CRISTO EL REY (Noviembre 26, 2017)

Énfasis Sugerido

“En cuanto a ustedes, mi rebaño, dice el Señor Dios, yo juzgaré entre las ovejas y los demás, entre los carneros y las cabras”.

Perspectiva Salesiana

Día del Juicio, Parte 2.

Todavía tiene un sentido de finalidad la frase, no?

Ya debería.

San Francisco de Sales escribió: “Consideren esa ultima frase dicha a los malvados: ‘Váyanse de mi, malditos, váyanse al fuego eterno que fue preparado por el demonio y su compañía’. Dense tiempo para comprender el peso de estas palabras. Váyanse, dice él. Es una palabra de abandono eterno que Dios pronuncia ante aquellas almas infelices, y a través de ella él los expulsa y los aleja de su vista para siempre. El los llama malditos… consideren por el contrario la frase que él tiene para los buenos. Vengan, dice el Juez. Ah, esta es la dulce palabra de la salvación a través de la cual Dios nos acerca a si mismo y nos recibe en el lecho de su bondad… Oh bienvenida esta bendición que incluye todas las bendiciones!” ( Introducción a la Vida Devota, Parte I, Capitulo 14)

La parábola del Evangelio de hoy es muy clara: Habrá un juicio final. También queda muy claro que el bueno y el malo no supieron reconocer como las semillas de este juicio final fueron plantadas en sus interacciones de cada día con los demás. Al releer el texto vemos que: ambos grupos hicieron la misma pregunta, “Cuándo los vimos… cuándo les dimos la bienvenida… cuándo los visitamos… cuándo les dimos…?” Casi hasta la llegada del ultimo día ambos grupos fracasaron a la hora de entender la naturaleza intima de la relación entre el juicio de Dios para con nosotros, y nuestras relaciones con los demás. En particular, ambos grupos fracasaron a la hora de reconocer la conexión entre el amor de Dios y el cumplimiento de los actos de amor simples y ordinarios con los demás.

Esta parábola nos reta a reconocer que el juicio final no es un evento de una sola vez: a los ojos de Dios – a los ojos del Dios que juzga con justicia verdadera- este juicio es continuo, es un evento de cada día. Dios esta extremadamente interesado en juzgar como nosotros debemos usar cada momento de nuestras vidas, y no simplemente el último.

Pero cuando esta parábola habla tan extensivamente del juicio de Dios también tiene mucho que decir sobre nuestro propio juicio. A la final, el juicio final esta impactado por la clase de juicio que nosotros usamos cuando nos relacionamos con los demás a diario, y durante los eventos, las circunstancias, las responsabilidades y las demandas más únicas y exclusivas, así como las mas ordinarias de la vida.

Qué dicen nuestros afectos, nuestras actitudes y acciones hacia los demás de la disposición definitiva de nuestras almas? Qué dice la forma en la que vivimos en esta tierra de nuestras vidas en lo que será el más allá?

Sean ustedes los jueces.

DOMINGO 33 EN TIEMPO ORDINARIO (Noviembre 19, 2017)

Énfasis Sugerido

“Bien hecho. Usted es un sirviente trabajador y confiable. Como pude depender de usted para un asunto pequeño de ahora en adelante lo pondré a cargo de tareas más grandes. Venga y comparta la dicha de su amo”.

Perspectiva Salesiana

Día del Juicio, Parte 1.

Esta frase lleva consigo un sentido de finalidad, no es cierto?

Pues debería.

San Francisco de Sales escribió: “Consideren la majestuosidad con la que el Juez soberano aparecerá, rodeado de todos los angeles y los santos. Ante él estará su cruz, brillando con mas fuerza que el sol, y será el estándar de la misericordia para los bueno y de castigo para los malvados. Por medio de este comando terrible, que será cumplido a cabalidad, este Juez soberano separará a los buenos de los malos poniendo los unos a su derecha y los otros a su izquierda. Será una separación eterna después de la cual estos dos grupos nunca más estarán juntos. Cuando esta separación haya sido hecha, y todas las consecuencias que esta acarrea hayan sido reveladas, veremos claramente la malicia de los malvados y el desden que han demostrado por Dios; y veremos también el arrepentimiento de los buenos y el efecto de las gracias que han recibido por parte de Dios. Nada permanecerá escondido”. (Introducción a la Vida Devota, Parte I, Capitulo 14)

En la próxima vida, nada estará oculto. En esta vida hay ciertas cosas en particular nunca deberían estar ocultas, estas son: los dones, las habilidades, los talentos, las artes y las gracias que Dios nos ha dado.

El Evangelio de hoy nos da una advertencia rigurosa y severa: no debemos devolver los dones que Dios nos ha dado y que no hayamos utilizado (no importa cuan grandes o pequeños sean).

Nunca duden que invertir estos dones en las vidas de los demás requiere no solo de nuestra buena disposición sino también implica que tomemos riesgos. Hay muy pocas garantías en esta vida. No podemos estar seguros de cómo vayamos a poder utilizar estos dones cualquiera día, o si los podremos usar de buena manera, o si nuestros dones han sido o no han sido apreciados, honrados, aceptados o bienvenidos por los demás. Aun así, debemos esmerarnos por ser prudentes, por tener cuidado, y por hacer buen uso del tiempo que Dios nos ha dado, y de los talentos y los tesoros con los que él nos ha dotado, y como parte de este esfuerzo debemos tener en cuenta: los riesgos que nosotros tomamos cuando compartimos lo que somos con los demás, y que estos riesgos no deben ser asumidos a la ligera ni de forma imprudente.

Aún así, no importa cuan riesgoso sea nombrar, acoger e invertir nuestros dones, nunca debemos permitir que las ansiedades del mundo incierto nos tienten y nos lleven a hacer lo impensable: a enterrar nuestro talento. Actuar como si no poseyéramos nada con qué honrar a Dios, o cómo servir las necesidades de los demás, es mucho peor que cualquier error que podamos llegar a cometer cualquier día en que hagamos un uso normal de nuestras habilidades.

En conclusión, lo mas seguro es que vamos a cometer errores cuando intentemos hacer buen uso de las gracias que Dios nos ha dado. Pero no hay error más grande que el de vivir nuestras vidas como si no tuviéramos ningún don que poner al servicio de Dios o de los demás; no hay ningún error peor que enterrar los dones que tenemos: nada peor que oscurecerlos a la luz del día.

Cuando tengan dudas manténgalos a la vista: por ustedes – por Dios y por los demás- para que ellos los vean. Y en ese proceso, compartan la dicha de su Amo… hoy!

DOMINGO 32 EN TIEMPO ORDINARIO (12 de Noviembre de 2017)

Énfasis Sugerido

“Deslumbrante y eterna es la Sabiduría; ésta es fácilmente percibida por aquellos que la aman, y fácil de encontrar para quienes la buscan… quienes la aguardan de madrugada no se sentirán decepcionados, allí la encontrarán sentada frente a la puerta”.

Perspectiva Salesiana

En la introducción a la edición de 1862 de las Conferencias Espirituales escritas por San Francisco de Sales, el Cardinal Wiseman escribió: “El Espíritu de San Francisco de Sales es un espíritu eminentemente sabio. Ciertamente, todo lo que hemos escrito sobre él hubiese sido en vano, si nuestros lectores no reconocieran que ese espíritu es poseedor de una prudencia sobrehumana ¿Y qué es esto si no sabiduría? La moderación, el evitar los extremos, la adaptación a todo tipo de circunstancias, y el poder discernir entre los diferentes medios para responder a ciertos personajes y situaciones – todo esto constituye una sabiduría difícil de adquirir, y poco común”. (Conferencias, p. LXIV)

La espiritualidad de San Francisco de Sales es, entre otras cosas, un camino a la sabiduría. Es un enfoque basado en la inspiración divina y el sentido común, para vivir el Evangelio de Jesucristo de acuerdo al estado, la etapa, y las circunstancias en las que se encuentran nuestras vidas. San Francisco de Sales nos ofrece un método pragmático, con los pies sobre la tierra, con el cual podemos aspirar a alcanzar todo aquello que es del cielo.

Una de las cualidades de esta sabiduría práctica, centrada en Dios, es la prudencia. El Diccionario de la Herencia Americana del Idioma Inglés describe el ser prudente de la siguiente forma: “ser sabio en el manejo de asuntos prácticos; hacer uso del buen juicio y del sentido común; ser cuidadoso respecto a los intereses personales; ser previsivo…” Se deriva del Latín, y su palabra base significa “Proveer”.

El Evangelio de hoy nos cuenta una anécdota muy diciente sobre la prudencia, sobre la necesidad de “ser cuidadoso respecto a los intereses personales”. Un grupo de sirvientes estaba haciendo las preparaciones necesarias en caso de que su amo se demorara en regresar. Previendo esto, empacaron aceite extra para sus antorchas. El otro grupo sin embargo, no se preparó ni alistó provisiones en caso de dicha probabilidad. Por lo tanto sólo llevaron consigo aceite suficiente para un ciclo de iluminación.

La moraleja de la historia es clara y concisa: “Mantengan sus ojos abiertos, porque ustedes no conocen ni el día ni la hora”. Observen a su alrededor. Tengan en cuenta las señales de la época. Miren más allá de su horizonte.

Ciertamente, gran parte de la sabiduría de San Francisco de Sales consiste en aprender de los golpes, de bailar al son que nos toquen, de dejarnos llevar por la corriente. Algunas veces sin embargo, ser “cuidadosos con respecto a nuestros intereses personales” – ser prudente, emplear el sentido común- requiere planeación, requiere que proveamos, y que nos preparemos para lo inesperado.

Quizás específicamente para ello.

El libro de la Sabiduría proclama que quien "mantenga la vigilia por la sabiduría, rápidamente se librará de toda preocupación”. Parte de esa vigilancia consiste en prepararnos para reconocer las imágenes, los sonidos y los olores de la voluntad y la obra de Dios en nuestras vidas, antes de que sea demasiado tarde.

Después de todo, ¿Cuándo construyó Noé el arca?

Antes de que comenzara la lluvia.

DEDICACION DE LA BASILICA LATERANA (Noviembre 9, 2017)

Énfasis Sugerido

"Ustedes son los edificios de Dios. Gracias al favor que Dios me ha demostrado yo logre poner los cimientos como el maestro más sabio lo hubiera hecho, y ahora alguien más está construyendo sobre esta base. Aun así todo el mundo debe tener cuidado de como construye… por que el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo".

Perspectiva Salesiana

Hoy la Iglesia celebra el aniversario de la dedicatoria de la Catedral de Roma por parte del Papa Silvestre I, en Noviembre 9, 324 AD. A pesar de todo el tiempo desde que esto sucedió, la verdad es que los seres humanos han estado construyendo una cosa y otra desde el principio de los tiempos: la torre de Babel; el arca de Noe; las pirámides; el coliseo; la gran muralla China; la torre Eiffel; la estatua de la libertad; el World Trade Center…

Como co-creadores con Dios, se nos ha encargado la tarea de hacer algo bueno con todo lo que Dios nos ha confiado. Se nos ha encargado la tarea de construir un mundo marcado por la libertad, la justicia, la paz, la libertad, la reconciliación, la verdad, la honestidad, la bondad y el cuidado. En resumen, estamos llamados a construir el Reino de Dios aquí en la tierra, de construir la base para aquel grandioso y misterioso día cuando la obra continua, redentora e inspiradora de Dios alcanzará su plenitud total: la vida en las alturas con Jesucristo.

En el plano directo hay mucho trabajo por hacer. Construir la base para Cristo, Pablo, Silvestre y los otros tantos, significa que nosotros debemos construir cosas que glorifiquen a Dios y que sirvan las necesidades de los demás. Aun así, las cosas más importantes que debemos construir no son cosas materiales en si: son más bien nuestras relaciones con los demás, con los esposos, las esposas, las madres, los padres, los hijos e hijas, los hermanos, las hermanas, los amigos, los vecinos y los colegas de trabajo.

Observen a Jesús. El nunca trato de innovar en teoría para crear una nueva escuela. El nunca puso una piedra para construir una sinagoga nueva. El nunca construyó un monumento. El nunca atendió al corte de la cinta de inauguración de ningún almacén. Lo que él construyó fue mucho más importante y poderoso: construyó una red de relaciones en las que los hombres, las mujeres y los niños experimentaron personalmente el amor de Dios hacia ellos; una red de vida y de amor designada para ser compartida con y expandida por las generaciones futuras.

Aquí estamos ahora, incontables siglos después del inicio de la creación. Muchas cosas se han construido, pero quedan muchas más por construir y por reforzar con la ayuda de Dios… especialmente las relaciones honestas, justas, apacibles, liberadoras, y avivantes con los demás.

Somos lo suficientemente cuidadosos para aprender de nuestras experiencias pasadas?

Estamos listos para asumir el reto hoy?

Estamos claros sobre la clase de bases que estamos construyendo para el mañana?

DOMINGO 31 EN TIEMPO ORDINARIO (de Noviembre 5 de 2017)

Énfasis Sugerido

“Siémbrenlo – asúmanlo-muy en serio”

Perspectiva Salesiana

En el Evangelio de hoy Jesús dice a sus oyentes que hagan todo lo que los escribanos y los Fariseos dicen, pero a la vez los advierte sobre las consecuencias de seguir su ejemplo: “Sus palabras son muy valientes, pero sus hechos son demasiado pocos”.

¿Por qué ésta inconsistencia? ¿Por qué ésta desconexión? ¿Por qué la incongruencia entre lo que predicaban y lo que hacían? ¿Por qué tantas palabras valientes, pero pocos hechos?

Quizás, como nos dice el profeta Malaquías en su libro, ellos no lograron “sembrarla en sus corazones” ¿Qué no sembraron? La ley del amor de Dios: la ley que nos reta a exaltar a Dios, promoviendo la justicia y la paz por medio de nuestras relaciones con los demás.

Malaquías nos dice lo siguiente: “¿Es que acaso todos no somos hijos del mismo Padre? ¿Acaso todos no hemos sido creados por el único Dios? ¿Por qué entonces perdemos la fe lo unos en los otros?” Como dijera San Francisco de Sales, “¿por qué en nuestro trato con el prójimo empleamos “dos corazones”? Enseñamos un corazón que es sumamente tolerante con nosotros mismos, pero albergamos otro que es demasiado duro con los demás”.

Este es el peligro que corremos cuando permitimos que nuestro conocimiento de Dios resida exclusivamente en nuestras cabezas, y no en nuestros corazones. En la medida en que nuestra fe continúe siendo intelectual, o teórica, jamás podrá responder ni aceptar las necesidades, las esperanzas, los miedos, ni los sueños de los demás. En la medida en que no asimilemos realmente, en lo profundo de nuestros corazones, el amor de Dios por nosotros, permaneceremos inmutables ante las necesidades o las calamidades que les ocurren a los demás.

He aquí la esencia de la crítica que Jesús hace a los escribanos y a los Fariseos: “Ellos se encargan de llenar bultos pesados, difíciles de transportar, y se los dan a otros para que los carguen a sus espaldas, mientras que ellos mismos no van a levantar ni un solo dedo para ayudarles”. Como no han sabido acoger la Ley de Moisés- y la Ley de Jesús- en sus corazones, prefieren imponer las cargas más pesadas a los demás, para que sean ellos quienes las lleven en sus hombros-y en sus corazones.

Mantener la fe los unos en los otros primero requiere que permitamos al amor creativo, redentor e inspirador de Dios penetrar en nuestros corazones. Debemos asumir con seriedad nuestra necesidad constante de conversión, de reconciliación y transformación. Debemos asumir seriamente el hecho de que el amor de Dios por nosotros no debe quedarse en nosotros: debe ser compartido con los demás.

“¿Acaso todos no compartimos el mismo Padre? ¿Acaso no fue el mismo Dios quien nos ha creado?” Entonces debemos tener fe los unos en los otros. Debemos ser promotores de la salud, la felicidad y la santidad entre nosotros. Debemos buscar la paz y la justicia entre nosotros. Debemos prometer la reconciliación y la colaboración entre nosotros. En resumen, nuestras acciones deben sobrepasar, o por lo menos estar a la par con nuestras palabras.

Dicho de otra forma, cuando nosotros acogemos el corazón de Jesús en nuestro corazón, no queda cabida para la parcialidad: o amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos… o no.

CONMEMORACION DE TODAS LAS ALMAS (Noviembre 2, 2017)

Énfasis Sugerido

"Cristo, una vez levantado de entre los muertos, no morirá jamás; la muerte ya no tiene poder sobre el" (Romanos 6: 3 – 9)

Perspectiva Salesiana

En cuanto al tema de orar por los muertos, San Francisco de Sales escribió: “Nosotros creemos que debemos orar por los fieles que se han ido, y que las oraciones y las buenas obras de los vivos los alivian y son provechosas para ellos, por la siguiente razón: que todos aquellos que mueren en la gracia de Dios, y que consecuentemente serán contados entre los santos, no van al paraíso al mismo momento de la muerte, sino que algunos van al Purgatorio donde ellos sufren un castigo temporal del cual pueden ser liberados por medio de nuestras oraciones y buenas obras”. ( La Controversia Católica, 3, pagina 353- 354)

Nosotros oramos por nuestros hermanos y hermanas que se han ido. Nosotros oramos para que hayan obtenido el descanso. Nosotros oramos para que ellos estén experimentando la plenitud de la paz. Nosotros oramos para que ellos ya no tengan necesidad de nada. Nosotros oramos para que ellos tomen su lugar en el banquete eterno del amor, un lugar que ha sido preparado para ellos por Dios desde antes del principio de los tiempos.

En esta festividad de Todas las Almas, oramos por todos los muertos a quienes hemos amado y perdido.

Pero la oración es una conversación. La oración es una experiencia mutua. La oración no es una avenida unidireccional. Por lo tanto, nosotros no solo oramos por los muertos: también les oramos a ellos, por que ellos no son meramente “los muertos” sino que también son contados entre los santos.

Nosotros oramos a ellos para que nos ayuden y para que nos apoyen. Nosotros oramos a ellos para que nos guíen y nos den fuerza. Nosotros oramos a ellos para que nos den paciencia y abstención. Nosotros oramos a ellos para que nos ayuden en la reconciliación y la sanación. Algún día, nosotros podemos llegar a orar a ellos para que nos den la habilidad de simplemente poner un pie en frente del otro.

He aquí un simple ejemplo de este tema. Francisco de Sales tuvo la oportunidad de escribir una carta para animar a una mujer casada. En ella él recomienda: “Me gustaría que ustedes consideraran cuantos santos, hombres y mujeres, han vivido en estado de matrimonio como ustedes, y todos ellos han aceptado esta noción con prontitud y felicidad: Sara, Rebecca, Ana, Mónica, Paula y otros tantos. Has que este conocimiento se convierta en la fuente de tu ánimo y pídeles que oren por ti”. (Stopp, Cartas Selectas, pagina 61)

Así pues, nosotros no solo oramos por los muertos sino que también les oramos a los muertos. Nosotros les pedimos que oren por nosotros. Así como la muerte ya no tiene poder sobre ellos, nosotros también oramos para que los efectos del pecado y de la muerte no tengan poder sobre nosotros en lo que nos reste en este viaje por la tierra. Nosotros les pedimos que cuando nosotros pasemos, al igual que ellos, de este mundo al próximo, podamos unirnos a ellos en el eterno banquete del amor.

TODOS LOS SANTOS (Noviembre 1, 2017)

Énfasis Sugerido

"Estos son los que han sobrevivido al gran periodo de prueba…”

Perspectiva Salesiana

“Unamos nuestros corazones a los espíritus celestiales y a estas almas benditas. Así como los jóvenes ruiseñores aprenden a cantar en compañía de los viejos, nosotros también, a través de nuestras asociaciones santas con los santos, debemos aprender la mejor manera de orar y de cantar alabanzas a Dios”. (Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capitulo 16)

Nosotros nos estamos apoyando en los hombros de gigantes. Durante los últimos dos mil años incontables hombres, mujeres y niños de muchas eras, lugares y culturas han pasado sus vidas al servicio de las Buenas Nuevas de Jesucristo. De entre estos tantos, un grupo más pequeño de individuos se han ganado la distinción de llegar a ser conocidos como “santos”.

Estas son personas reales a quienes nosotros buscamos para que nos den ejemplo. Estas son personas reales a quienes nosotros buscamos para que nos inspiren. Estas son personas reales a quienes nosotros buscamos para que nos den ánimo y nos llenen de gracia.

Estos santos –estas personas reales- han trazado el camino para el resto de nosotros, para que aprendamos a vivir y a proclamar el Evangelio. El reto para nosotros es seguir su ejemplo de formas que encajen con el estado y la etapa en la que nuestras vidas se encuentran.

En caso que no se hayan dado cuenta todavía, ustedes también están llamados a vivir con santidad – una vida centrada en Dios, una vida de entrega- en los mismos lugares en los que viven, en los que aman, en los que trabajan y en los que juegan cada día. Francisco de Sales escribió: “observen el ejemplo que nos dan los santos en cada uno de los caminos de la vida. No hay nada que ellos no hayan hecho para amar a Dios y para ser los seguidores devotos de Dios… porqué entonces no debemos hacer lo mismo nosotros de acuerdo con nuestra posición y vocación en la vida para mantener la resolución y las santas declaraciones que hemos hecho?” ( Introducción a la Vida Devota, Parte V, Capitulo 12)

Qué significa ser un santo? Sorpresivamente, es algo más práctico y más sencillo de obtener de lo que pensamos. Francisco de Sales observó: “Debemos amar todo lo que Dios ama, y Dios ama nuestra vocación; así que amemos nuestra vocación también, y no gastemos energía anhelando una vida diferente; mas bien debemos continuar con nuestro trabajo. Sean Marta al igual que María, pónganse contentos y cumplan fielmente con lo que han sido llamados a hacer…” (Stopp, Cartas Selectas, Pagina 61)

A los ojos de San Francisco de Sales, la santidad se mide a través de nuestra voluntad y habilidad para acoger el estado y la etapa en la que se hallan nuestras vidas. Los santos son personas que adoptaron sus vidas con profundidad y tal y como tuvieron que vivirlas, en vez de perder el tiempo deseando o esperando una oportunidad para vivir la vida de alguien más. La santidad esta determinada por nuestra voluntad de acoger la voluntad de Dios de la forma en que esta se manifiesta en los alti-bajos de la vida diaria.

Cómo están llamados a ser santos hoy?

DOMINGO 30 EN TIEMPO ORDINARIO (Octubre 29, 2017)

Énfasis Sugerido

“Ustedes amarán al Señor su Dios con todo su Corazón, con toda su alma y con toda su mente… y amarán a su prójimo como a ustedes mismos”.

Perspectiva Salesiana

Francisco de Sales era el autor del Tratado del Amor de Dios. El había vivido lo suficiente, también había intentado escribir un libro sobre el amor al prójimo. El factor común entre estas dos cosas es la caridad- el amor de Dios y del vecino. La caridad era, y es, en la mente y en el corazón de Francisco de Sales, la virtud entre todas las virtudes. Nosotros hemos sido llamados a amar a nuestro Dios de la forma en que amamos al prójimo, y hemos también sido llamados a amar al prójimo como amamos a Dios.

Sobra decir, aunque lo diremos, que Francisco de Sales tiene mucho que compartir con nosotros con respecto a la naturaleza y la práctica de la caridad.

"Así como Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, de la misma forma Dios ha ordenado para nosotros un amor en la imagen y semejanza del amor que se le debe a la dividinad de Dios…Porqué amamos a Dios? La razón por la que amamos a Dios es Dios mismo…Porqué nos amamos los unos a los otros en la caridad? Seguramente que es por que somos hechos a imagen y semejanza de Dios… como todas las personas tienen la misma dignidad, nosotros también las amamos como nos amamos a nosotros mismos, esto es, en su condición de santidad y de ser imágenes vivientes de la divinidad…. La misma caridad que produce actos de amor a Dios produce también actos de amor con nuestro prójimo… amar al prójimo en la caridad es amar a Dios en los demás y a los demás en Dios”. (Tratado del Amor de Dios, Libro 10, Capitulo 11)

Para San Francisco de Sales, el amor de Dios y el amor al prójimo no son dos experiencias distintas sino que más bien son dos expresiones de la misma realidad, dos lados, como si fueran de la misma moneda. (Recuerden el mandamiento de Jesús en el Evangelio del Domingo pasado “de darle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.)

“El gran San Agustín dice que la caridad incluye todas las virtudes y opera de todas las formas en ustedes,” escribió San Francisco de Sales. “estas son sus palabras: ‘que se dice de la virtud dividida en cuatro’ – el quiere decir en las cuatro virtudes cardinales- ‘en mi opinión se dice a causa de los diferentes afectos que proceden del amor. Ahora bien, yo no dudo cuando se trata de definir esas cuatro virtudes de la siguiente forma: la templanza es el amor que se entrega completamente a Dios. La fortaleza es el amor que voluntariamente soporta todas las cosas por el amor a Dios. La justicia es el amor que sirve a Dios únicamente, y por eso dispone con justicia de todo lo que esta sujeto a los seres humanos. La prudencia es el amor que escoge lo que es útil para unirse a Dios, y rechaza todo lo que es dañino’”. (Tratado del Amor de Dios, Capitulo XI, Capitulo 8)

"Aquel que posee la caridad tiene un alma revestida con un atuendo de boda que al igual que la de José, lleva implícitamente en si todas las diferentes virtudes. Además, la caridad tiene una perfección que contiene la virtud de todas las perfecciones y las perfecciones de todas las virtudes". (Ibid)

En la caridad encontramos el lugar donde se encuentran el amor de Dios, el amor a nosotros mismos, el amor a los demás. Cómo compartimos este amor multifacético con todos aquellos a quienes conocemos cada día? Dicho de otra forma, qué tan bien preparados estamos para otorgarle lo suyo al Cesar y a Dios en nosotros y en los demás?

DOMINGO 29 EN TIEMPO ORDINARIO (Octubre 22, 2017)

Énfasis Sugerido

“Al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios.”

Perspectiva Salesiana

Vivir una vida centrada en Dios no es simple, no es una propuesta completamente delineada y clara. Aun cuando nosotros hemos sido creados para vivir por siempre junto con Dios en el Cielo, también debemos, en cualquier momento, atender todas aquellas tareas y responsabilidades que tenemos aquí en la tierra.

Debemos darle al cielo y a la tierra lo que se les debe.

Cómo funciona esto?

Si tratamos de explicarlo recurriendo a la frase, quiere esto decir que debemos robarle a Pedro para pagarle a Pablo? No, no hay necesidad de quitarle nada a nadie para pagar tributo a alguien más! Entonces, debemos darle a Dios de una mano y al mundo de la otra? No, nuestro desafío consiste en usar ambas manos de formas que sean justas con las cosas de la tierra y también con las del cielo.

Aún cuando no quiero exagerar la obvia lección que nos deja el Evangelio de hoy, nuestro servicio en el cielo y nuestro servicio en la tierra son de hecho las dos caras de una misma moneda! Ultimadamente nosotros somos fieles al “Cesar” y a “Dios” cuando tratamos a nuestros hermanos y hermanas con justicia… cuando les damos lo que les debemos.

Francisco de Sales escribió: “Sean justos y equitativos a la hora de actuar. Pónganse siempre en el lugar de sus vecinos y póngalos a ellos en su lugar, y así de esa forma lograran juzgar correctamente. Imaginen que son el vendedor cuando están comprando algo, e imaginen que son los compradores cuando estén vendiendo algo, solo así compraran y venderán de forma justa…ustedes no pierden nada con vivir de forma generosa, noble, cortes y con un corazón que sea real, justo y razonable. Decídanse a examinar sus corazones seguidamente, para ver si están siendo con sus vecinos de la misma forma en que ustedes esperan que sus vecinos sean con ustedes si estuvieran en su lugar. Esta es la base de la razón verdadera.” (Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capitulo 36)

Darles a los demás lo que se merecen no se trata solamente de ser fieles a la deuda de amor que tenemos los unos con los otros. También puede tener ramificaciones muy prácticas. Francisco de Sales escribió estas palabras en 1604: "Yo veo que ustedes tienen una deuda… páguenla tan pronto como sea posible, cuídense de nunca quedarse con algo que le pertenezca a los demás”.(Stopp, Cartas Selectas, p. 69)

Ya sean grandes o pequeñas las obligaciones que tenemos, debemos luchar para siempre otorgar lo que es debido a nuestros hermanos y hermanas. Debemos luchar para poder tratarnos los unos a los otros razonablemente, justamente, humildemente, honestamente y con igualdad. Al hacerlo le estaremos dando al “Cesar” lo que es del “Cesar”, y también le daremos a Dios lo que es de Dios.

En la tradición Salesiana nosotros nunca tenemos que escoger entre atender las cosas del cielo y atender las de la tierra. Al suplir las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, atendemos ambas las cosas de la tierra y las cosas del cielo al mismo tiempo, y en el proceso “damos prueba de nuestra fe, de nuestra obra en el amor, y demostramos constancia en la esperanza que tenemos en Jesucristo”.

DOMINGO 28 EN TIEMPO ORDINARIO (Octubre 15, 2017)

Énfasis Sugerido

“En el quien es la fuente de mi fortaleza, yo hallo el impulso para hacerlo todo”.

Perspectiva Salesiana

“Yo tengo experiencia en haber sido pisoteado, pero también se lo que es tener abundancia. He aprendido como lidiar con toda clase de circunstancias: como comer bien o pasar hambre, como tener todo lo necesario o no tener nada”.

Cómo hizo San Pablo para lidiar con los altibajos de la vida y de forma tan centrada, balanceada y con tanta confianza? Aún más importante, cómo podemos nosotros hacer para lidiar con los altibajos de nuestras vidas de forma centrada, balanceada y con confianza?

Entre otras cosas, necesitamos una confianza sólida y profunda en Dios. Nosotros necesitamos la clase de confianza que nos permite ver la mano de Dios de la misma forma durante los tiempos buenos y en los tiempos duros.

Francisco de Sales ofreció este gran consejo. Es un consejo tan relevante hoy para nuestro deseo de continuar haciendo las cosas efectivamente, muy a pesar de los obstáculos que la vida nos presenta en un día cualquiera, como lo fue en 1603 para la persona a quien Francisco le dirigió estas palabras: “Ustedes deben ser como el niño pequeño quien, como sabe que su madre lo lleva del brazo camina con firmeza y corre por todas partes sin dejar que una pequeña caída o tropezón lo moleste, después de todo, él todavía es débil de piernas. De la misma forma, desde el momento en que ustedes se den cuenta que Dios los esta llevando de la mano, y desde que demuestren su voluntad y de servirlo, continúen con firmeza y no dejen que los pequeños obstáculos ni las caídas los perturben; no hay necesidad de dejarse amedrentar por esto desde que se arrojen a los brazos de Dios de vez en cuando y besen a Dios con el beso de la caridad. Continúen avanzando con dicha y con sus corazones tan abiertos y tan sabiamente llenos de confianza como les sea posible, y si no pueden estar siempre dichosos, al menos sean valientes y confíen.” (Stopp, Cartas Selectas, paginas 45 - 46.)

En otra carta, Francisco ofreció la siguiente observación con respecto a nuestra confianza en Dios y a nuestra habilidad de lidiar con las adversidades de la vida. “Es mucho mejor levantar nuestro ojos hacia las montañas de donde la ayuda ha de llegarnos, es mejor tener esperanza en el Señor y glorificar voluntariamente nuestras enfermedades, para que la fuerza de Cristo halle su morada en nosotros… por que aquellos que depositan su confianza en el Señor obtendrán alas como el águila; pero aquel que pierda su fuerza de corazón no lograra nada y se desvanecerá como el humo. El soldado que deja el campo de batalla temblando de miedo posiblemente sentirá un descanso, pero no tendrá mas seguridad que aquel que continua peleando”. (Stopp, Cartas Selectas, pagina 121)

Hay muchas experiencias en la vida que pueden dejarnos llenos de miedo o quizás frustrados. Lo que distingue a las personas felices, saludables y santas de las personas que solo tratan de pasar por la vida, es la habilidad y la voluntad de confiar en ese Dios que nos ama igual durante los altibajos de la vida. Como dijera Job, aquellos que confían en el Señor saben que lo que el Señor da también lo quita, bendito sea siempre el nombre del Señor.

Y benditos, siempre son todos aquellos que confían- y que creen- en Dios… sin importar nada más.

DOMINGO 27 EN TIEMPO ORDINARIO (Octubre 8, 2017)

Énfasis Sugerido

“Desechen toda la ansiedad de sus mentes… cuando lo logren, el Dios de la paz estarán con ustedes”.

Perspectiva Salesiana

La imagen de la viña es empleada en la primera y la tercera lectura del leccionario de hoy. En ambos casos las cosas en la viña no han resultado de la manera en que los dueños lo habían planeado: parece que las personas responsables de las viñas no cumplieron con lo que se esperaba de ellas.

Quién es el dueño de la viña? Pues Dios, por supuesto. Qué es la viña? La viña es el mundo en el que vivimos. Es el mundo de las relaciones entre nosotros. Es el mundo- como dice Francisco, el universo- en nosotros. Quién es responsable del cuidado de la viña? Nosotros somos los responsables… como individuos y como comunidad.

La verdad es que nosotros no siempre cumplimos con las expectativas que Dios tiene de nosotros. Como colaboradores con Dios y en el plan continuo de la creación, la redención, la inspiración y la salvación de Dios, nosotros no siempre cosechamos las uvas de la vida de formas que den vida: cosas como el respeto, como la honestidad, como la pureza, como la decencia o la virtud que deberíamos tener. Tristemente, muchas veces utilizamos nuestras energías para producir uvas de cólera: cosas como los celos, la envidia, la indiferencia, el odio, la violencia y la injusticia.

Esta es la parcela de nuestra vida. Claramente sabemos la clase de viñero que Dios quiere que cultivemos y que cosechemos, pero el pecado, el miedo, y el egoísmo muchas veces no nos permiten producir la clase de frutas que dan vida.

Aun así, tan trágica como puede llegar a sonar esta realidad, solo una cosa puede hacerla aún peor.

Sentir ansiedad cuando pensamos en ella.

Francisco de Sales escribió: “con la excepción única del pecado, la ansiedad es el mal mas grande que le puede ocurrir a un alma”. Porqué? “en vez de remover el mal, la ansiedad lo incrementa y envuelve el alma en una gran angustia, en una gran aflicción sumado a la perdida de la fuerza y del coraje que hace que imaginemos el mal como algo incurable… todo esto es sumamente peligroso”. (Introducción a la Vida Devota, Parte IV, Capitulo 11)

Debemos ser honestos. Necesitamos identificar aquellas áreas de nuestras vidas- nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras actitudes y nuestras acciones- en las que experimentamos dificultad a la hora de cultivar una cosecha de paz, de justicia, de reconciliación y de amor. Pero debemos hacer esto sin ansiedad por que la ansiedad debilita nuestra habilidad de alejarnos del pecado y nos roba el coraje que necesitamos para hacer lo que es correcto y bueno.

Por todos los medios deben reconocer la realidad del pecado y de los defectos en sus vidas, pero también deben dedicar mas de sus energías a vivir “de acuerdo a lo que han aprendido y aceptado… y así entonces, el Dios de la paz estará con ustedes”.

Luchen cada día, aspiren a obtener la cosecha del amor del viñero de la vida… pero eviten la ansiedad en este proceso.

DOMINGO 26 EN TIEMPO ORDINARIO (Octubre 1, 2017)

Énfasis Sugerido

“Que todos piensen en los demás humildemente… cada uno de ustedes pensando en los intereses de los demás en vez de en los propios”.

Perspectiva Salesiana

Vivir con humildad, como decía San Agustín, es vivir con la verdad: la verdad de Dios, la verdad de nosotros mismos, la verdad de los demás. Vivir en la verdad no es solamente un ejercicio intelectual: es algo que debe hacer una diferencia profunda en la forma en la que vivimos nuestras vidas.

San Francisco de Sales veía a Jesucristo como el modelo perfecto de la humildad. Cuál era la verdad de Jesús? Primero, el poseía divinidad. Segundo, Cristo no se aferraba egoístamente a su naturaleza divina. Tercero, Cristo compartía generosamente y libremente su poder (conforme a la voluntad del Padre) individualmente con hombres, mujeres y niños en un tiempo particular, en un espacio particular y en un lugar particular de la historia humana. Cuarto, tanto nos amaba Cristo que compartió su dividinad con nosotros al hacerse completamente humano: experimentando el nacimiento, celebrando la vida, acogiendo la muerte.

El misterio de la capacidad de Cristo para liberarse de todo solo puede entenderse cuando se ve desde la óptica de su divino poder. La significancia de su humildad es aun más grande cuando se aprecia como una expresión de su absoluta generosidad. Su servicio para con nosotros es aún más extraordinario cuando consideramos que debimos ser nosotros quienes lo sirvieran a él.

Ser humilde es vivir en la verdad como vivió Jesús. Como Cristo, nosotros primero debemos reconocer que, como somos hechos a imagen y semejanza de Dios, nosotros también somos buenos. Segundo, tenemos que reconocer que la dignidad que Dios no ha otorgado no esta destinada a satisfacer solamente nuestras necesidades. Por el contrario, nosotros hemos sido creados para “ver por los demás en vez de por nosotros mismos”. Tercero, debemos reconocer que sin importar cuan bueno y bello y sagrado sea el orden creado, nuestra Gloria última es vivir para siempre en el cielo. Cuarto, debemos andar con la creencia de que solo aquellos que entregan su vida al servicio cada día, serán elevados a la hora del juicio final.

Nuestra gloria no se halla en aferrarnos a la dignidad y el destino que Dios nos ha dado. No, nuestro poder es glorificado, y poderosamente vivido, cuando usamos esa dignidad y ese destino para acercarnos a los demás en el amor. Así como Cristo nosotros somos más poderosos cuando nos dedicamos a buscar la salud, la santidad y la felicidad de los demás.

Así como Cristo, los siervos humildes saben que pueden ser verdaderamente felices solo cuando concentran todos sus esfuerzos cada día para hacer que la dicha de los demás “sea completa”. Al dejar todo lo que somos de lado, abrimos más espacio para los demás… y en ese proceso llegamos a conocer la plenitud de la dicha por que nos habremos hecho completamente humanos de la forma en que Dios lo dispuso para nosotros.

Para concluir, cada rodilla debe doblarse en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra ante la presencia del Todopoderoso. Aún así, nosotros que caminamos en presencia de Dios debemos también erguirnos y vivir en la verdad: por Dios, por nosotros, y muy especialmente, por los demás.

DOMINGO 25 EN TIEMPO ORDINARIO (Septiembre 24, 2017)

Énfasis Sugerido

“Busquen al Señor ahora que lo pueden encontrar, llámenlo ahora que está cerca.”

Perspectiva Salesiana

Todos buscamos al Señor en nuestras vidas, estemos conscientes de ello o no. Nosotros buscamos a Dios en nuestros hogares, en nuestros barrios, en nuestras escuelas y oficinas. Nosotros buscamos a Dios en nuestros éxitos y también en los obstáculos que se nos presentan. Nosotros buscamos a Dios en nuestras esperanzas, en nuestros miedos y en nuestros sueños. Nosotros buscamos a Dios en todas aquellas cosas que tenemos que hacer el día de hoy.

Con todo lo que tenemos que hacer, quién tiene tiempo para pasarlo en esta búsqueda? La verdad es que buscar a Dios no implica tener que hacer algo extra: buscar a Dios es simplemente abrir nuestras mentes, nuestros corazones, nuestros oídos, nuestros ojos y nuestra imaginación a Dios quien siempre está con nosotros, presente en todas esas tareas que tenemos pendientes por hacer.

San Francisco de Sales escribió: “Dios esta en todas las cosas y en todos los lugares. No hay una cosa o un lugar en donde Dios no se encuentre verdaderamente presente. Así como las aves siempre encuentran aire en donde quiera que vuelan, de la misma forma nosotros encontraremos a Dios presente a donde quiera que vayamos, o donde quiera que estemos. Todo el mundo conoce esta verdad – intelectualmente hablando- pero no todo el mundo internaliza esta verdad y la asume como propia” ( Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capítulo 2). Dios no solo sabe en donde están ustedes, sino que “esta presente de manera particular en sus corazones y en el centro mismo de sus espíritus. El los aviva y los anima con su divina presencia, por que Dios está ahí como el corazón de su corazón y el espíritu de su espíritu". (Ibid)

Entonces, el problema no es que Dios no este presente en nuestras vidas, sino que nosotros simplemente –y trágicamente- fracasamos a la hora de reconocer la presencia de Dios. Francisco escribió: “Aún cuando la fe nos garantiza su presencia, como no podemos verlo con nuestros propios ojos muchas veces nos olvidamos de Dios y nos comportamos como si Dios estuviese lejos de nosotros. Aún cuando nuestro intelecto nos dice que Dios esta presente en todas las cosas, fracasamos a la hora de reflexionar sobre esta verdad y actuamos como si no la supiéramos.” (Ibid)

Uno de los métodos más poderosos y efectivos para buscar al Señor – para poder ver al Señor quien siempre está presente- es la oración. No importa cuan ocupados, frustrados, solitarios o jubilosos nos sintamos, no importa cuan atareados resulten nuestros días, siempre tenemos oportunidad de orar: una palabra, una frase, un pensamiento o una imagen que nos recuerde que el Dios que nos creo, quien nos redimió y quien nos inspira, es verdaderamente Emanuel, un nombre que significa Dios está con nosotros!

Porqué es tan importante todo esto? Cuando estamos conscientes de la presencia de Dios es más probable que nos tratemos los unos a los otros de forma amorosa, pacífica, preocupada, con dulzura, con verdad y con gentileza. Por el contrario, cuando no recordamos la presencia de Dios, nosotros… somos mas propensos a comportarnos de formas que van en contra de sus designios.

Busquen… vean al Señor quien siempre está presente en ustedes… en los demás… en todas las actividades de cada día. Y una vez conscientes de esta verdad, recuerden que deben pensar, sentir, soñar, trabajar y actuar de acuerdo a la misma!

DOMINGO 24 EN TIEMPO ORDINARIO (17 de Septiembre de 2017)

Enfasis Sugerido

“La ira y la rabia son cosas odiosas, y aun así el pecador se aferra a ellas con fuerza. ¿Es correcto que una persona alimente la ira en contra de los demás, y al mismo tiempo espere ser sanada por el Señor?”

Perspectiva Salesiana

¿Alguna vez han estado disgustados? ¿Alguna vez han estado furiosos? ¿Alguna vez han estado enojados? ¡Por supuesto que sí! El enojo (con sus múltiples facetas) inevitablemente hace parte de la vida…algunas veces; de hecho constituye una parte muy volátil de la vida. Como cualquier otra emoción, no se puede negar ni reprimir.

En lo que a las emociones se refiere, el enfado no es un pecado, como no se consideraría pecado la dicha, el miedo o la felicidad. Sin embargo, la manera en que manejamos nuestro enfado – o nuestro fracaso a la hora de manejarlo – determinará si este ha de transformarse en una virtud, o en un vicio: si ultimadamente desembocará en algo constructivo, o en algo destructivo.

Muy pocas personas planean enojarse. El enojo es una respuesta, o una reacción intensa que se desata ante una injusticia o una herida, bien sea real o percibida; es por esto que la mayoría de las veces nos toma por sorpresa. He aquí la dificultad que genera esa emoción tan “molesta”: es precisamente debido a su espontaneidad e intensidad, que el enfado muchas veces nos lleva la ventaja… y con mucha más rapidez puede salirse de nuestro control. El enojo, por así decirlo, puede llegar a convertirse en el inquilino a quien no hemos invitado y que de repente se convierte en el amo de la casa. Francisco de Sales hace la siguiente observación: “Una vez admitimos el enojo es muy difícil volver a expulsarlo. Este empieza como una pequeña rama, y en tiempo record se convierte en una viga”. Francisco de Sales nos da el siguiente consejo: “Es mejor que intentemos encontrar formas de vivir sin el enojo, que fingir que podemos manejarlo de manera discreta y moderada. En la medida en que reine la razón, y que expongamos nuestros reproches y correctivos con calma, las personas los aprobarán y los aceptarán. Pero si hacemos esto con rabia e ira, nuestros reproches, nuestras sanciones, serán recibidas con miedo en lugar de amor”.

Juana de Chantal por su parte sugiere lo siguiente: “Traten de apaciguar sus pasiones y vivan de acuerdo a la razón y la sagrada voluntad de Dios”. Es mejor darle un respiro a nuestro enojo antes de tomar decisiones importantes o de embarcarnos en un curso de acción determinado.

Por encima de todo, no debemos alimentar ni nutrir nuestro enfado. Consentir repetidamente el enojo puede tener resultados desastrosos para nosotros. Cuando nos obsesionamos con nuestras heridas, cuando repasamos dolores pasados, cuando nos aferramos al resentimiento, dejamos de ser personas que se ocasionalmente se enfurecen, para gradualmente convertimos en personas amargadas. Ser adictos a la furia es como beber veneno, pero esperar que sean los demás quienes perezcan. Aunque puede que, por fuera, nuestro enojo realmente haga daño a los demás, el veneno que produce eventualmente nos mata desde adentro.

Atiendan las palabras del Libro de Sirach: "La ira y la rabia son cosas odiosas, y aun así el pecador se aferra a ellas con fuerza. ¿Es correcto que una persona alimente la ira en contra de los demás, y al mismo tiempo espere ser sanada por el Señor? Del mismo modo en que una piedra lanzada hacia arriba va a caer sobre quien la ha lanzado, el golpe dado con rabia va a herir a más de uno. Perdonen las injusticias cometidas por sus semejantes; y así cuando ustedes oren sus propios pecados serán perdonados” (Sir 27: 25; 28: 2-3)

Eviten sustentar y regodearse en la ira; recuerden que esta es una emoción, y que no debe convertirse en una forma de vida.

Exultación de la Santísima Cruz (Septiembre 14, 2017)

Énfasis Sugerido

“Se sabia que él tenia un estado humano y fue en ese estado que se hizo más humilde, obediente e incluso estaba dispuesto a aceptar la muerte, la muerte en una cruz.”

Perspectiva Salesiana

Esta fiesta conmemora el encuentro de la Verdadera Cruz en 325 por Santa Elena, la madre del emperador Roman o Constantino I durante una peregrinación que hizo a Jerusalén. La Iglesia del Santo Sepulcro fue construida en el lugar del descubrimiento, por la orden de Elena y Constantino. La iglesia fue dedicada nueve años después y una porción de la cruz fue puesta dentro del recinto. En 614, esa porción de la cruz fue sacada de la iglesia por los persas, y permaneció perdida hasta que fue recuperada por el Emperador Bizantino Heraclio en 628. La cruz fue devuelta a la iglesia un año después de haber sido llevada por Heraclio a Constantinopla. La fecha en que se celebra la fiesta marca la dedicatoria de la Iglesia del Santo Sepulcro en 335. Este fue un festival de dos días: aun cuando la consagración de la iglesia en si, tuvo lugar el 13 de Septiembre, la cruz fue sacada de la iglesia el 14 de Septiembre para que el clero junto con los fieles pudieran orar ante la Verdadera Cruz, y para que todos los que llegaran al lugar pudieran venerarla.

Por supuesto al mismo tiempo que existe una cruz física, también existe ese significado permanente que tiene la cruz en nuestras vidas. Francisco de Sales escribió: “La sabiduría de la Cruz es totalmente contraria a la sabiduría del mundo. Aun cuando Nuestro Señor nos dijo una y otra vez, ‘Benditos son los pobres de espíritu, los que hacen la paz, los dóciles, aquellos que tienen sed y hambre de justicia’, el mundo no puede entender ni acoger esa clase de sabiduría. Por el contrario, el mundo proclama: ‘Oh, benditos son los acaudalados, los opresores, aquellos que se vengan de sus enemigos, y aquellos a quienes nadie se atreve a ofender’. Observen como la perfección de la Cruz es un disparate a los ojos del mundo, precisamente por que acoge todo aquello que es aborrecible para la naturaleza humana. Ama la corrección y se somete a ella; no solo siente placer al ser corregida, sino que encuentra aún más placer al ser reprobada y corregida a causa de sus culpas y sus faltas. Oh, bandito sean aquellos que hablan solamente para corregir de forma fraternal, en el espíritu de la caridad y de la humildad profunda! Pero mas benditos son aquellos que siempre están listos para recibir la Cruz con un corazón gentil, apacible y tranquilo”. ( Sermones para la Cuaresma, 1622, p. 166)

Santa Juana escribió su propia exultación a la Cruz en el transcurso de su búsqueda de la devoción. Ella escribió: “la verdadera felicidad del cristiano es poder conocer a Dios a través de la persona de su hijo, y el imitar las virtudes que él practicó durante su vida, a través de su santa pasión, en su humildad, su pobreza, su dolor, su desden, y su sufrimiento; la naturaleza no tiene nada parecido a esto, pero nosotros no hemos nacido para vivir acorde con su instinto. La mente, que es parte de la carne, nos perturba cuando algo nos es negado, mientras que el espíritu de Dios nos guiará y hará que nos sometamos a su voluntad en los momentos de miseria y nos ayudará a sobrellevarlos con paciencia; aquellos que son humildes siempre son gentiles y actúan con cortesía; ellos se ven a sí mismos tan pequeños, son tan modestos, que jamás se atreven a decir una palabra enfadados…” (Exhortaciones, Conferencias e Instrucciones)

La exultación de la Cruz nos llama a renunciar a una vida basada meramente en el instinto humano para que así podamos vivir en un plano más alto, el de la vida divina. La exultación de la Cruz nos reta a que examinemos críticamente la cultura popular y a que promovamos la cultura del amor divino. La exultación de la Cruz nos reta a que encontremos la grandeza en las cosas más pequeñas; a que peleemos contra el fuego por medio de la paz; a que nos enfrentemos a la violencia con gentileza.

Abrirnos al triunfo de la Cruz es un reto difícil de aceptar… y mucho más difícil de vivir.

DOMINGO 23 EN TIEMPO ORDINARIO (Septiembre 10, 2017)

Enfasis Sugerido

“No adquieran ninguna deuda con nadie, a menos que sea esa deuda que nos une en el amor los unos con los otros.”

Perspectiva Salesiana

El Diccionario de la Herencia Americana del Idioma Inglés define deuda como “algo que se debe, como dinero, bienes o servicios; una obligación o responsabilidad de pagar o de dar algo a alguien mas.” El diccionario también dirige al lector a buscar la palabra ghabh en el índice de las Raíces Indo-Europeas: “Derivados importantes son dar, perdonar, obsequio, habilidad, obligación y objetivo.”

La vida esta llena de deudas, obligaciones y cosas que debemos a los demás en espíritu de servicio. Algunas de las cosas que debemos a los demás incluyen: costos de matricula, impuestos, créditos, deudas de tarjetas de crédito, cuentas de servicios, trabajar por nuestro salario, seguros, costos de servicios de salud… y la lista sigue y sigue.

En otro plano, aunque menos obvio, hay toda una gama de cosas que son aún más importantes y que debemos otorgar a los demás en el espíritu de la generosidad: Tiempo, talento, respeto, reverencia, fidelidad, honestidad, cuidado, preocupación, consideración, bondad, paciencia, justicia, paz, reconciliación… y esta lista también sigue y sigue.

Supongo que si una persona se detiene a considerar todas las cosas que él o ella le debe a alguien más, esto puede resultar una experiencia abrumadora. Quizás sea mejor hacer lo que San Pablo aconseja cuando nos dice “ No adquieran ninguna deuda con nadie, a menos que sea esa una deuda que los una en el amor a los demás ”. La deuda del amor – el lazo del amor- no es solamente la obligación más importante que tenemos con los demás: también incluye todas las otras cosas, virtudes y acciones que debemos a los demás… cosas que debemos otorgar a los demás.

En una carta a Santa Juana de Chantal, San Francisco de Sales escribió: “Debo decir que no se de ningún tipo de unión o de lazo que nos una que implique ningún otro tipo de obligación que no sea la del amor divino y la verdadera amistad cristiana, lo que San Pablo llama ‘la unión en la perfección’ este lazo es como su nombre lo indica, perfecto, por que es indisoluble y jamás se debilita. Cualquier otro lazo es temporal…. Pero el lazo del amor crece y se fortalece a medida que pasa el tiempo. No puede ser cortado por la muerte, que de una tajada lo corta todo excepto la caridad… Así pues, este es nuestro lazo, estas son nuestras cadenas que entre más nos aprietan, entre más nos tallan, más alegría y más libertad nos traen… nada es más flexible que ese lazo; nada es más fuerte.” ( Cartas de Dirección Espiritual, pagina 127)

Nuestras vidas están llenas de deudas y de obligaciones que tenemos con los demás. En medio de los intentos que hacemos a diario para cumplir con estas obligaciones, que Dios nos de la gracia para recordar y enfocarnos en la deuda que verdaderamente importa.

El lazo del amor… y las obligaciones – a las que este conlleva.

Hello, World!

DOMINGO 22 EN TIEMPO ORDINARIO (Septiembre 3, 2017)

Enfasis Sugerido

“Si una persona quiere seguirme el o ella debe renunciar a si mismo, tomar su cruz y seguir mis pasos.”

Perspectiva Salesiana

Ya todos debemos estar muy familiarizados con esta invitación—y con el desafío que la acompaña- de seguir los pasos de Jesús, y lo que esto requiere de nuestra parte.

Quizás demasiado familiarizados.

Alguna vez leyeron/escucharon esta admonición d-e-s-p-a-c-i-o? con c-u-i-d-a-d-o? Jesús no nos reta a que carguemos su cruz; no, Jesús nos llama a todos y cada uno a que carguemos nuestra propia cruz personal, particular, única en su género. Para entender lo que significa cargar cruces, debemos primero considerar lo que significa para nosotros la cruz de Cristo.

La cruz de Jesucristo no es solo la cruz que Jesús cargo en el último día de su ministerio publico, la cruz en la que Jesús entrego su vida: la cruz de Jesucristo fue la totalidad de su vida. La cruz que Jesús cargo cada día fue su disposición para ser fiel con quien el Padre se lo indicara y para acoger todo – el éxito, los obstáculos y todo lo demás – que sucediera a consecuencia de este estado, del momento y de la misión de su vida.

En particular, la cruz que Jesús cargo fue su fidelidad a la hora de acoger la vida – y de dar su vida- sin importar las dificultades y los retos que frecuentemente acompañaron sus esfuerzos al proclamar el reino de Dios.

Desde ya todos nosotros somos seguidores de Jesús. En virtud del amor creativo, redentor e inspirador de Dios – un amor que ha sido demostrado públicamente a través del bautismo- debemos tomar nuestras cruces – debemos entender el tipo de personas que Dios nos ha llamado a ser- y debemos acoger todos los retos que implica el entregar nuestras vidas al servicio de los demás. En resumen, debemos reconocer nuestro lugar en la vida, y a tener el coraje de asumirlo.

Esto es todavía mas cierto cuando se trata de retos que nosotros no escogeríamos: criar un niño difícil; tener que lidiar con un cambio inesperado de trabajo o de residencia; recibir inesperadamente una diagnosis sobre una enfermedad grave; trabajar con un colega conflictivo o con un vecino problemático, luchar con la depresión; perder una esposa, o un esposo o a otro ser querido. San Francisco escribió: “Ustedes están mas que dispuestos a tener una cruz, pero quieren ser ustedes los que escojan la clase de cruz que va a ser… yo quiero que sus cruces y la mía no sean ninguna otra que no sea la cruz de Jesucristo, en lo que se refiere a la clase y la forma en la que nos es impuesta”. (Stopp, Cartas Selectas , pp. 79 – 80)

Quieren seguir a Jesús? Entonces carguen sus propias cruces – acojan sus vidas profunda y completamente – así como les son otorgadas por un Dios que los llama a continuar con el ministerio de Jesús hoy día: en sus casas, en sus trabajos, en sus escuelas, dondequiera que se encuentren. Aun así al final no es suficiente que ninguno de nosotros simplemente la cargue. San Francisco de Sales observo: “Entre mas sagrada sea la cruz que Dios nos da, mas debemos amarla.” (Ibid)

DOMINGO 21 EN TIEMPO ORDINARIO (Agosto 27, 2017)

Perspectiva Salesiana

“Qué grandiosas son las riquezas y la sabiduría y el conocimiento de Dios!”

Perspectiva Salesiana

En su Tratado del Amor de Dios, Francisco de Sales escribió: “Como podemos ver el universo, y especialmente la naturaleza humana, es como un reloj compuesto de una variedad tan grande de acciones y movimientos que no podemos contener nuestra admiración por el. Todos sabemos que en general cada una de estas partes, que han sido creadas de formas tan diferentes, todas sirven para desplegar, como en el interior de un reloj, la justicia sagrada de Dios, o para manifestar el triunfo de la misericordia y la bondad de Dios, como en un canto de alabanza. Pero entender individualmente la función de cada una de las partes, ya sea para entender su función en general o el por que están hechas de tal forma, no es posible a manos que no entendamos lo que el relojero supremo nos enseña. Dios no nos revela su arte para que podamos admirarlo con gran reverencia hasta que lleguemos al cielo, donde Dios nos abrumara con la belleza de su sabiduría. Entonces, en la abundancia de su amor Dios nos revelara las rezones, los significados y los motivos para todo lo que ha sucedido en este mundo para asegurar nuestra salvación eterna”. (Libro IV, Capítulo 8)

Quién puede llegar a entender la mente de Dios? Quién de nosotros puede aspirar a entender el plan que Dios ha diseñado para nosotros? Quién de nosotros puede comprender el alcance y la profundidad del amor que Dios siente por nosotros? La justicia de Dios se extiende más allá de los límites de la mente humana.

Aun cuando no entendemos la mente de Dios, podemos llegar a conocer claramente el corazón de Dios… a través de la persona de su hijo y nuestro salvador, Jesucristo.

En Cristo podemos ver al Dios que nos ha creado. En Cristo podremos ver al Dios que nos ha redimido. En Cristo podemos ver al Dios que nos ha inspirado. En Cristo podemos ver al Dios que nos ama, nos perdona, nos reta, que se preocupa por nosotros y que anhela nuestra felicidad.

En Cristo también podemos ver algo más: lo que significa ser complemente humano. La mente humana y el corazón humano están en su mejor disposición cuando son compasivos, cuando perdonan, cuando son honestos, cuando son pacíficos y generosos. En Cristo, el humilde y gentil sirviente, podemos ver lo que significa ser verdaderamente humano, lo que significa ser hijos e hijas del Dios viviente.

Hay muchas cosas sobre la mentalidad de Dios que solo podemos aspirar a entender y conocer en el cielo. Pero mientras eso sucede, la sumatoria de nuestros esfuerzos debe ser dirigida al entendimiento y la personificación del corazón de Dios en nuestras relaciones con los demás aquí en la tierra.

“Qué tan profundos son las riquezas, la sabiduría y el conocimiento de Dios” en todos y cada uno de nosotros. Cómo podemos compartir estas riquezas y esta sabiduría con los demás hoy, y como podemos llegar a reconocer en nosotros características del corazón de Dios?

DOMINGO 20 EN TIEMPO ORDINARIO (Agosto 20, 2017)

Enfasis Sugerido

“Observen lo correcto, hagan lo que es justo; por que mi salvación está a punto de llegar, mi justicia, está a punto de ser revelada.”

Perspectiva Salesiana

Nuestro Dios puede ser descrito de muchas formas: como un Dios de amor; como un Dios de vida; como un Dios de salvación; como un Dios de reconciliación; como un Dios de paz.

Y como nos recuerdan las lecturas de hoy del profeta Isaías, nuestro Dios es también un Dios de justicia. Esto significa que Dios es justo, que Dios es equitativo. Dios es moralmente recto. Dios es razonable y honesto.

Dios le da a cada quien lo que se merece.

Nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Con este fin, igual que Dios, nosotros también estamos llamados a ser personas justas, y a otorgar a los demás lo que les corresponde.

En la medida en que Dios nos llama a vivir una vida justa, una de nuestras grandes tentaciones es actuar de manera injusta, ósea, vivir con “dos corazones”. En su Introducción a la Vida Devota, Francisco de Sales escribió: “En general nosotros preferimos las riquezas a la pobreza… incluso preferimos a aquellos que se visten bien. Rigurosamente exigimos nuestros derechos, pero queremos que los demás tengan consideración a la hora de exigir los suyos. Nos quejamos con facilidad de nuestros vecinos, pero esperamos que ellos nunca se quejen de nosotros. Las cosas que hacemos por los demás siempre nos parecen enormes y de gran sacrificio, pero lo que los demás hacen por nosotros nos parece poco. En resumen, tenemos dos corazones. Tenemos una actitud moderada, agraciada y cortés hacia nosotros mismos y a la vez tenemos un temperamento duro, severo e intransigente con los demás”. (Parte III, Capítulo 36)

Francisco de Sales nos desafía a que “seamos justos y equitativos en todas nuestras acciones. Pónganse siempre en el lugar de sus vecinos y póngalos a ellos en el suyo, y entonces así vivirán justamente. Imaginen que ustedes son los vendedores cuando vayan a comprar algo, y que son los compradores cuando estén vendiendo algo, y así podrán vender y comprar justamente……al final no perdemos nada si vivimos de forma generosa, noble, cortés y con un corazón que sea real, justo y razonable. Examinen frecuentemente sus corazones para ver si están en buena disposición para con sus vecinos, de la misma forma en que ustedes esperan que los corazones de sus vecinos estén en buena disposición para con ustedes.” (Ibid)

La justicia entonces no se trata solo de imitar un atributo lejano e inalcanzable. La justicia no es solo un asunto de remediar la desigualdad social. La justicia no se limita a trabajar por un noble propósito global. La justicia debe ser la pieza fundamental de incluso la más pequeña, la más mundana de las dimensiones de las vidas de todos aquellos que deseamos seguir a Jesús, de todos aquellos que deseamos vivir una vida devota. Se trata, con toda certeza, de ser mas plena – y profundamente- humano.

En la medida en que tratemos a los demás como queremos que ellos nos traten a nosotros en los pequeños intercambios de la vida diaria – ósea que nos traten justamente, razonablemente, con rectitud- estaremos hacienda uso de la justicia divina de Dios. Qué mejor forma de dar a Dios lo que le corresponde que dándonos los unos a los otros lo que es debido…. Y, en ese mismo proceso, reconocer las bendiciones que llegan a nuestras vidas cuando nuestro corazón es uno solo.

ASUNCION DE LA VIRGEN MARIA (Agosto 15, 2017)

Nuestra reflexión para el Salesiano Dominical de hoy – La Fiesta de la Asunción – ha sido tomada en su totalidad del Tratado del Amor de Dios, Libro 7, Capitulo 14 de San Francisco de Sales.

“No niego que el alma de la Santísima Virgen tenia dos porciones, y por ello dos apetitos: uno de acuerdo con el espíritu y la razón superior, y el otro de acuerdo con el sentido y la razón inferior, siendo el resultado que ella sólo podía experimentar la lucha y la contradicción de un apetito en contra del otro. Esta carga la sentía incluso su Hijo. Digo que en esta Madre celestial todos los afectos estaban tan bien arreglados y ordenados que el amor de Dios mantenía imperio y dominio en ella de forma pasiva y sin ser molestado por la diversidad de voluntades y apetitos o contradicciones de los sentidos. Ni la repugnancia del apetito natural ni los movimientos sensuales se convirtieron en pecados, ni siquiera pecados veniales. Por el contrario, todo había sido usado sagradamente y fielmente en servicio del amor sagrado y para el ejercicio de las otras virtudes que, en su mayoría, no pueden ser practicadas excepto en medio de la dificultad, oposición y contradicción....”

“Como todos saben, el imán naturalmente acerca el hierro hacia si mismo por un poder que es secreto y maravilloso. Aún así, hay cinco cosas que perturban esta operación: (1) si hay una distancia muy grande entre el imán y el hierro (2) si hay un diamante en medio de los dos; (3) si el hierro tiene grasa; (4) si el hierro ha sido frotado con cebolla; (5) si el hierro es muy pesado.”

“Nuestros corazones están hechos para Dios, y Dios constantemente nos estimula y nunca deja de poner en ellos los incentivos del amor divino. Aún así cinco cosas impiden esta atracción divina: (1) el pecado, que nos remueve de Dios; (2) los afectos por la riqueza; (3) los placeres sensuales; (4) el orgullo y la vanidad; (5) el amor propio, junto con la multitud de pasiones desordenadas a las que este conlleva, y que son una carga muy pesada.

“Ninguno de estos impedimentos tenían lugar en el corazón de la Virgen gloriosa. Ella estaba: (1) por siempre lejos del pecado; (2) por siempre pobre de espíritu; (3) por siempre la más pura; (4) por siempre la más humilde; (5) por siempre la amante pacifica de todas sus pasiones y completamente exenta de la rebelión del amor propio en contra del amor de Dios. Por esta razón, igual que el hierro, que cuando está libre de todos los obstáculos es poderosa pero generosamente atraído por el imán – aún cuando la atracción es siempre más activa y fuerte a medida que se acercan el uno al otro – así mismo la Madre Bendita, como no hay nada en ella que impida la operación del amor divino de su Hijo, fue unida con él de forma incomparable por un éxtasis gentil sin obstáculos o impedimentos.”

“Este era un éxtasis en el que la parte sensible obraba sin perturbar la unión espiritual, y así mismo la perfecta aplicación del espíritu no causaba distracción a los sentidos. Así pues, la muerte de la Virgen fue la más gentil que pudo haber sido imaginada, por que su Hijo la acercó dulcemente hacia él con el olor de su perfume, y ella, amantemente, fluyó lejos de su dulzura temerosa hacia el regazo de la bondad de su Hijo. Aún cuando esta alma bendita tenía un amor supremo por su cuerpo, santo, puro y amoroso, ella lo dejó sin pena ni resistencia... Al pie de la cruz, el amor le había dado a esta esposa divina los sufrimientos supremos de la muerte. Verdaderamente entonces, era razonable que al final la muerte le otorgara las delicias supremas del amor.”