia, desempeñando todas las tareas que esto incluye, y con esa diligencia que no te permitirá distraerte.” (Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capitulo 35)

A través de la Asunción, Jesús ha sido removido de nuestra vista: más bien, del alcance de nuestra vista a nivel físico. Aún así, la misma autoridad que Jesús reclamó del Padre ha sido otorgada a nosotros en virtud de nuestra creación y confirmada en nuestro bautismo. Nosotros estamos llamados a continuar el trabajo que Jesús comenzó, esto es, a hacer discípulos – seguidores, creyentes – de todas las naciones. Nosotros estamos llamados a ser símbolos del reto continuo de redención de Dios, pero en las obras simples y ordinarias de cada día.

Paradójicamente, mientras nos mantengamos fieles a la practica de las pequeñas y ocultas virtudes que crecen “al pie de la cruz” Jesús ya no estará oculto: el se hará visible en nuestro amor, nuestra preocupación, nuestra lucha en nombre de la justicia, nuestra promoción de la paz, nuestro deseo de perdonar, nuestros intentos para sanar.

Cuál es la forma más poderosa - y convincente- de ganar discípulos en todas las naciones?

O, al menos, que aquellas personas con quienes interactuamos cada día en nuestros pequeños rincones del mundo, se hagan discípulos?

SEXTO DOMINGO DE PASCUA (mayo 6, 2018)

Enfasis Sugerido

“Amaos los unos a los otros como Yo los he amado.”

Perspectiva Salesiana

Jesús nos ha enseñado una clase de amor que es muy diferente del amor que experimentamos comúnmente en el mundo. A través de Sus palabras y Sus obras, El nos mostró el amor de la Trinidad. Este amor es un amor auto-sacrificado, un amor tan enfocado en los demás, que el yo es olvidado. En el gran misterio de la Pascua, vemos a Jesús tan absorbido en el amor del Padre que El voluntariamente sacrificó SU propio ser por este amor: su amor por la voluntad del Padre era todo lo que importaba.

San Francisco de Sales es un maestro espiritual en la escuela de este amor. Su gran obra, Tratado del Amor de Dios, traza el viaje al corazón mismo del amor de la Trinidad. Al final de este trabajo de dos volúmenes, Francisco alcanza el Calvario. Para Francisco, esta es la verdadera academia del amor: cuando la voluntad humana se rinde ante la voluntad del Padre en un acto de auto-donación, el amor florece. Nada enciende el corazón humano como este amor desinteresado.

Francisco de Sales escribió: “La muerte y pasión de nuestro Señor es lo más dulce, el motivo más poderoso que puede animar nuestros corazones en esta vida mortal… Los hijos de la cruz se glorifican en esto, y esta es la paradoja que el mundo no comprende: De la muerte, que devora todas las cosas, ha venido el alimento de nuestra consolación, y de la muerte, fuerte por sobre todas las cosas, ha salido la dulce miel de nuestro amor. O Jesús, mi Salvador, que tan merecedora de la vida es nuestra muerte, por que es el efecto supremo de tu amor.” (Tratado, Parte 12, Capitulo 13)

Tu puedes preguntarte como San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal pueden ser conocidos por desarrollar una filosofía de la vida tan optimista, gentil, humilde y afectuosa, si está centrada en el Calvario. Cómo pueden la amistad y la devoción emanar de esta fuente? Sin embargo, esto precisamente es lo que celebramos hoy. La Pascua, la Resurrección, la nueva vida prometida por Dios, son nuestras cuando seguimos este camino. Mientras que nosotros siempre pasaremos por el Calvario, Jesús nos ha demostrado que el objeto de este amor sacrificado será poder compartir en la vida de la Trinidad misma. Esta vida, el destino verdadero del espíritu humano, es el amor que nunca termina.

Nosotros no tenemos que buscar muy lejos para encontrar la oportunidad de dar amor sacrificado. Como San Francisco de Sales sabia muy bien, estas oportunidades están presentes en cada caminata de la vida y en cada situación de la vida. Estas vienen en tamaños pequeños, medianos y grandes. El deseo diario y la habilidad para acogerlas es la llave para la santidad. Escuchemos a Jesús: “Todo esto te digo que mi dicha puede ser tuya y tu dicha puede ser completa.

QUINTO DOMINGO DE PASCUA (abril 29, 2018)

Enfasis Sugerido

“Nosotros debemos creer en el nombre de su hijo, Jesús Cristo, y debemos amarnos los unos a los otros como él nos ha mandado hacerlo. Aquellos que cumplan con estos mandamientos permanecerán en él y él en ellos.”

Perspectiva Salesiana

El pasaje de la escritura para hoy es parte del discurso de despedida de Jesús para sus discípulos, el cual toma varios capítulos del Evangelio de Juan. En estas palabras Jesús comunica a sus discípulos las cosas más importantes que quiere que ellos recuerden. Con el uso de una metáfora poderosa y hermosa, Jesús habla de sí mismo como la vid y de sus discípulos como las ramas. El les dice que deben estar cerca de él. Para ser saludables, las ramas que dan frutos deben estar dispuestas a ser cortadas para librarlas de aquellas cosas que nos les permiten dar fruto. Por encima de todo, deben ser parte de la vid. Si se separan de la vid, no pueden producir fruto. Se marchitaran y serán rechazadas, buenas para nada excepto para ser quemadas.

Jesús esclarece que los discípulos han recibido lo que necesitan. Ellos han oído las palabras que él les ha dicho. SI ellos creen en las palabras de vida que Jesús ha compartido con ellos, si ellos hacen sus palabras parte de sus vidas, ellos vivirán en él y él vivirá en ellos. Escuchar la palabra es el primer y más esencial paso. Pero sólo es el primer paso. Vivir la palabra, absorberla, hacerla una parte integral de nuestra vida, debe ocurrir si uno verdaderamente está esforzándose por ser un discípulo de Jesús. Esto es tan cierto para nosotros hoy como lo fue para los discípulos a quienes Jesús les habló y con quienes vivió aca en la tierra.

Nosotros también hemos sido otorgados la palabra de Dios. Como los discípulos, nosotros también somos llamados a vivir en Jesús, como decía Francisco de Sales, mientras cumplimos con los quehaceres de cada día. Y cuál es el fruto que debemos producir? Nuestro fruto es una vida marcada por el amor de Cristo, una vida vivida de una forma que demuestre a nuestros hermanos y hermanas que verdaderamente creemos en lo que Jesús nos ha dicho. Es una vida marcada por la paciencia, la bondad, la gentileza y la humildad.

La forma en la que sabemos que vivimos en Jesús y que el está viviendo en nosotros, es manteniendo los mandamientos. Nosotros estamos llamados a amar “en obra y palabra y no solamente hablar de ello.” Podemos y debemos leer las escrituras y otros libros espirituales. Podemos y debemos meditar sobre la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Podemos y debemos decir nuestras oraciones y hacer uso de los sacramentos de la Iglesia. Aún así, a la final es la forma en que tratemos a nuestros hermanos y hermanas lo que pasará a la historia. Si nuestras palabras no son apoyadas por nuestras obras, son sólo palabras vacías, buenas para nada.

Si hablamos del perdón de Jesús, pero continuamos con ese resentimiento en contra de un pariente por que estropeó la cena de Navidad hace diez años, no estamos viviendo en Jesús. Si tenemos resentimiento en nuestros corazones en contra de un colega que obtuvo el asenso que nosotros queríamos, no estamos viviendo en Jesús. Si nos negamos a reconocer el comportamiento adictivo y nos negamos a buscar ayuda, no estamos viviendo en Jesús. Si nos encanta hablar de los infortunios o las debilidades de nuestros vecinos, entonces debemos podar y emparejar antes de que podamos dar fruto en el nombre de Jesús.

CUARTO DOMINGO DE PASCUA (Abril 22, 2018)

Enfasis Sugerido

“Yo soy el buen Pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre”.

Perspectiva Salesiana

Seguramente ustedes han escuchado antes la expresión “conocer es amar”. En general es completamente cierto que no se puede esperar que nos enamoremos de alguien o de algo cuando no tenemos ninguna familiaridad con él/ella/ello. Es por esto que la frase, “conocer es amar” no encaja totalmente dentro del contexto de las relaciones humanas. En las relaciones humanas es mas acertado decir “amar es conocer”, ya que una vez que nos decidimos a amar a los demás, a comprometernos con los demás, nos abrimos a ellos y ellos recíprocamente se abren y se comprometen con nosotros. Jesús habla de esta verdad cuando dice: “Aquel que me ame será amado por mi Padre, y yo lo amare y me revelare ante él” (Jn. 14:21) Francisco de Sales hace eco de esta verdad cuando nos dice, "Tener conocimiento del bien nos lleva a conocer el principio del amor pero no la medida del mismo". ( Tratado, Libro 6, Capítulo 4)

En el evangelio de hoy Jesús nos revela algo sorprendente e inquietante sobre su relación con nosotros. “Yo soy el Buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre”. El nos esta diciendo que nos conoce tan intima y personalmente como su Padre celestial lo conoce a él. Y que nosotros a la vez lo conocemos a él de la misma forma en que él conoce al Padre. El tipo de conocimiento que Cristo, nuestro buen Pastor, tiene de cada uno de nosotros solo puede ser adquirido a través de un contacto muy cercano e intimo con nosotros. Es el resultado de su amor por nosotros, de su voluntad de comprometerse total y completamente con nosotros, de la misma manera en que el pastor compromete su vida total y completamente a cuidar de sus ovejas.

Si estudiamos la relación de un pastor con sus ovejas vemos que su vida se centra en la vida de sus ovejas. El pastor pasa el día entero con ellas, y muchas veces las cuida durante la noche. No es de sorprender entonces que él llegue a conocer cada una de sus particularidades, sus rasgos individuales, e incluso que llegue a darles un nombre a cada una. Para los demás sus ovejas todas son iguales, pero para el pastor cada una es diferente. Es por ello que no se le dificulta en lo absoluto poder reconocerlas entre cientos de otras en el redil.

La parábola del Buen Pastor no dista tanto de nosotros como en principio estamos inclinados a creer. De hecho toca la fuente misma de nuestro ser – nuestra necesidad de ser conocidos y amados por quienes somos, pase lo que pase. Puede que algunas veces pensemos, o nos sintamos, o actuemos, de forma un poco apestosa o sucia, como muchas de las ovejas lo son; puede que a veces nos involucremos en toda clase de problemas cuando nos alejamos de nuestro pastor, al igual que las ovejas que se quedan enredadas en las zarzamoras, o que se caen por los peñascos, o que sufren ciento un traspiés. No obstante nuestro Buen Pastor esta ahí para vendar nuestras heridas. El nos conoce y nos ama en hasta el punto que pone su vida en riesgo por nosotros.

Somos capaces de arriesgar nuestra vida por los demás, de la misma forma en que el Buen Pastor lo hace por nosotros?