SEPTIMO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 28, 2017)

SEPTIMO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 28, 2017)

Enfasis Sugerido

“Cuando entraron a la ciudad… se volvieron devotos de la oración.”

Perspectiva Salesiana

La oración es esencial para todos aquellos que desean vivir una vida devota. Francisco de Sales describió la oración como “una a corriente de agua santa que fluye y hace que las plantas de nuestros buenos deseos crezcan frondosas y florezcan y satisfagan las pasiones que yacen en nuestros corazones.” (Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capítulo 1)

Qué es la oración? En su Tratado del Amor de Dios, Francisco escribió: “La oración generalmente hablando, comprende todos los actos de contemplación… es una conferencia o conversación con Dios... una discusión con la divina majestad… un ascenso o elevación de la mente hacia Dios. En la medida en que la oración es un coloquio, una discusión o conversación del alma con Dios, a través de la plegaria hablamos con Dios y Dios a su vez habla también con nosotros. Nosotros aspiramos a alcanzar a Dios y a respirar en Dios; Dios recíprocamente nos inspira y nos toca con su aliento”. (Libro VI, Capítulo 1)

De todos los métodos para orar Francisco recomendó “la oración mental, la oración del corazón, y particularmente la oración que se centra en la vida y pasión de nuestro Señor. Al dirigir sus ojos hacia Cristo durante la meditación, sus almas se llenarán completamente de él. Aprenderán el camino de Cristo y este camino determinará el curso de cada uno de sus actos.” ( Introducción, Parte II, Capítulo 1) La oración mental. La meditación. La contemplación. Francisco observó: “todas estas pueden parecer palabras de otro mundo, y es por esto que muy pocas personas llegan a entender realmente su significado.” (Púlpito y Banco, página 191) Para muchos de nosotros, ahí está el meollo del asunto: nosotros nos sentimos intimidados y/o desanimados en nuestros intentos de practicar la oración mental. Nosotros nos repetimos que no podemos hacerlo bien, o nos distraemos demasiados o que esto requiere demasiado tiempo y esfuerzo.

Y así dejamos de orar.

Francisco no era ajeno a los desafíos a los que las personas deben enfrentarse durante la práctica de la oración mental, la meditación, la contemplación o “la oración del corazón”. El se dio cuenta que así como hay una variedad de personas y de personalidades, hay también más de una forma de orar. El menciona otros dos enfoques: (1) la oración vocal, y (2) la oración de la vida o de las buenas obras. “La oración vocal consiste en hacer uso de la formula de las palabras que ya han sido creadas para nosotros, y hacer que haya intención detrás de lo que decimos...” ( Púlpito y Banco, página 180) “La oración de la vida es la oración de nuestra buenas obras, una oración oculta. Las buenas obras guardadas en los corazones de la gente pobre hablan a Dios de nosotros.” ( Ibid, p. 181)

Otra forma de orar que es similar a estas (y a otras) es el acto simple –pero poderoso- de pedir. “Toda oración implica pedirle algo a Dios: La gloria de Dios o nuestra necesidad. Orar es nuestro deber, por que… aún cuando Dios no tiene necesidad de nuestras oraciones, ellas son útiles para nosotros por que mantienen vivo en nosotros el sentido de nuestra obligación para con Dios.” (Ibid)

La oración es para el alma lo que respirar es para el cuerpo: uno no puede continuar ni florecer sin el otro. Pero ustedes deben adaptar su devoción a la práctica de la oración de acuerdo con el estado, la etapa y las circunstancias de su vida actual. No hagan de la oración algo mas complicado de lo que debe ser, pero al mismo tiempo denle la importancia que esta requiere.

Alguna vez yo le dije a mi maestro que, muy para mi vergüenza y frustración, yo estaba convencido de que no podía orar con profundidad. El me dijo: “Si no puedes orar con profundidad, al menos se una persona profunda… que ora.”

Sin importar cuan profundo, cuan llano, que larga o que corta sea, entréguense a la oración de cualquier forma, en todas las formas… cada uno y cada día.

LA ASUNCION DEL SENOR (Mayo 25/28, 2017)

Enfasis Sugerido

“Vayan y hagan discípulos de todas las naciones.”

Perspectiva Salesiana

Al hablar del misterio de la Asunción de Nuestro Señor, Francisco de Sales escribió: “Nosotros abandonamos nuestra mera vida humana para poder vivir una vida mas noble y que esta por encima de nosotros. Todos escondemos toda esta nueva vida en Dios con Jesús Cristo que es el único que puede verla, lo sabe y la otorga. Nuestra nueva vida es el amor celestial, el cual vivifica y anima nuestra alma, y este amor esta totalmente oculto en Dios y en las cosas de Dios con Jesucristo. Como lo dicen las palabras sagradas del Evangelio, después que Jesús se había presentado por un rato ante sus discípulos, ascendió a los cielos, y al momento en que las nubes comenzaron a rodearlo, lo cubrieron y lo escondieron de sus ojos. Jesucristo entonces está escondido en el cielo, en Dios. Jesucristo es nuestro amor, y nuestro amor es la vida de nuestra alma. Por esto nuestra vida está oculta en Dios con Jesucristo, y cuando Jesús, quien es nuestro amor y por ende nuestra vida espiritual, aparezca en el día del Juicio Final, debemos también aparecer nosotros con él en la gloria. Jesucristo nuestro amor nos glorificara al comunicarnos con su propia dicha y esplendor.” ( Tratado del Amor de Dios, Libro VII, Capítulo 6)

Nuestra vida está verdaderamente escondida en Dios. La realidad total de quienes somos en nuestro interior es algo que solo Dios conoce. Aun así, para Francisco de Sales, vivir una vida escondida en Dios no es lo mismo que mantener una vida secreta: se trata de testificar sobre la verdad más profunda de quienes somos – y quien Dios es- a través de la calidad de nuestras relaciones con los demás. Es apropiado entonces que Francisco de Sales nos llame a practicar las virtudes ocultas, “esas pequeñas y humildes virtudes que crecen como flores al pie de la cruz: ayudar a los pobres, visitar a los enfermos, encargarse de la familia, y todas las pequeñas tareas que la practica de estas virtudes conllevan, con una diligencia útil que no permita que nos quedemos quietos.” ( Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capítulo 35)

A través de la Asunción, Jesús ha sido removido de nuestra vista: al menos de la vista física de nuestros ojos. Aun así, la misma autoridad que Jesús obtuvo de su Padre nos ha sido otorgada a nosotros en virtud de nuestra creación y confirmada en nuestro bautismo. Estamos llamados a continuar con el trabajo que Jesús comenzó, es decir, a hacer discípulos—seguidores, lideres, creadores--- de todas las naciones. Estamos llamados a ser señales convincentes de la actividad continua, redentora y desafiante el Dios Trino, pero en las tareas simples, ordinarias y de nuestra vida cotidiana.

Paradójicamente, en la medida en que nosotros seamos fieles a la práctica de estas pequeñas virtudes – que crecen “al pie de la cruz”, Jesús ya no estará Escondido para nosotros: él se hará claramente visible en nuestro amor, nuestra preocupación, nuestra lucha por la justicia, nuestra promoción de la paz, nuestra voluntad para perdonar, nuestros intentos por sanar.

Cuál puede ser otra forma más convincente –y ponderosa—de hacer discípulos de todas las naciones?

O cuando menos, de las personas con las cuales interactuamos cada día.

SEXTO DOMINGO OF PASCUA (Mayo 21, 2017)

Enfasis Sugerido

“Yo hablare con el Padre, y el te dará otro Abogado para que este contigo siempre.”

Perspectiva Salesiana

En el Evangelio de hoy Jesús promete interceder ante el Padre para que el envíe un Abogado (algunas veces traducido como un Paracleto (del Griego Parakletos que significa ‘aquel que consuela o que apoya’ ) para que acompañe a sus discípulos.

El Diccionario de la Herencia Americana del Idioma Ingles define la palabra abogado como: (1) “Aquel que defiende una causa: alguien que apoya y un defensor; (2) Aquel que apela a favor de alguien mas: alguien que intercede; (3) aquel que aboga.”

Mas aún, el diccionario menciona que la palabra abogado viene del “Inglés Medio, advocate, del Francés Antiguo advocate, del Latín advocatus, del participio pasado de advocare, que significa convocar para obtener consejo.” Otras derivadas importantes incluyen vocal, voz, equivoco, vocación, responder, abogar, evocar, invocar, provocar, y épico.

De todas estas palabras la que más resalta a la vista es responder . En ese contexto, este abogado, este paracleto, este Espíritu Santo, responderá por todos aquellos que siguen a Jesús. Dicho de otra forma, este abogado es alguien que nos representa.

Pero un momento, todavía hay más! Cuántos de nosotros no nos damos cuenta de que Jesús promete a sus discípulos “otro” abogado? A menos que yo este equivocado el que él diga “otro” quiere decir que este no es el primer abogado que ha sido enviado para nosotros; por el contrario, este es un segundo abogado, lo cual hace que nos preguntemos: Quién fue el abogado anterior?

Fue Jesús mismo. Jesús se volvió nuestro representante en el momento en que se convirtió en uno de nosotros; cuando se convirtió en uno con nosotros; cuando se convirtió en uno por nosotros. Jesús se hizo nuestro representante viviendo entre nosotros, trabajando por nosotros, amándonos y muriendo por nosotros para que nosotros pudiéramos, algún día, levantarnos para siempre a través del poder y la promesa de la resurrección.

Pero esperen un momento. Parece que tenemos todavía un abogado más a quien reconocer: Dios, Yahvé, el Padre.

Dios se convirtió en nuestro representante en el momento en que creo algo de la nada. Dios se convirtió en nuestro representante al crear formas después del caos. Dios se convirtió en nuestro representante a través de la Creación al permitirnos compartir un poco de Su divina imagen y semejanza. Dios se convirtió en nuestro representante a través de la Encarnación al adoptar nuestra imagen y semejanza humana.

En una palabra, parece que Dios, nuestro Abogado Eterno, es, entre otras cosas, “un representante”.

Como hijos de Dios, como hermanos y hermanas de Jesús, como templos del Espíritu Santo, nosotros también hemos sido llamados a ser Abogados. Hemos sido llamados a representar lo que es justo; hemos sido llamados a representar lo que es correcto; hemos sido llamados a representar todo lo que implique paz; hemos sido llamados a representar todo lo que es limpio e imparcial. Especialmente como miembros de la tradición Salesiana, estamos llamados a representar todo lo que es de Dios de forma cortés y considerada.

Dios nos representa al crearnos, redimirnos e inspirarnos. Qué mejor forma de expresar nuestra gratitud que a través de nuestra disposición para representarnos los unos a los otros?

QUINTO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 14, 2017)

Enfasis Sugerido

“No permitan que sus corazones se agiten. Tengan fe en Dios; tengan fe en mi.”

Perspectiva Salesiana

William Barclay establece el contexto para la garantía que Jesús les da a sus discípulos en el Evangelio de hoy. “En un tiempo muy corto la vida para los discípulos iba a colapsar. Su mundo se iba a desintegrar hasta convertirse en un caos total. En ese momento solo había una cosa que hacer: aferrase completamente a la confianza en Dios… llega un momento en el que tenemos que creer en lo que no podemos comprobar y aceptar lo que no siempre podemos entender. Si en la hora más oscura creemos que hay un propósito para esta vida y que este propósito es el amor, hasta lo inaguantable se hará soportable y en la oscuridad habrá una luz de esperanza.”

Hay muchas cosas que perturban nuestro corazón. Al rededor del mundo hemos sido testigos de los estragos del terrorismo, de la violencia asociada a la intolerancia religiosa, el odio asociado al genocidio cultural y social, la devastación causada por los desastres naturales. En el frente doméstico, los estadounidenses parecen estar polarizados con respecto a las incertidumbres asociadas a asuntos como la seguridad nacional, la seguridad social, la independencia energética y servicios de salud asequibles. En un frente que es todavía mucho mas cercano, cada uno de nosotros siempre mantiene preocupaciones y ansiedades relacionadas con la familia, los amigos, otras personas a las que queremos… incluso con nosotros mismos.

La verdad es que siempre hay algo, ya sea global o local, que distrae nuestra mente y perturba nuestros corazones.

Al enfrentarnos a estas y a tantas otras cosas que invaden nuestros corazones, Jesús nos pide que tengamos fe en él.

San Francisco de Sales observo: “Que puedo decir para ayudarlos a que estos pensamientos dejen de fluir en sus corazones? No traten de liberarse de ellos, por que este esfuerzo tan ansioso solo va a hacer que sus corazones se enfermen más.... No traten de vencer estas ansiedades, por que este esfuerzo solo va a fortalecerlas…Mantengan su mente fija en Cristo crucificado.” El concluyó diciendo “Si el mundo entero se para de cabeza, si todo a nuestro alrededor se convierte en humo y oscuridad, debemos tener en mente que Dios esta con nosotros. Por que si sabemos que Dios vive en la oscuridad y en el Monte Sinaí, que esta lleno de humo y rodeado por el estruendoso trueno y el relámpago, qué acaso no estaremos bien desde que nos mantengamos cerca de Dios?” (Stopp, Cartas Selectas, p. 125)

A todos nos pasa en determinados momentos de nuestras vidas que llegamos al punto en que hemos hecho todo lo posible para tratar de solucionar nuestros problemas o de acallar nuestras preocupaciones, y lo único que queda es dejar las cosas en manos de Dios. Hay otros momentos en que no tenemos ni la más remota idea de cómo solucionar un problema y entonces debemos poner nuestra confianza en Dios. La sabiduría que hay en cada consejo de Francisco de Sales se basa en la necesidad de reconocer que en la medida en que nosotros permitamos que nuestros corazones sean perturbados, perderemos la fuerza o la habilidad para lidiar con las cosas que los perturban. Poner nuestra confianza en Dios – poner nuestra confianza en Jesús – poner nuestra confianza en el Espíritu- nos prepara para aprender a confiar en nosotros mismos y en los demás a la hora de lidiar con los desafíos de la vida. Poner nuestra confianza en Dios también nos recuerda que confiar en nosotros mismos y en los demás –incluyendo a aquellos a quien más amamos- tiene un límite.

Poner nuestra confianza en Dios no garantiza como el misterio de la vida se va a desarrollar. Aun así, poner nuestra confianza en Dios también debe ser nuestro primer paso para llegar a entender los misterios de la vida más profundamente… y con mas fe.

CUARTO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 7, 2017)

Enfasis Sugerido

“Si aceptan el sufrimiento al que conlleva hacer lo correcto, eso es aceptable a los ojos de Dios.”

Perspectiva Salesiana

Nosotros escuchamos ecos de esta primera Carta de Pablo en una de las exhortaciones de Santa Juana de Chantal a los miembros de su comunidad, las Hermanas de la Visitación. Ella argumentó: “Miremos a nuestro Salvador, su excesivo sufrimiento y su excesivo amor. Mantengamos nuestros corazones alerta ante estas cosas, para que nuestro divino Salvador nos pueda comunicar y dar la fuerza para soportar las cosas que de su adorada mano nos lleguen.” (Conferencias, página 255)

Cómo puede llegar a compararse nuestro sufrimiento con el sufrimiento que Jesús experimentó? Si hablamos del sufrimiento que vivió en su último día, no hay comparación. Pero si consideramos el sufrimiento que implica el esfuerzo que hacemos al padecer – al aguantar- a los demás, entonces nos daremos cuenta de que en verdad tenemos muchas cosas en común con el sufrimiento de Jesús; muchas más de las que podemos llegar a imaginar.

Analicen la palabra sufrimiento por sí misma. Esta no implica solamente “aguantar” algo difícil, doloroso o incluso dañino. La palabra sufrimiento viene del Latín sufferre, que significa, “cargar, aguantar, dar a luz… o vida a.”

Hechos a imagen y semejanza de Dios, redimidos por el amor de Cristo e inspirados por el Espíritu, todos tenemos una responsabilidad que cargar: vivir nuestras vidas por los demás. Todos estamos llamados a cargar con la responsabilidad de amarnos los unos a los otros, de ayudarnos los unos a los otros, de desafiarnos los unos a los otros, de sanarnos los unos a los otros, de animarnos los unos a los otros. Hijos de Dios, hermanos y hermanas de Cristo, todos cargamos con las inconveniencias que conlleva el vivir una vida de servicio generoso.

Para resumir, estamos llamados a vivir de la misma forma en que Jesús vivió……y cargar, soportar todo lo que nos llegue a consecuencia del estilo de vida que hemos escogido. “Fue por esto que ustedes han sido llamados, por que Cristo sufrió por ustedes y les dejó un ejemplo para que ustedes pueden seguir sus pasos.”

Santa Juana claramente reconoció el sufrimiento, la inconveniencia, los esfuerzos que tenemos que hacer cuando elegimos vivir por los demás: “Debemos tener un gran corazón para con nuestros vecinos, que en términos de amor, afecto y ayuda significa estar dispuesto a servir, asistir, confortar, soportar y apoyar de cualquier forma que nos sea posible, pero con alegría y cordialidad. Un gran corazón es un corazón que está dispuesto a enfrentar toda clase de inconvenientes, un corazón abierto que ama, ante todas las cosas la voluntad de Dios.” (Conferencias, página 174)

Esta es la voluntad de Dios para con nosotros: No debemos soportar un sufrimiento que nos lleve a la vida, sino un sufrimiento que nos lleva, como dice Santa Juana, “a una nueva vida, en la gracia de Dios y en el amor de Dios, en este mundo y después para siempre en la gloria…,” el sufrimiento que causa el tener que soportar –que cargar- a los demás con amor (Conferencias, páginas 117 - 118) O como San Pablo escribió en su carta a los Efesos, (4:2) vivamos una vida que dignifique nuestro llamamiento, ser completamente humildes y gentiles, cargando a los demás …con amor.

TERCER DOMINGO DE PASCUA (Abril 30, 2017)

Enfasis Sugerido

“Ellos contaron cómo lo conocieron durante la repartición del pan.”

Perspectiva Salesiana

“Dos discípulos viajaban en rumbo a una aldea llamada Emmaus. En medio de la amena conversación que sostenían Jesús se acercó a ellos y empezó a caminar a su lado.”

Sabemos que durante las casi 7 millas de camino que recorrieron con Jesús, los dos discípulos no fueron capaces de establecer la identidad del viajero que los acompañaba. No fue hasta que se sentaron a la mesa con él – y hasta que Jesús partió el pan y lo compartió con ellos- que sus ojos finalmente se abrieron a la realidad.

Qué había en ese acto tan simple que permitió que los dos discípulos reconocieran a Jesús? Indudablemente, ese acto revivió aquel momento tan poderoso que vivieron inmediatamente antes de la traición por parte de Judas contra Cristo, su pasión y su muerte: el momento de la última cena. Más aún, este acto pudo haberles recordado las tantas experiencias de compañerismo y hermandad que vivieron sentados a la mesa con Jesús y los demás discípulos: esas oportunidades simples, personales e íntimas que tuvieron para llegar a entender más sobre Jesús- y sobre ellos mismos. Ese acto a simple vista ordinario –pero tan significativo – de partir y compartir el pan se había convertido para ellos en una puerta que los llevaba a experimentar lo divino en cada momento de su diario vivir. Analizando esto mismo a una escala mayor, este acto pudo haberles recordado la experiencia de la comunión y de comunidad que experimentaron con Jesús y con sus acompañantes a lo largo del camino; de los momentos buenos, malos e intermedios que transcurrieron mientras vivían, aprendían y amaban juntos.

La conexión de esta historia con el eventual entendimiento de la Iglesia sobre lo que es la comunión fue un punto que recalcó San Francisco de Sales. En su libro titulado Sobre el Predicador y la Predicación, escribió: "Es cierto que como nuestro Señor está verdaderamente con nosotros, nos ilumina por que él es la luz. Después de que los discípulos se comunicaron en Emmaus, sus ‘ojos fueron abiertos’ (Página 26). En nuestra celebración – y recepción – como comunidad, reunidos al rededor de la mesa con el Señor, se nos está retando a que veamos como Cristo está presente en la Eucaristía y también como Cristo se halla presente dentro de nosotros.

Aún así, debemos expandir nuestra noción de comunicación para poder entender más profundamente el significado de esta escena del Evangelio. Jesús se halla especialmente presente en cada mesa donde las personas se reúnen en hermandad; Jesús está personificado dondequiera que las personas permiten ser partido y compartidos con – y por- los demás. Jesús se puede ver dondequiera que las personas se enfocan más en las cosas que los unen y menos en las cosas que pueden llegar a separarlos.

Cuando nosotros partimos el pan con los demás – literal o figurativamente – el poder y la promesa continua de Cristo resucitado se nos manifiesta. Cuando nosotros decidimos ‘repartirnos’ para alimentar a los demás, estamos personificando en ese instante, en ese momento de nuestras vidas, alfo de ese mismo Jesús quien acompañó a esos dos discípulos hace tanto tiempo.

La pregunta es: reconocemos a Jesús en nuestros intentos por alimentar a los demás?

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA (Abril 23, 2017)

Enfasis Sugerido

“El les mostró sus manos y su costado.”

Perspectiva Salesiana

En la víspera de la crucifixión y muerte de Jesús, los apóstoles se encerraron temerosos. Ellos temían sufrir el mismo castigo que su maestro.

Aún en su reclusión, Jesús se abre paso en sus vidas: no solo en el espacio físico en el cual se habían refugiado, Jesús también entro en la base de sus mentes y sus corazones. Jesús intenta calmar sus miedos, los reta a estar en paz; hace esto de una manera casi polémica y misteriosa: Mostrándoles las heridas de sus manos y su costado.

La experiencia de la resurrección no removió las cicatrices de las heridas que Jesús sufrió: las marcas de dolor, la decepción, los malos entendidos, la negación, la humillación, el abandono, el sufrimiento y la muerte. Aún así, y a pesar de las heridas, la resurrección de Cristo es una poderosa demostración de que el dolor, la tristeza, el sufrimiento y la injusticia—tan reales como fueron – no tuvieron la última palabra. Mientras el sufrimiento fue claramente una parte de la vida de Jesús, había mucho más en su vida que el sufrimiento.

San Francisco escribió “Debemos recordar que nuestro Señor nos ha salvado a través de su sufrimiento y resistencia, y que debemos trabajar por nuestra salvación a través de sufrimientos y aflicciones, soportando las heridas, negaciones y molestias que encontremos.” ( Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capitulo 3)

Todos nosotros cargamos con las heridas del fracaso, la decepción, el engaño y la pérdida. Nuestros corazones, nuestras mentes, nuestros recuerdos – nuestras almas – llevan consigo las cicatrices como prueba de ello. Igual que los apóstoles, nosotros también somos tentados a alejarnos de los demás, a encerrarnos en un rincón emocional y espiritual apartado, viviendo en el miedo de que un nuevo dolor o una nueva decepción lleguen a nosotros. Por supuesto, al retirarnos de la vida de una forma figurativa – a veces literalmente – morimos.

Jesús claramente demuestra, a través de su propia vida, que nuestras heridas no deben inhabilitarnos ni abrumarnos. Aún cuando estas heridas pueden ser permanentes, no deben robarnos de nuestro poder ni de la promesa de la recuperación, la renovación – la resurrección – a menos que nos desesperemos, a menos que nos dejemos vencer por los clavos de la negatividad

Las heridas de nuestro pasado seguramente dejaran su huella en nuestro presente: pero no determinan el curso de nuestro futuro. Vuélvete al amor de Jesús quien sabe lo que significa el estar herido, y quien nos demuestra como seguir a través y más allá de nuestras heridas y las cicatrices que estas dejan. San Francisco de Sales escribió: “Dirijan sus rostros hacia Cristo crucificado, desnudo, blasfemado, difamado, abandonado y abrumado por toda clase de cansancio, de tristeza, de dolor y de labor.” Jesús triunfo sobre las heridas de su humanidad: Y así mismo, con la ayuda de Dios, podemos hacerlo nosotros.

Para estar seguros, la vida puede ser dura. Como lo fue en el caso de Jesús, aun así, nosotros podemos ser mucho más Fuertes.

DOMINGO DE PASCUA (Abril 16, 2017)

Enfasis Sugerido

"La muerte y pasión de nuestro Señor es el motivo mas dulce y mas convincente que puede avivar nuestros corazones en esta vida mortal…Los hijos de la cruz se glorifican en esto, su maravillosa paradoja que muchos no entienden: de la muerte, la cual devora todas las cosas, ha emanado el alimento de nuestra consolación. De la muerte, que es fuerte por sobre todas las cosas, ha emanado la dulce miel de nuestro amor. " (Tratado del Amor de Dios, Libro 12, Capitulo 13)

Perspectiva Salesiana

Esto, verdaderamente, es el misterio central de nuestra fe. Jesús permitiéndose a si mismo ser consumido con pasión por la rectitud y por la muerte ha, a su vez, conquistado la muerte de una vez y para siempre con el poder de la promesa de la vida eterna.

El camino de la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo fue personal: fue único. Fue confeccionado por el Padre desde la eternidad. Jesús fue fiel con la visión de Dios para con El; Jesús acogió su vocación como el humilde y gentil Mesías; Jesús sufrió el dolor de la muerte; Jesús experimento el poder de levantarse de nuevo.

Dios ha confeccionado un camino personal para cada uno de nosotros desde la eternidad. Cada uno de nosotros juega un papel único en la revelación eterna de la vida divina, del amor divino, de la justicia divina, de la paz divida y de la reconciliación divina del Padre. Aun así, el camino a la resurrección es el camino de la cruz- el camino a la rendición, el camino al desprendimiento, el camino a dejar a un lado todas las cosas, los pensamientos, las actitudes y las acciones que no nos permiten personificar la pasión de Cristo: la pasión por todo lo que es recto y verdadero.

Francisco de Sales ofrece esta imagen en el Libro 9 de su Tratado del Amor de Dios: "Dios le ordeno al profeta Isaías que se desnudara completamente: esto hizo el profeta, y se fue a predicar así por tres días completes (o, como cuentan algunos, por tres años completos). Entonces, cuando el tiempo que Dios había determinado paso, Isaías se vistió de nuevo. Así mismo nosotros debemos quitarnos todos los afectos, grandes y pequeños, y hacer una reexaminación frecuente de nuestros corazones para ver si están realmente listos para desvestirnos y quitarnos todos esos ropajes, como lo hizo Isaías. Entonces, en el momento propicio debemos volvernos a cobijar con los afectos apropiados para el servicio de la caridad, para que así podamos morir desnudos en la cruz con nuestro Salvador divino y después levantarnos de Nuevo con el y como personas nuevas. "

Deben estar seguros de una cosa: la muerte diaria del yo personal, que es parte de vivir una vida pasional, no se trata de morir sino de desvestirnos, de dejar ir por nuestro propio bien. No, se trata de que todo lo que somos debe ser purificado para así poder vivir vidas de divina pasión y compasión mas fiel y efectivamente. Dios no desea que nosotros dejemos que nuestro yo muera por modestia, sino que nuestro yo muera para que así, paradójicamente, podamos ser quienes El nos ha llamado a ser.

“El amor es tan fuerte como la muerte como la muerte a la hora de permitirnos abandonar todas las cosas,” escribió San Francisco de Sales. “Es tan magnifico como la resurrección que nos adorna con la gloria y el honor.”

Esta gloria y honor no solo esta reservada para el cielo. En la medida en que nosotros morimos cada día un poquito y en que experimentamos la fidelidad del amor de Dios en medio de la adversidad, las pruebas y las dificultades, podremos experimentar un poco de la resurrección cada día.

DOMINGO DE LA PASION (Abril 9, 2017)

Enfasis Sugerido

“La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo…”

Perspectiva Salesiana

Santa Juana de Chantal dijo esto con respecto a la pasión de Nuestro Señor Jesucristo:

"La Iglesia propone el Domingo de la pasión para recordarnos los sufrimientos de nuestro Salvador… a través de los cuales nuestra redención fue obtenida. Nuestra redención comenzó desde el instante de la adorable concepción de la Palabra eterna en el vientre de la virgen, su Santa Madre, y fue completado con la pasión del Salvador. Este domingo nos recuerda que nos debemos preparar recordando las tribulaciones y los sufrimientos de nuestro Salvador… considerando lo que Dios ha hecho por nosotros, y dándonos animo para que podamos imitarlo. Y, si fuera necesario, como lo dice la Escritura, el Hijo de Dios entrara en su gloria y en su reino después de pasar una multitud de vicisitudes y tribulaciones, y nosotros estamos engañados si pensamos que podemos entrar allí de alguna otra manera. Amemos: amemos nuestros pequeños sufrimientos y preparémonos considerando los sufrimientos de Nuestro Señor … Luchemos por dejar nuestro auto amor, nuestras inclinaciones, todo aquello que corrompe nuestra naturaleza y así Dios nos permitirá vivir una nueva vida, en su gracia y en su amor, en este mundo y después en su gloria por siempre, entregándose a si mismo como recompensa a nuestras pequeñas labores." (Conferencias , Exhortación XI, pagina 117 - 118)

Santa Juana también nos ayuda a considerar que la pasión de Jesús no se trata solo del sufrimiento: se trata ultimadamente de ser obediente, de mente abierta, y teniendo confianza en la Divina Providencia. "Es un punto verdadero y de la mas alta y sublime perfección cuando nos entregamos enteramente, cuando abrimos nuestra mente y obedecemos a los eventos de la Divina Providencia. Si nosotros nos entregamos verdaderamente a la Providencia nos sentiremos felices ya estemos acá o a cien millas de acá; y aun mas en la Providencia tendremos mas del placer de Dios y menos de nuestra propia satisfacción. No tendría ninguna consecuencia si bien fuésemos exaltados o humillados, si fuésemos guiados por una mano o por la otra, si sufriésemos una sequía, o la aridez, o la lamentación, o la privación o si fuésemos consolados por la Divina Providencia y disfrutando de Dios. De hecho, deberíamos mantenernos en las buenas manos de este gran Dios como tela en las manos de un sastre quien la corta de cien formas para usarlas como el lo desea a medida que diseña y sin que nada lo distraiga ni lo detenga. Así pues nosotros debemos soportar que la mano ponderosa de Dios nos corte, nos martillee y nos esculpa de acuerdo a su voluntad y sus deseos, y así hacernos piedras dignas de adornar su edificio." (Conferencia XLI, pp. 280 - 281)

Ahora que reflexionamos sobre la pasión de Jesús – la generosidad de Jesús- la obediencia de Jesús- la entrega de Jesús – nos da la oportunidad de examinar nuestra propia pasión por la rectitud, nuestra propia generosidad hacia los demás, nuestra propia obediencia para con la voluntad del Padre y nuestra propia disposición para entregarnos y para que nuestros corazones, nuestras mentes y nuestras acciones puedan reflejar mas fielmente el amor de Dios quien nos invita cada día a continuar al ministerio de Jesús en formas que encajen con el estado en el que se encuentra nuestra vida.

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA (Abril 2, 2017)

Enfasis Sugerido

“Yo pondré mi espíritu en ustedes para que puedan vivir.” “Ustedes están en el espíritu, desde que el Espíritu de Dios habita en ustedes.”

Perspectiva Salesiana

En vez de nosotros hablar de lo que Francisco de Sales dice sobre la vida en el Espíritu de Dios, vamos a permitir que el mismo hable- o en este caso – que escriba por si mismo.

“Vivir de acuerdo con el espíritu significa pensar, hablar y actuar de acuerdo con las virtudes que residen en el espíritu y no de acuerdo con los sentidos y los sentimientos que residen en la carne. Debemos hacer uso y aprender a dominar estos últimos y no a vivir conforme a ellos; pero las virtudes espirituales deben ser cultivadas y todo lo demás debe ser sujeto a ellas.”

“Cuales son las virtudes del espíritu? Hay fe que nos muestra ciertas verdades que no son accesibles a los sentidos; la esperanza que nos hace luchar para obtener cosas que no podemos ver; la caridad, que nos hace amar a Dios por sobre todas las cosas y a los demás tanto como a nosotros mismos, no con un amor sensual, natural o egoísta, sino con un amor que es puro, firme, que nunca cambia y que esta basado en Dios.”

“El espíritu, que depende de la fe, crece en coraje cuando esta rodeado de dificultades por que sabe muy bien que Dios ama, apoya y ayuda a aquellos que están necesitados, siempre y cuando ellos pongan sus esperanzas en Dios. La razón humana, en contraste, quiere conocer todo lo que sucede por que imagina que si no tiene nada que decir acerca de algo es que ese algo no es bueno; el espíritu por el contrario se aferra a Dios y muchas veces argumenta que cualquier cosa que no sea de Dios realmente no importa…”

“Vivir de acuerdo con el espíritu significa hacer las cosas que el Espíritu de Dios nos pide que hagamos, diciendo las palabras y pensando los pensamientos que Dios quiere. Y cuando yo escribo “diciendo las palabras y pensando los pensamientos que Dios quiere” me refiero a esos pensamientos y palabras controlados por nuestra voluntad. Me siento miserable y por eso no me siento con ganas de hablar: lo mismo hacen hasta los loros. Me siento miserable, pero como la caridad exige que yo hable lo haré. Eso es lo que las personas que viven en el espíritu hacen. Yo he sido desairado y me regocijo: esto es lo que los apóstoles hicieron. Así pues, vivir de acuerdo con el espíritu es hacer lo que la fe, la esperanza y la caridad nos enseñan que debemos hacer, ya sea en cuanto a las cosas temporales o las cosas espirituales.”

“Vivan completamente en el Espíritu; vivan gentilmente y en paz. Tengan la confianza que Dios los ayudara, y que cualquier cosa que pase ustedes reposan en los brazos misericordiosos y bondadosos de Dios. Que Dios este con ustedes siempre.”

El Espíritu esta vivo en nosotros, activo en nuestras vidas, moldea nuestras actitudes, impacta nuestras acciones. Esto es obvio para todas aquellas personas que encontramos a diario.

O no?

(Estas citas han sido tomadas en su totalidad de una carta escrita en Abril o Mayo 1616 a la Hermana Marie-Aimee de Bloney, maestro de las Novicias de la Visitación de Lyons, Francia. Se puede encontrar en las Cartas Selectas de San Francisco de Sales. Traducidas con una Introducción por Elisabeth Stopp. Publicadas en 1960 por Harper & Brothers)

CUARTO DOMINDO DE LA CUARESMA (Marzo 26, 2017)

Enfasis Sugerido

“Vivan como hijos de la luz porque la luz produce toda clase de bondad, de rectitud y de verdad.”

Perspectiva Salesiana

La ceguera es curada por el roce de la mano de Jesús. El expresar nuestra fe- siendo Fuentes de toque de Jesús en las vidas de los demás – permite que ellos puedan ver y experimentar el poder sanador de Jesús también.

Jesús tomo la iniciativa cuando curo la ceguera del muchacho que había nacido así. Este milagro permitió que otras personas pudieran alcanzar un mejor entendimiento de Jesús y de su misión.

El muchacho dialogo con las autoridades con respecto a su curación. Al hacerlo el alcanzo un mejor entendimiento de Jesús por si mismo y así pudo desafiar a las autoridades con respecto a sus creencias.

Francisco de Sales escribió en la Introducción a la Vida Devota (3,26) “Si ustedes aman a Dios, hablaran de El de seguido en sus conversaciones familiares con aquellos que habitan en sus casas, con sus amigos y con sus vecinos…Pero hablen siempre de Dios, como Dios: con reverencia y con devoción, no con ostentación sino con un espíritu sumiso, caritativo y humilde…Oren en secreto a Dios en el fondo de su alma para que así puedan complacerlo, para que este rocío sagrado llegue hasta lo profundo de los corazones de aquellos que los escuchen.”

A medida que el joven continuaba hablando de Jesús, el descubrió el misterio de lo que le había sucedido y de cuanto Jesús significaba para el. El paso de ver a Jesús como un obrador de milagros, a reconocerlo, a creer que el era el Hijo de Dios (“el lo veneraba”). Gradualmente el llego a conocer a Jesús en su totalidad, encontrando y haciendo esa verdad su verdad e indudablemente cambiando su vida para siempre.

Durante esta temporada de Cuaresma, el Sacramento de la Reconciliación nos provee con ese toque de Jesús que cura nuestra propia ceguera, nuestra debilidad, y nuestra pecaminosidad. La oración y la meditación nos proveen los medios para que el ministerio nos sea revelado para nuestra propia redención. Leer y escuchar la Palabra de Dios en las Escrituras y compartirla con los demás en los grupos de estudios bíblicos y en otras reuniones menos formales nos permite alcanzar un mayor entendimiento sobre como podemos ser participes de la misión de Jesús y de su Iglesia.

Abrirnos al regalo de la fe nos permite ver a los demás de la misma en forma que Dios los ve: Samuel vio en David al hombre que Dios había ungido.

San Pablo en su carta a los Efesos dice, “Vivan como hijos de la luz, por que la luz produce toda clase de bondad, de rectitud y de verdad.”

Si nuestro estilo de vida como cristianos se convierte en un desafío para los demás, nosotros podemos expresar nuestras creencias con humildad. Tenemos que aceptar el regalo de la gracia que hemos recibido no solo como un regalo sino también como una responsabilidad: para ayudar a los demás a que se abran también a la gracia y para que sean curados de su propia ceguera, para que lleguen a ver y a experimentar la luz que encontramos solamente en la vida, la muerte, la resurrección y el amor de Jesucristo.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

TERCER DOMINGO DE CUARESMA (Marzo 19, 2017)

Enfasis Sugerido

"El Señor esta entre nosotros o no?"

Perspectiva Salesiana

Esta ha sido una pregunta que ha trascendido de generación en generación, que casi siempre sale a relucir en momentos de crisis y de confusión, o cuando experimentamos sufrimientos, tragedias, injusticias o perdidas.

Furiosos, frustrados y desilusionados, los Israelitas – nuestros ancestros espirituales – le hicieron la misma pregunta a Moisés, durante la travesía aparentemente sin rumbo definido por la cual habían sido guiados. Nosotros hacemos esta misma pregunta a nuestro modo todos los días ya sea a causa de los eventos globales como el terrorismo, la guerra, las hambrunas y las epidemias, o a causa de nuestros propios conflictos como el desempleo, la enfermedad, la muerte y las relaciones humanas.

Además, esta pregunta es perfecta para que reflexionemos a medida que avanzamos en la temporada de la Cuaresma.

Al menos intelectualmente hablando, nosotros si creemos que Dios se halla verdaderamente entre nosotros. Francisco de Sales lo creía también, pero para el esta creencia no era algo netamente intelectual: era una creencia fundamental “No hay ningún lugar, ninguna cosa en este mundo en la que Dios no se halla verdaderamente presente. Así como donde quiera que las aves vuelan siempre encuentran aire, de la misma forma donde quiera que nosotros vayamos allí encontraremos a Dios presente.” ( Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capitulo 2)

No obstante, en nuestro afán de que Dios haga que el agua fluya de la piedra en tiempos de adversidad, muchas veces olvidamos el hecho de que EL ha estado con nosotros en todo momento. En los momentos de crisis, aquellos que nos animan con una palabra amable, con un gesto de amistad o con un oído atento están reflejando la presencia inmediata de Dios en nuestras vidas; una presencia de la misma forma experimentada en la lectura de las Escrituras que hemos escuchado, la Eucaristía que hemos compartido, y la oración que emana de nosotros.

Aun así, nos llenamos de pánico y no vemos lo que es obvio cuando estamos buscando freneticamente al Señor, especialmente durante los momentos de gran necesidad. Nos olvidamos que Dios esta tan cerca de nosotros como el aire que respiramos; un error que la mujer Samaritana casi comete en su propio encuentro con Jesús junto al pozo. El Señor esta junto a ella – de hecho El esta justo en frente de ella- pero el hecho de que un hombre Judío espontáneamente le pidiese algo de beber es tan sorprendente para ella que casi es incapaz de reconocer aquel quien le esta hablando. Felizmente, ella se da cuenta de que “posiblemente sea Cristo” y la gratitud que siente la mueve a dejar abandonada la jarra con agua y a correr hacia el pueblo para anunciar a los habitantes las Buenas Nuevas de su encuentro con Jesús.

Ya sea en el desierto o junto al pozo, las señales de la presencia de Dios siempre se hallan entre nosotros y, así como la mujer del Evangelio, esto es algo por lo que tenemos que estar agradecidos. La gratitud que sentimos y que expresamos por estas señales produce confianza: confianza en Dios y confianza en aquellos quienes son señales del amor de Dios para con nosotros. “Solamente confine en el Señor,” escribe San. Francisco de Sales, “y El continuara guiándolos con prudencia para que puedan afrontar cualquier cosa. Dondequiera que ustedes no puedan caminar, Dios los llevara en Sus brazos.”

Oremos para que podamos convertirnos en señales de la presencia de Dios en las vidas de los demás, como muestra de gratitud por todos aquellos momentos en que el Señor nos ha llevado entre sus brazos.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA (Marzo 12, 2017)

Enfasis Sugerido

“El fue transfigurado ante sus ojos …”

Perspectiva Salesiana

Jesús lleva a Pedro, Pablo y a Juan, el Hermano de Santiago a una montaña alta. Allí, ante sus ojos, Jesús fue transfigurado. Ellos vieron su gloria enceguecedora y radiante. Ellos pudieron ver claramente la relación de Jesús con todo lo que lo había precedido en la historia divina de la salvación y a través de Moisés y de Elías. Ellos escucharon una voz que confirmo la Unión de Jesús con Dios, Abba… Padre.

Algunas veces me pregunto: Fue Jesús el que cambio, o fue más bien que algo cambió dentro de los tres seguidores de Jesús?

Fue Jesús el que les mostró algo nuevo y diferente de si mismo, o fue que sus seguidores, por primera vez, pudieron ver sin dificultad y sin obstáculos la gloria deslumbrante que siempre fue parte del ministerio de Jesús para con los pobres, los desafortunados, los necesitados, los olvidados? Fue una nueva revelación para ellos el escuchar esa voz que hablaba de Jesús como el hijo amado, o fue que por primera vez estos hombres estaban escuchando una voz que siempre estuvo presente y activa desde el momento mismo de la concepción de Jesús?

Y que hay de nosotros? Somos capaces de ver la gloria que Dios nos ha dado y que se halla dentro de nosotros mismos tan claramente como los tres discípulos tuvieron la oportunidad de verla en Jesús? Somos capaces de ver como el plan divino de salvación de Dios nos ha llevado hasta el punto donde nuestra vida se encuentra ahora mismo? Tenemos la habilidad de reconocer el papel que cada uno ha sido llamado a desempeñar en ese mismo plan de salvación divina? Hemos escuchado la voz de Dios quien nos ha creado, quien nos ha redimido y nos ha inspirado a ser sus hijos amados, sus verdaderos hijos e hijas?

El mensaje no puede ser mas claro que la Palabra de Dios la cual hemos leído en el libro del Génesis. El mismo Dios quien hablo a nuestro ancestro Abraham es el mismo Dios quien se refiere a nosotros cuando dice: “Yo haré de ustedes una gran nación, y los bendeciré; Yo haré que su nombre sea grande para que ustedes mismos se conviertan en bendiciones. Yo bendeciré a aquellos que los bendigan… todas las comunidades de la tierra encontraran en ustedes una bendición”.

En la medida en que cada uno de nosotros seamos una bendición para los demás (que es muy distinto a ser una maldición) la gloria deslumbrante de Dios brillara en nosotros; la voluntad de Dios es revelada a través de nosotros; la amorosa voz de Dios esta personificada en nosotros… para que el mundo entero pueda verla. No solo en la cima de la montaña de la vida, sino también en los valles y las planicies de la convivencia diaria.

A medida que transcurre esta temporada de la Cuaresma, pidamos para que podamos obtener la gracia de ver no solo la gloria de Jesús, quien siempre esta con nosotros, sino también la gloria que Dios nos ha dado y que brilla dentro de nosotros y dentro de todos aquellos cuyas vidas hemos influenciado. No escuchemos solamente la voz de Dios que habla de Jesús como un hijo, escuchemos también la voz de ese mismo Dios quien nos llama sus hijos e hijas en las circunstancias, las relaciones y las experiencias que vivimos cada día de nuestras vidas.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA (Marzo 5, 2017)

Enfasis Sugerido

“Jesús fue guiado por el Espíritu hacia el desierto, donde fue tentado por el demonio”

Perspectiva Salesiana

Cuando Jesús se preparaba para comenzar su ministerio público – para proclamar las Buenas Nuevas del Reino de Dios – para ser la clase de Mesías que Su Padre había imaginado – para abrir su mente y su corazón al poder y a la promesa del Espíritu Santo – fue tentado.

Tentado a que convirtiera la piedra en pan: a usar su poder de salvación para su propia conveniencia. Tentado a que se conformara con reinos terrestres, tentado a encontrar su satisfacción en una gloria y una majestad pasajera. Tentado a que se arrojara del templo, presumiblemente para convencer a las personas de su identidad y de su autoridad a través de un solo evento dramático, un evento titular.

Fundamentalmente, Jesús fue tentado para que se convirtiera en alguien diferente de quien Dios quería que el fuera. Jesús fue tentado a ser una clase diferente de salvador. Jesús fue tentado a creer que había una forma más fácil de redimir, de salvar, de santificar. Jesús fue tentado a creer que podía tomar un atajo en el camino hacia la salvación, un camino “estándar para todos” hacia la redención.

Todos nosotros nos podemos identificar con este tipo de tentaciones. Cuantas veces nos repetimos que seriamos más felices, más sanos y más santos si fuéramos otra persona? Cuantas veces decimos que debe haber otra manera (osea, una forma mas fácil, una forma menos inconveniente) de ser una mejor esposa, un mejor esposo, un mejor hijo o una mejor hija, una buena hermana o buen hermano, un buen amigo o un mejor vecino? La verdadera tragedia es que si nosotros pasamos nuestras vidas creyendo que estaríamos mejor si fuésemos alguien más o si estuviésemos en algún otro lugar, nunca vamos a vivir la vida –la única vida- que Dios nos ha dado.

Francisco de Sales escribió: “No siembres tus deseos en el jardín de otra persona; cultiva el tuyo como mejor puedas. No trates de ser alguien que no eres, más bien desea profundamente ser quien eres. Concentren todos sus pensamientos en eso, en hacerlo bien y en llevar las cruces, ya sean grandes o pequeñas, que encuentren en el camino. Créanme, este es el punto mas importante – y el mas malinterpretado- en la vida espiritual”. (Cartas de Dirección Espiritual, p. 112)

Jesús fue tentado a ser alguien diferente de quien el Padre quería que el fuera. Jesús fue tentado a abandonar el camino autentico que conduce al amor, y a cambiarlo por la promesa vacía y malvada de poder llegar a el a través de un atajo: Jesús fue tentado a salirse por la vía (aparentemente) fácil. Aun así, su creencia en el plan de Dios para el le permitió a Jesús repudiar la promesa vacía de una solución a la ligera, y a que escogiera el camino que lleva a la verdadera felicidad, la salud y la santidad.

Ahora que cursamos esta temporada de la Cuaresma, pidamos para que nos sea otorgado el coraje que necesitamos para reconocer la voz del tentador que vive dentro de nosotros. Pidamos para que nos sea otorgada la perspicacia necesaria para poder identificar las maneras en que podemos llegar a ser tentados a pasarnos la vida deseando ser otras personas. Pidamos que se nos otorgue la gracia y la fuerza para seguir el ejemplo de Cristo, aquel que nos ha mostrado que el amor no es cuestión de soluciones a la ligera, y que al camino del amor no se llega a través de atajos: el amor requiere que estemos dispuestos a ir hasta donde sea necesario… fielmente, día a día, y con cada persona en su momento.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

Miércoles de Ceniza (Marzo 1 de 2017)

Perspectiva Salesiana

La Cuaresma es un tiempo en el que cada uno de nosotros recibe un reto: que reconozcamos nuestra necesidad de conversión. La invitación que recibimos es para que examinemos más de cerca nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, y con los demás. Dicho de forma más simple, la Cuaresma nos llama a reconocer los pecados, vicios, debilidades—todo aquello— que no permite que la dignidad divina que Dios nos ha dado, se haga realidad en nuestros pensamientos, en nuestras palabras, y en nuestros actos.

Para esta travesía interna, se ha popularizado un ritual que principalmente se basa en “abstenernos” de hacer ciertas cosas durante la Cuaresma. Habrá algunos de ustedes que dejarán de fumar tabaco, otros evitarán el alcohol, y otros tantos renunciarán a comer postres. En resumen, dejamos de hacer algo que normalmente disfrutaríamos.

Dicho en un lenguaje tradicional, la Cuaresma es un tiempo para ayunar.

Francisco de Sales no fue ajeno al ayuno, o al concepto de la “privación”, durante la Cuaresma. El aprobaba que las personas hicieran ayuno, siempre y cuando este cumpliera con tres condiciones.

Primero , nuestro ayuno “debe ser íntegro y universal”. Nuestra “abstinencia” no puede estar limitada a privar nuestras bocas de alimento, bebida, u otros manjares. Francisco insiste en que, entre otras cosas, debemos privar nuestros ojos de todo aquello que sea “frívolo” y malsano. Debemos negar a nuestros oídos las conversaciones “pueriles”, y todo tipo de habladurías. Debemos negar a nuestra lengua todo tipo de palabras que sean utilizadas para calumniar, acusar, o injuriar. Debemos evitar los “pensamientos inútiles, los recuerdos triviales, y todos esos apetitos y deseos superfluos”, propios de nuestra voluntad. Segundo, el ayuno no debe hacerse para satisfacer la curiosidad de los demás. Por el contrario, el propósito de nuestra “privación’ es que sea Dios quien la examine. Tercero, todos nuestros actos, incluyendo el ayuno, deben tener como objetivo “complacer solamente a Dios, a quien debemos todo el honor y toda la gloria”.

Aún así, el ayuno es solamente una parte de la historia. ¡La Cuaresma es también es una temporada para celebrar!

En su libro Un Sentido de Sexualidad (Doubleday 1989) los doctores Evelyn y James Whitehead nos recuerdan que “el ayuno en su máxima expresión, no es un acto puramente ni de castigo ni de abstención. Nosotros no ayunamos solamente para evitar el mal, sino también para recuperar los bienes olvidados”. Dicho de otra forma, “el ‘no’ del ayuno es fructífero, sólo cuando encierra un ‘si’ de un profundo valor para nuestra vida”. La rigurosa disciplina de la festividad complementa nuestro ayuno; necesitamos tener algo por lo cual ayunamos.

Es correcto. Celebrar requiere tanta disciplina como ayunar. La disciplina en un festín celebra de buena forma, y efusivamente, las bendiciones de Dios, sin dejarse llevar por el egoísmo y los excesos.

La Cuaresma entonces se trata más de “hacer” que de “prescindir de”. San Francisco de Sales escribe en su Introducción a la Vida Devota: “Tanto el ayuno como el trabajo nos mortifican y nos disciplinan. Si el trabajo que ustedes hacen contribuye a la gloria de Dios, y a su propio bienestar, yo prefiero mil veces que ustedes aguanten la disciplina del trabajo, y no la del ayuno”. El añade: "Hay personas que conciben el ayuno como algo desagradable, otras consideran desagradable ayudar a los enfermos, otras visitar a los presos, otras escuchar confesiones, otras predicar, otras prestar ayuda a los necesitados, otras orar, otras hacer obras similares. Estas penas tienen tanto valor como las demás".

Ya sea por medio del ayuno o la celebración, ya sea alejándonos del pecado o aceptando la virtud, estos cuarenta días de la Cuaresma se tratan de la fuente de nuestras acciones, de lo que llevamos “por dentro”: nuestro corazón, nuestra mente, nuestros pensamientos, sentimientos, actitudes, esperanzas y miedos. Se tratan de la travesía del alma y del espíritu. “Por mi parte,” dice Francisco de Sales, “me parece que deberíamos comenzar con nuestro interior”.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

OCTAVO DOMINGO EN EL TIEMPO ORDINARIO (Febrero 26, 2017)

Enfasis Sugerido

¿ Puede acaso una madre olvidarse de su hijo, no sentir ternura por la criatura en su vientre? Aún si ella lo olvidara, yo jamás lo olvidaré”

Perspectiva Salesiana

Está de más decir que todos hemos pasado por momentos en nuestras vidas en que nos sentimos plenamente identificados con las palabras de hoy, tomadas del capítulo cuarenta y nueve del Libro del Profeta Isaías: “El Señor me ha abandonado, mi Señor se ha olvidado de mi”. Cualquiera que sea la circunstancia- la pérdida de un trabajo, una enfermedad grave, la muerte de un ser amado, el fin de una relación- todos y cada uno de nosotros nos hemos preguntado si acaso habremos desaparecido de la pantalla del radar divino de Dios. Sin embargo, aquello que experimentamos en tiempos difíciles y problemáticos no es olvido por parte de Dios, irónicamente, puede que de hecho seamos nosotros quienes se olvidan de Él.

En la Introducción a la Vida Devota San Francisco de Sales nos dice: “Dios está en todas las cosas, y en todas partes. No hay un solo lugar u objeto en este mundo en donde Dios no esté realmente presente. Todos conocemos esta verdad, pero no todos la mantenemos presente en nuestras mentes. Los ciegos no tienen forma de saber cuando un príncipe se encuentra entre ellos, por lo tanto no le demuestran el tipo de respeto que exhiben una vez han sido informados de su presencia. No obstante, como no pueden verlo fácilmente, se olvidan de su presencia, y una vez la han olvidado, dejan a un lado el respeto y la reverencia que es debida. Desafortunadamente nosotros no podemos ver a Dios aún cuando El está presente entre nosotros: Aún cuando la fe nos garantiza Su presencia constante, como no podemos verlo con nuestros propios ojos, frecuentemente nos olvidamos de Él y nos comportamos como si estuviera completamente alejado de nosotros. …” (Parte II, Cap. 2).

El asunto no es que intencionalmente escogemos olvidarnos de Dios. Lo que sucede es que la mayoría de los días simplemente es como dice el dicho, “ojos que no ven, corazón que no siente”. Es cierto que los tiempos difíciles y las preocupaciones agudizan nuestra percepción de lo que interpretamos como la ausencia de Dios. Pero lo que realmente ocurre, y con demasiada frecuencia- especialmente en los momentos del diario vivir- es que nos olvidamos que Su presencia es real y constante. Habiendo dicho esto, la realidad es que las malas pasadas que a veces nos juega la vida son lo suficientemente duras de afrontar, como para que también nos sintamos abandonados por Dios. Francisco de Sales nos aconseja lo siguiente: “recuerden que Dios no sólo está presente donde ustedes están, sino que también está presente de forma muy especial en sus corazones, en el centro mismo de su espíritu… Esto no es de ninguna manera un producto de la imaginación, es la absoluta verdad. Aún si no podemos verlo, la realidad es que Dios nos contempla desde las alturas”. (Ibid)

Durante los tiempos difíciles – durante los buenos tiempos– recuerden (sin intención de bromear) que Dios no se ha olvidado de ustedes: El jamás se olvidará de ustedes. Aún si no podemos verlo con nuestros propios ojos, Dios siempre mantiene su ojo fijo en nosotros, por así decirlo. Más importante aún, Dios mora en nosotros, de forma muy íntima, en nuestras mentes y en nuestros corazones, en nuestro cuerpo, en nuestras almas, en nuestros espíritus. Dios siempre está con nosotros, en nosotros, y entre nosotros.

Traten de recordar eso…siempre.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

SEPTIMO DOMINGO EN EL TIEMPO ORDINARIO (Febrero 19, 2017)

Enfasis Sugerido

“Ustedes han escuchado esto antes…pero ahora soy yo quien se los dice”

Perspectiva Salesiana

En el Evangelio de hoy Jesús retoma sus palabras del domingo pasado, añadiendo aún más versos a su versión de la canción “Un Amor Superior”. Jesús proclama que no es suficiente asegurarnos de que las represalias que tomemos sean justas, simplemente no deberíamos tomar ningún tipo de represalias. No es suficiente amar a nuestros vecinos y al mismo tiempo que odiamos a nuestros enemigos, también debemos amar a nuestros enemigos, debemos orar por quienes nos hostigan. Cuando alguien nos pida que andemos cierta distancia, debemos tratar de ir aun más allá. Cuando se nos solicite ayuda, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance sin esperar ningún tipo de retribución a nuestra generosidad. Si alguien nos golpea en una mejilla, ofrezcámosle la otra.

Aun así, sería un error que llegásemos a interpretar las palabras de Jesús como una invitación a ser débiles, a ser objetos decorativos, o tapetes que todo el mundo pisa: hay ciertos momentos en la vida de una persona (al igual que le ocurrió a Jesús durante su vida) en que – aún a pesar de todos nuestros intentos por poner buena cara frente al mal tiempo- simplemente, enfáticamente, debemos defender lo que es correcto. El reto entonces consiste en aprender a defendernos de los demás, pero sin permitir que se genere odio en nuestros corazones hacia ellos. Como nos recuerda el libro del Levítico: “Aunque a veces tengan que reprender a sus conciudadanos, no se permitan incurrir en el pecado por culpa de ellos. No sean vengativos, y no alberguen ningún rencor en contra de su gente”.

En su Introducción a la Vida Devota Francisco de Sales observa lo siguiente: “No hay nada que calme a un elefante enfurecido mas rápido que ver a un pequeño cordero (nota del escritor: ¡ustedes primero!). Nada disminuye la fuerza de un cañonazo con tanta facilidad como la lana. No otorgamos tanto valor a los correctivos que surgen de la ira– aún cuando tienen un tinte de razón- como a los correctivos que son resultado de la razón únicamente. Cuando los príncipes visitan sus pueblos en comitivas de paz, el pueblo los honra, esto les produce gran dicha. Pero cuando se presentan a la cabeza de ejércitos- aún si lo hacen por el bien común- sus visitas resultan desagradables, incluso contraproducentes. Igualmente, mientras que sea la razón la que reine, reprenda apaciblemente, corrija, y advierta – aún si lo hace severa y puntualmente- todo el mundo la amará y aceptará”. (Parte III, Cap. 8)

Si nos vemos en la obligación de defendernos, debemos evitar derribar a los demás para hacerlo. Si debemos corregir, regañar, o censurar a los demás, hagámoslo sin permitir que el resentimiento nos corrompa. Si debemos trabajar en aras de la paz, hagámoslo pero sin emplear ningún medio injusto. Por experiencia propia sabemos que a veces esto resulta mas fácil decirlo que hacerlo: cuando la justicia realmente requiere que impidamos que alguien nos golpee, o que golpee a otra persona, en la otra mejilla, ¡lo más seguro es que inintencionadamente resultemos golpeándolos a ellos primero! Francisco de Sales nos ofrece el siguiente consejo, para esos momentos en que hacemos lo correcto de la forma equivocada: “cuando se percaten de que son culpables de haberse dejado llevar por la ira, corrijan la falta inmediatamente teniendo un gesto de bondad con la persona con quien se enojaron. Así como el remedio soberano en contra de la mentira es contradecir la falsedad en el mismo instante en que la hemos pronunciado, debemos aprender a reparar las faltas cometidas a causa de nuestro enojo por medio de un acto instantáneo de humildad. Como dice el dicho, las heridas frescas son las que más rápido sanan”. (Ibid)

Como claramente hemos observado en la vida de Jesús, vivir un “amor superior” muchas veces no se trata tanto de lo que hacemos – o no hacemos- a los demás. Tiene mucho más que ver con cómo hacemos – o no - con los demás.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

SEXTO DOMINGO EN EL TIEMPO ORDINARIO (Febrero 12 de 2017)

Enfasis Sugerido

“Ustedes han escuchado esto antes... pero ahora soy yo quien se los dice”

Perspectiva Salesiana

Consideren lo siguiente, debe existir un amor superior,
Ya sea en lo profundo del corazón, o escondido en la estrellas.
Sin este amor la vida es un desperdicio de tiempo.
Miren dentro de sus corazones, yo mirare dentro del mío.
Las cosas parecen estar tan mal en todas partes.
¿Qué existe en este mundo que sea justo?
Todos caminamos a ciegas tratando de ver,
Nos quedamos siempre un paso atrás de lo que puede ser.

Concédeme un amor superior, concédeme un amor superior
Concédeme un amor superior, ¿dónde se halla ese amor superior en el cual pienso todo el tiempo?

- Canción de Steve Winwood

En el Evangelio de hoy Jesús hace un llamado al amor “superior”. El nos exhorta a que evitemos ejercer, o buscar, el minimalismo spiritual, ósea, que nos limitemos a cumplir con los mínimos requerimientos para cualquier cosa que hacemos: a vivir la vida en base al método de “así nada más está bien”. Jesús claramente eleva el estándar cuando dice a sus oyentes: no es suficiente que eviten matar a sus vecinos, deben evitar enfadarse con ellos - o albergar rencores en su contra. En efecto, ustedes deben reconciliarse con los demás. No es suficiente evitar el adulterio, también debemos evitar tratar a los demás de formas que los deshumanicen, o los rebajen, tan sólo para satisfacernos o para aprovecharnos de ellos. Ciertamente, el tiempo que desperdiciamos fijándonos en los demás sería mucho más provechoso si lo empleáramos examinándonos a nosotros mismos. No es suficiente tratar de no jurar en falso, deberían evitar involucrarse en cualquier situación en la que se vean obligados a jurar cualquier cosa. Simplemente digan lo que piensan, y asegúrense que su forma de actuar sea consistente con lo que dicen.

El “amor superior” de Jesús realmente equivale al núcleo de la noción de la “devoción” que maneja San Francisco. El escribió: “La devoción viviente y genuina presupone amor de Dios, por lo tanto se traduce simplemente en verdadero amor por El. Aunque no siempre es amor como tal. En la medida en que el amor divino adorna el alma, le llamamos gracia; la cual nos hace gratos ante la Divina Majestad. En la medida en que el amor divino nos fortalece para que hagamos el bien, le llamamos caridad. Cuando ha alcanzado un grado de perfección en el que, no sólo nos lleva a hacer el bien, sino también a hacerlo con cuidado, frecuentemente, y sin demora, es entonces que le llamamos devoción… Ese amor además, nos impulsa a hacer tantas buenas obras, con tanta prontitud, y con tanto cariño como nos sea posible; y no sólo aquellas obras que nos han sido encomendadas, sino incluso aquellas que nos nace hacer por inspiración o consejo”. (IDL, Parte 1, Cap. 1)

San Francisco de Sales por su parte también nos reta a que evitemos caer en el minimalismo espiritual. No es suficiente que tratemos de no decir mentiras, debemos ser honestos. No es suficiente que evitemos la glotonería, debemos ser disciplinados. No es suficiente que evitemos ser mezquinos, debemos ser generosos. No es suficiente que evitemos herir a los demás, debemos sanar a los demás.

Dios, ayúdanos a alcanzar ese amor supremo. Ayúdanos a no dedicarnos a dejar que la vida simplemente nos pase “de largo”. Ayúdanos a comprender lo que realmente significa estar vivos… amando plenamente.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

QUINTO DOMINGO EN EL TIEMPO ORDINARIO (Febrero 5 de 2017)

Enfasis Sugerido

“Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo”

Perspectiva Salesiana

Jesús proclama a todo el que desea seguirlo, que ellos deben ser la luz del mundo y la sal de la tierra. Estas imágenes son muy poderosas, tan poderosas hoy como cuando Cristo las pronunció por primera vez. Para quienes han sido discípulos a través del tiempo y en varios lugares, estas imágenes significan mucho más que un elogio a sus egos. No, para ellos significan un reto constante a que se atrevan a convertirse para Dios, y para los demás, en lo que Jesús mismo estuvo tan claramente dispuesto a ser.

Ser una luz para el mundo significa iluminar a los demás con la verdad y la misericordia de Dios. De igual manera, esa misma luz debe dejar al descubierto los pecados del orgullo, la envidia, la maldad, la indiferencia, la injusticia, y todo aquello que nos impide ver la divina verdad y misericordia que Cristo ha obtenido para nosotros. En la medida en que el pecado es todo aquello que nos impide ver en nosotros, y en los demás, la luz y el amor de Jesucristo, una vez sacamos a relucir ese pecado, no solamente nos estamos liberando de la oscuridad, sino que esto también nos dará una mayor capacidad para obrar de buena forma, de forma vigorizante.

En la luz de Jesús observamos la fuente de toda luz. Podemos ver el amor creativo del Padre; podemos recibir el amor redentor de Jesús; podemos experimentar el amor inspirador del Espíritu. Aun así, no es suficiente dejar que esa luz brille sólo para los demás: también debemos permitir que esa luz penetre e impregne cada fibra de nuestro ser. El estímulo más grande que podemos ofrecer a los demás, es cuando les demostramos como la luz que Dios nos ha otorgado nos está, de hecho y primordialmente, transformando a nosotros.

Ser la sal quiere decir aceptar el hecho de que nuestros esfuerzos – o la falta de esfuerzos – por seguir a Cristo, tienen un impacto directo en los demás, aún si nosotros somos conscientes o no de ese hecho. Hay ocasiones en nuestra vida en que perdemos el gusto por Dios y/o por las cosas de Dios: frecuentemente esto queda evidenciado en nuestros sentimientos de incompetencia, y/o en nuestra indiferencia por la práctica de las virtudes. Todos tenemos momentos en que nos sentimos tentados a creer que los esfuerzos que hacemos a diario por seguir a Cristo simplemente no tienen ningún tipo de incidencia positiva en las vidas de los demás, y mucho menos en el plan general de Dios para la salvación. Aun así, a diferencia de la sal, nosotros podemos recobrar el gusto por las obras buenas y correctas por medio de la oración, los sacramentos, y quizás aún mejor, si redoblamos – e incluso triplicamos- nuestro empeño por poner en práctica esas mismas virtudes las cuales estamos tentados a dejar a un lado.

Cuando sintamos la tentación de cuestionar nuestra eficacia como testigos del poder y la promesa del amor creativo, redentor, inspirador, sanador y desafiante de Dios en nuestra vida diaria e imperfecta, busquemos consuelo y ánimo en una verdad que es tan cierta para la luz como para la sal: que incluso la cantidad más pequeña de ambas nos alcanza para hacer mucho.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.

La Presentación del Señor (2 de Febrero de 2014)

Énfasis Sugerido

"Dado que los niños son personas de carne y hueso, Jesús viven plenamente en ellos..."

Perspectiva Salesiana

“Dios ha empleado muchas maneras y diversos medios para manifestarnos Su deseo de que todos seamos salvados, y de que nadie ignore este hecho. Para este propósito, Él nos hizo “a Su imagen y semejanza” durante la Creación, y por medio de la Encarnación fue Él quien asumió nuestra imagen y semejanza, y consecuentemente padeció la muerte para poder rescatar y salvar a toda la humanidad” (Tratado Sobre el Amor de Dios, Libro 8, Capítulo 4).

Seguramente todos estamos muy familiarizados con el hecho de que, a través de la Creación, todos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios. Por otra parte, es probable no todos sepamos que Dios, a través de la Encarnación, se hizo a Sí mismo a nuestra imagen y semejanza. Independientemente de si estamos al tanto de estos sucesos o no, ambos son una realidad.

San Francisco de Sales se sentía captivado por la noción de que Dios pudiera amarnos tanto, que no solamente viniera a estar entre nosotros, sino que ¡se haya convertido en uno de nosotros! ¡Dios asumió nuestra naturaleza! En la persona de Jesús, Dios obtuvo conocimiento de primera mano, y experimentó lo que significa dormir, levantarse, trabajar, descansar, bailar, llorar, lamentarse, luchar, tener éxito y soñar. Por medio de esta experiencia, Jesús no solamente redimió lo que significa ser humano, también celebró lo que significa ser humano – ser humano de la forma en que Dios sueña que lo seamos.

El autor de la carta a los Hebreos también creía en esta verdad. Él escribe que, “Jesús supo realmente lo que fue ser” de carne y hueso...y “tuvo que asumir la semejanza de Sus hermanos (y hermanas) en todos los sentidos”. De esta forma, Jesús no solamente logró redimirnos, sino que también logró entendernos realmente.

Este es verdaderamente un gran misterio. Esta es verdaderamente una gran intimidad: Dios nos amó tanto, que asumió nuestra naturaleza… Él se hizo a Sí mismo a nuestra semejanza y según nuestra naturaleza - la mejor, la más verdadera naturaleza, tal y como Dios lo había destinado desde el inicio de los tiempos. De cierto sentido, a través de la Encarnación Dios nos muestra cuán cómodos podemos sentirnos en nuestra propia piel. ¿Cómo? Demostrándonos que Dios se siente cómodo en nuestra piel, ¡a través de la persona que fue Su hijo Jesucristo!

Dicho de una manera más simple, la naturaleza de Dios es estar con nosotros donde quiera que estemos – tal y cómo somos.

Jesús nos reta a que hagamos lo mismo cada día: que vayamos al encuentro de los demás, donde quiera que estén, tal y cómo sean, e invitarlos a sentirse cómodos en su propia piel a través de nuestros esfuerzos por sentirnos cómodos en la nuestra. En lugar de dejarnos llevar por la tentación de acercarnos a los demás sólo cuando consideramos que están listos o que son dignos, en lugar de esperar a que sean ellos los que den el primer paso en el baile de la vida, debemos abrirnos a ellos y ponernos en el lugar de los demás. Tal y como nos lo demostró Jesús con su ejemplo de vida: el primer paso en cualquier intento por ayudar, sostener y animar, por rescatar y redimir a otros, es llegar a conocerlos.

El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales.