DOMINGO 21 EN TIEMPO ORDINARIO (Agosto 27, 2017)

Perspectiva Salesiana

“Qué grandiosas son las riquezas y la sabiduría y el conocimiento de Dios!”

Perspectiva Salesiana

En su Tratado del Amor de Dios, Francisco de Sales escribió: “Como podemos ver el universo, y especialmente la naturaleza humana, es como un reloj compuesto de una variedad tan grande de acciones y movimientos que no podemos contener nuestra admiración por el. Todos sabemos que en general cada una de estas partes, que han sido creadas de formas tan diferentes, todas sirven para desplegar, como en el interior de un reloj, la justicia sagrada de Dios, o para manifestar el triunfo de la misericordia y la bondad de Dios, como en un canto de alabanza. Pero entender individualmente la función de cada una de las partes, ya sea para entender su función en general o el por que están hechas de tal forma, no es posible a manos que no entendamos lo que el relojero supremo nos enseña. Dios no nos revela su arte para que podamos admirarlo con gran reverencia hasta que lleguemos al cielo, donde Dios nos abrumara con la belleza de su sabiduría. Entonces, en la abundancia de su amor Dios nos revelara las rezones, los significados y los motivos para todo lo que ha sucedido en este mundo para asegurar nuestra salvación eterna”. (Libro IV, Capítulo 8)

Quién puede llegar a entender la mente de Dios? Quién de nosotros puede aspirar a entender el plan que Dios ha diseñado para nosotros? Quién de nosotros puede comprender el alcance y la profundidad del amor que Dios siente por nosotros? La justicia de Dios se extiende más allá de los límites de la mente humana.

Aun cuando no entendemos la mente de Dios, podemos llegar a conocer claramente el corazón de Dios… a través de la persona de su hijo y nuestro salvador, Jesucristo.

En Cristo podemos ver al Dios que nos ha creado. En Cristo podremos ver al Dios que nos ha redimido. En Cristo podemos ver al Dios que nos ha inspirado. En Cristo podemos ver al Dios que nos ama, nos perdona, nos reta, que se preocupa por nosotros y que anhela nuestra felicidad.

En Cristo también podemos ver algo más: lo que significa ser complemente humano. La mente humana y el corazón humano están en su mejor disposición cuando son compasivos, cuando perdonan, cuando son honestos, cuando son pacíficos y generosos. En Cristo, el humilde y gentil sirviente, podemos ver lo que significa ser verdaderamente humano, lo que significa ser hijos e hijas del Dios viviente.

Hay muchas cosas sobre la mentalidad de Dios que solo podemos aspirar a entender y conocer en el cielo. Pero mientras eso sucede, la sumatoria de nuestros esfuerzos debe ser dirigida al entendimiento y la personificación del corazón de Dios en nuestras relaciones con los demás aquí en la tierra.

“Qué tan profundos son las riquezas, la sabiduría y el conocimiento de Dios” en todos y cada uno de nosotros. Cómo podemos compartir estas riquezas y esta sabiduría con los demás hoy, y como podemos llegar a reconocer en nosotros características del corazón de Dios?

DOMINGO 20 EN TIEMPO ORDINARIO (Agosto 20, 2017)

Enfasis Sugerido

“Observen lo correcto, hagan lo que es justo; por que mi salvación está a punto de llegar, mi justicia, está a punto de ser revelada.”

Perspectiva Salesiana

Nuestro Dios puede ser descrito de muchas formas: como un Dios de amor; como un Dios de vida; como un Dios de salvación; como un Dios de reconciliación; como un Dios de paz.

Y como nos recuerdan las lecturas de hoy del profeta Isaías, nuestro Dios es también un Dios de justicia. Esto significa que Dios es justo, que Dios es equitativo. Dios es moralmente recto. Dios es razonable y honesto.

Dios le da a cada quien lo que se merece.

Nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Con este fin, igual que Dios, nosotros también estamos llamados a ser personas justas, y a otorgar a los demás lo que les corresponde.

En la medida en que Dios nos llama a vivir una vida justa, una de nuestras grandes tentaciones es actuar de manera injusta, ósea, vivir con “dos corazones”. En su Introducción a la Vida Devota, Francisco de Sales escribió: “En general nosotros preferimos las riquezas a la pobreza… incluso preferimos a aquellos que se visten bien. Rigurosamente exigimos nuestros derechos, pero queremos que los demás tengan consideración a la hora de exigir los suyos. Nos quejamos con facilidad de nuestros vecinos, pero esperamos que ellos nunca se quejen de nosotros. Las cosas que hacemos por los demás siempre nos parecen enormes y de gran sacrificio, pero lo que los demás hacen por nosotros nos parece poco. En resumen, tenemos dos corazones. Tenemos una actitud moderada, agraciada y cortés hacia nosotros mismos y a la vez tenemos un temperamento duro, severo e intransigente con los demás”. (Parte III, Capítulo 36)

Francisco de Sales nos desafía a que “seamos justos y equitativos en todas nuestras acciones. Pónganse siempre en el lugar de sus vecinos y póngalos a ellos en el suyo, y entonces así vivirán justamente. Imaginen que ustedes son los vendedores cuando vayan a comprar algo, y que son los compradores cuando estén vendiendo algo, y así podrán vender y comprar justamente……al final no perdemos nada si vivimos de forma generosa, noble, cortés y con un corazón que sea real, justo y razonable. Examinen frecuentemente sus corazones para ver si están en buena disposición para con sus vecinos, de la misma forma en que ustedes esperan que los corazones de sus vecinos estén en buena disposición para con ustedes.” (Ibid)

La justicia entonces no se trata solo de imitar un atributo lejano e inalcanzable. La justicia no es solo un asunto de remediar la desigualdad social. La justicia no se limita a trabajar por un noble propósito global. La justicia debe ser la pieza fundamental de incluso la más pequeña, la más mundana de las dimensiones de las vidas de todos aquellos que deseamos seguir a Jesús, de todos aquellos que deseamos vivir una vida devota. Se trata, con toda certeza, de ser mas plena – y profundamente- humano.

En la medida en que tratemos a los demás como queremos que ellos nos traten a nosotros en los pequeños intercambios de la vida diaria – ósea que nos traten justamente, razonablemente, con rectitud- estaremos hacienda uso de la justicia divina de Dios. Qué mejor forma de dar a Dios lo que le corresponde que dándonos los unos a los otros lo que es debido…. Y, en ese mismo proceso, reconocer las bendiciones que llegan a nuestras vidas cuando nuestro corazón es uno solo.

ASUNCION DE LA VIRGEN MARIA (Agosto 15, 2017)

Nuestra reflexión para el Salesiano Dominical de hoy – La Fiesta de la Asunción – ha sido tomada en su totalidad del Tratado del Amor de Dios, Libro 7, Capitulo 14 de San Francisco de Sales.

“No niego que el alma de la Santísima Virgen tenia dos porciones, y por ello dos apetitos: uno de acuerdo con el espíritu y la razón superior, y el otro de acuerdo con el sentido y la razón inferior, siendo el resultado que ella sólo podía experimentar la lucha y la contradicción de un apetito en contra del otro. Esta carga la sentía incluso su Hijo. Digo que en esta Madre celestial todos los afectos estaban tan bien arreglados y ordenados que el amor de Dios mantenía imperio y dominio en ella de forma pasiva y sin ser molestado por la diversidad de voluntades y apetitos o contradicciones de los sentidos. Ni la repugnancia del apetito natural ni los movimientos sensuales se convirtieron en pecados, ni siquiera pecados veniales. Por el contrario, todo había sido usado sagradamente y fielmente en servicio del amor sagrado y para el ejercicio de las otras virtudes que, en su mayoría, no pueden ser practicadas excepto en medio de la dificultad, oposición y contradicción....”

“Como todos saben, el imán naturalmente acerca el hierro hacia si mismo por un poder que es secreto y maravilloso. Aún así, hay cinco cosas que perturban esta operación: (1) si hay una distancia muy grande entre el imán y el hierro (2) si hay un diamante en medio de los dos; (3) si el hierro tiene grasa; (4) si el hierro ha sido frotado con cebolla; (5) si el hierro es muy pesado.”

“Nuestros corazones están hechos para Dios, y Dios constantemente nos estimula y nunca deja de poner en ellos los incentivos del amor divino. Aún así cinco cosas impiden esta atracción divina: (1) el pecado, que nos remueve de Dios; (2) los afectos por la riqueza; (3) los placeres sensuales; (4) el orgullo y la vanidad; (5) el amor propio, junto con la multitud de pasiones desordenadas a las que este conlleva, y que son una carga muy pesada.

“Ninguno de estos impedimentos tenían lugar en el corazón de la Virgen gloriosa. Ella estaba: (1) por siempre lejos del pecado; (2) por siempre pobre de espíritu; (3) por siempre la más pura; (4) por siempre la más humilde; (5) por siempre la amante pacifica de todas sus pasiones y completamente exenta de la rebelión del amor propio en contra del amor de Dios. Por esta razón, igual que el hierro, que cuando está libre de todos los obstáculos es poderosa pero generosamente atraído por el imán – aún cuando la atracción es siempre más activa y fuerte a medida que se acercan el uno al otro – así mismo la Madre Bendita, como no hay nada en ella que impida la operación del amor divino de su Hijo, fue unida con él de forma incomparable por un éxtasis gentil sin obstáculos o impedimentos.”

“Este era un éxtasis en el que la parte sensible obraba sin perturbar la unión espiritual, y así mismo la perfecta aplicación del espíritu no causaba distracción a los sentidos. Así pues, la muerte de la Virgen fue la más gentil que pudo haber sido imaginada, por que su Hijo la acercó dulcemente hacia él con el olor de su perfume, y ella, amantemente, fluyó lejos de su dulzura temerosa hacia el regazo de la bondad de su Hijo. Aún cuando esta alma bendita tenía un amor supremo por su cuerpo, santo, puro y amoroso, ella lo dejó sin pena ni resistencia... Al pie de la cruz, el amor le había dado a esta esposa divina los sufrimientos supremos de la muerte. Verdaderamente entonces, era razonable que al final la muerte le otorgara las delicias supremas del amor.”

DOMINGO 19 EN TIEMPO ORDINARIO (Agosto 13, 2017)

Enfasis Sugerido

Salgan y pónganse delante del Señor; el Señor pasará por aquí.”

Perspectiva Salesiana

Aún cuando estemos o no conscientes de ello, todos tenemos expectativas. Esperamos cosas de nuestras familias, esperamos cosas de nuestros esposos y esposas, esperamos cosas de nuestros hijos, esperamos cosas de nuestros padres, esperamos cosas de nuestros amigos, esperamos cosas de nuestros sacerdotes, esperamos cosas de nuestros doctores, esperamos cosas de nuestros dentistas, esperamos cosas de nuestros jefes.

Incluso, nosotros esperamos ciertas cosas de Dios, especialmente cuando nos preguntamos en dónde podemos encontrarlo.

Hay ciertas expectativas que son razonables. Nosotros esperamos encontrar a Dios en una iglesia, en un amanecer, en un atardecer; nosotros esperamos encontrar a Dios en el milagro del nacimiento, en la sonrisa de los niños, en el regalo de la amistad.

El problema es que Dios está en muchos más lugares de los que nosotros podemos imaginar.

Elías esperaba encontrar a Dios en los lugares que son más obvios, ejemplo: en un fuerte y poderoso viento, o en un terremoto. Pero lo que sucedió fue que Dios decidió comunicarse con el a través de un murmullo. El último lugar en el que los discípulos esperaban encontrar a Dios a las altas horas de la madrugada, era caminando sobre un lago en medio de una tormenta: pero ahí estaba.

Nosotros esperamos encontrar a Dios en los lugares obvios, pero también debemos aprender a buscar y a encontrar a Dios en los lugares en que menos pensaríamos verlo. Verdaderamente, las Escrituras están llenas de historia tras historia sobre como Dios decidió entrar en las vidas de los hombres, las mujeres y los niños de formas en que ninguno de ellos lo esperaba.

Aun cuando nuestro Dios es un Dios del cual podemos depender, nuestro Dios también es un Dios que está lleno de sorpresas. Nuestro Dios frecuentemente actúa de formas que sobrepasan- y que algunas veces rompen con - todas nuestras expectativas. Acuérdense de los cuestionamientos y las críticas impuestas por ciertas personas en contra de Jesús, cosas como: “Es que acaso algo bueno puede llegar a salir de Nazaret?”

Dónde debemos esperar poder encontrar a Dios? “Dios está en todas las cosas y en todos los lugares,” escribió San Francisco de Sales. “No hay cosa ni lugar en este mundo en el que Dios no se encuentre verdaderamente presente. De la misma forma en que donde quiera que los pájaros vuelen van a encontrar aire, así mismo dondequiera que nosotros vayamos o dondequiera que estemos allí encontraremos a Dios. Todo el mundo sabe esta verdad pero no todo el mundo es consciente de ella.” ( Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capítulo 2)

Así como Dios, las oportunidades para hacer lo que es justo, para hacer la paz, para ser honestos, para compartir amor, para llevar sanación y para atender y preocuparnos por los demás se presentan en todas partes. Hasta qué punto estamos nosotros ensimismados en lo que esperamos de Dios, que no podemos reconocer lo que él espera de nosotros?

TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR (6 de agosto de 2017)

“Él se transfiguró ante sus ojos y sus vestimentas se volvieron de un blanco resplandeciente, más blancas de lo que cualquier blanqueador pudiera hacerlas”.

Algo extraordinario sucedió en esa montaña.

Consideren la posibilidad de que no fue Jesús quien cambió sino que fueron Pedro, Santiago y Juan los que tuvieron una transformación. Imaginen que este relato del Evangelio de Marcos documenta la experiencia de Pedro, Santiago y Juan cuando se les abrieron los ojos; su visión se amplió y esto les permitió ver sin impedimentos la luz deslumbrante del amor de Jesús emanando de cada fibra de su ser.

Ciertamente, cada día de la vida de Jesús algo de ese extraordinario resplandor, esa extraordinaria pasión y esa extraordinaria gloria le fueron revelados a personas de todas las edades, en todas las etapas y estados de la vida. Los pastores y los reyes magos lo vieron; los ancianos en el templo lo vieron; los huéspedes en un banquete de bodas lo vieron; una mujer que fue descubierta cometiendo adulterio lo vio; un niño poseído por demonios lo vio; un hombre que nació ciego lo vio; un ladrón bueno lo vio.

Si tantas otras personas pudieron reconocer la gloria de Jesús en una palabra, una mirada, un contacto, ¿por qué Pedro, Santiago y Juan tuvieron que hacer un esfuerzo adicional para poder verla? Quizás porque eran tan cercanos a Jesús; quizás porque estaban con él todos los días; quizás porque, de cierto modo, ellos la habían dado por hecho.

Y nosotros, ¿reconocemos la existencia de esa misma gloria divina en nosotros, en los demás, en la creación, e incluso en las experiencias diarias más simples y mundanas de justicia, verdad, sanación, perdón, reconciliación y compasión?

¿O la damos por hecho?

San Francisco de Sales veía la Transfiguración como un “atisbo del cielo”. Podemos desarrollar nuestra capacidad, por medio de la calidad de nuestras vidas, para hacer que ese "atisbo del cielo" sea más visible y disponible a los ojos –y en las vidas– de otros. Que Dios nos ayude a reconocer las cosas excepcionales que ocurren todos los días en nuestras vidas... y en las vidas de los demás.

DOMINGO 17 EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 30, 2017)

Enfasis Sugerido

“Dale a tu siervo un corazón comprensivo…”

Perspectiva Salesiana

De todas las cosas que Salomón hubiera podido pedir a Dios, lo único que pidió fue “un corazón comprensivo” para poder distinguir el bien del mal. Se nos ha dicho que Dios verdaderamente estaba complacido con esa petición tan sabia e intuitiva. Dios le otorga a Salomón lo que ha pidió; un regalo que serviría a Salomón tanto que lo convirtió en el más sabio de todos los reyes de Israel.

“Un corazón comprensivo” esta parece ser una de las más distinguidas características presentes en todos los santos de Dios. Santos y santas de toda edad y cultura muchas veces demuestran (entre otras cosas) una gran habilidad para poder entender las cosas que verdaderamente importantes en la vida.

San Francisco de Sales no fue la excepción a esta tendencia. En una carta a santa Juana de Chantal Francisco escribió: “Ojala yo pueda recibir y utilizar el regalo de la comprensión como debo hacerlo, para así poder obtener un entendimiento mas claro y profundo de los santos misterios de nuestra fe! Por que esta inteligencia tiene el poder maravilloso de hacer que nuestra voluntad se entregue al servicio de Dios; nuestro entendimiento esta comprometido con Dios, sumergido en él, y así lo reconoce de una forma maravillosa y perfectamente buena. A medida que la mente deja de pensar en todo lo demás en comparación con la bondad de Dios, también la voluntad deja de desear o de amar cualquier otra bondad al compararla con la bondad de Dios; aun si nuestros ojos miraran directa y profundamente hacia el sol ya no podrían ver ninguna otra luz. Pero como nosotros solo podemos demostrar nuestro amor en este mundo cuando hacemos el bien (por que nuestro amor debe actuar de alguna forma), necesitamos consejo para poder poner en practica ese amor que vive dentro de nosotros, por que es un amor celestial el que nos urge a hacer el bien. El Espíritu Santo nos da el regalo de la comprensión para que podamos aprender a hacer el bien, para que sepamos escoger la clase de bien que vamos a hacer, y para que sepamos de que forma plasmar nuestro amor en nuestras acciones”. ( Cartas Selectas, pp. 281 - 282)

Desde un punto de vista práctico, el regalo de la sabiduría (la habilidad de discernir la mejor forma de lograr el bien) tiene un rol fundamental en la selección y la práctica de la virtud. Francisco de Sales escribió: “La caridad nunca entra en un corazón sin antes alojarse a si misma y a todas esas otras virtudes de las cuales hace uso y a las cuales disciplina como un capitán lo hace con sus soldados. No las pone a trabajar todas al mismo tiempo, no todo el tiempo ni tampoco en todas partes… la gran falla de muchas personas que deciden emplear una virtud en particular es el hecho de que ellos piensan que tienen que practicarla en toda ocasión y situación. A la hora de practicar las virtudes nosotros debemos hacer uso de las que mejor encajen con las circunstancias con las cuales estamos lidiando, en vez de usar las que mas nos acomodan o aquellas por las cuales sentimos mas afinidad…entre las virtudes que practicamos deberíamos preferir aquellas que son mas excelentes, en vez de las que son mas obvias.” ( Introducción a la Vida Devota, Parte III)

Un corazón que entiende sabe lo que significa ser verdaderamente divino; un corazón lleno de entendimiento sabe lo que significa ser verdaderamente humano. Un corazón lleno de entendimiento sabe como hacer lo que es recto y correcto; sabe que tipo de bien o de buena acción debe llevar a cabo en una situación particular; sabe como expresar amor a través de acciones.

Este tipo de comprensión es un regalo que nos llega directamente desde nuestro hogar en el cielo. Este entendimiento es realmente un tesoro para nuestros hogares aquí en la tierra.

Por qué habríamos de desear algo más?

DOMINGO 16 EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 23, 2017)

Enfasis Sugerido

“Todos aquellos que son justos deben también ser amables.”

Perspectiva Salesiana

El Libro de la Sabiduría no deja espacio para la ambigüedad cuando se refiere a las características de la justicia divina: el cuidado, la clemencia, la indulgencia, el resentimiento y la amabilidad. Estas características en vez de insinuar que Dios pueda ser “débil” describen más bien la naturaleza de la verdadera fuerza, la verdadera autoridad y el verdadero poder.

Esta es la gran paradoja del amor divino: aún cuando el pecado y el mal pueden provocar el castigo divino, es mucho más probable que ultimadamente reciban la misericordia, la indulgencia y la bondad divina. Francisco de Sales observó: “El pecado de Adán verdaderamente estaba muy lejos de llegar a abrumar la bondad de Dios. Por el contrario, despertó y motivo aún más la bondad de Dios. Como si tratando de realinear sus tropas en rumbo a la victoria, la bondad de Dios hace que la gracia abunde de sobremanera en donde antes abundó la inigualdad…....Verdaderamente, la providencia de Dios nos ha dejado muchas grandes marcas que reflejan la severidad divina, aun incluso en los momentos mismos en que Dios irradia su misericordia sobre nosotros; ejemplos de estas marcas incluyen: el hecho de que debemos morir, las enfermedades, los trabajos, la rebelión sensual…...pero el favor de Dios flota por encima de todas estas cosas y se regocija al convertir todas estas miserias en beneficios para todos aquellos que lo aman.” ( Tratado del Amor de Dios, Libro II, Capítulo 5)

En ningún otro lugar o situación podemos ver reflejado el ejercicio del poder y la justicia de Dios tan claramente, con tanta bondad y con tanta clemencia que en la vida y el legado de Jesucristo. San Francisco de Sales escribió: “en una palabra, nuestro Salvador divino nunca se olvida de demostrar que ‘su misericordia esta por encima de todas sus obras’. Que su misericordia sobrepasa su justicia, que ‘su redención es abundante’, que su amor es infinito y que, como los Apóstoles dicen “él es rico en compasión’ y por consiguiente él ‘desea que todos sean salvados’ y que ni uno solo perezca”. (Tratado, Libro II, Capítulo 8)

Sobre la practica de la virtud, Francisco de Sales escribió lo siguiente: “Algunas virtudes tienen un uso casi general y no deben producir solo sus propios resultados sino que también deben extenderse a todas las otras virtudes. No siempre se presentaran ocasiones en las que podemos hacer uso de la fortaleza, la magnanimidad, o de una gran generosidad, pero la gentileza, la templanza, la integridad y la humildad son virtudes que deben enmarcar todas las acciones que llevemos a cabo en el transcurso de nuestras vidas.”

La práctica de la virtud es el hecho de compartir y repartir el poder y la promesa de Dios. Cómo debemos responder a este poder divino- poder expresado en paciencia, en indulgencia, en clemencia y en bondad?

Primero, debemos arrepentirnos. Debemos reconocer nuestra necesidad de ser salvados, redimidos y reconciliados a través de la justicia de Dios. Ese poder no solo nos ayuda a alejarnos de la inigualdad sino que también nos permite hacer lo que es recto y correcto.

Segundo, debemos hacer uso del poder divino en el cual compartimos (como resultado de la naturaleza de nuestra creación y redención) perdonándonos los unos a los otros: practicando y extendiendo el cuidado y la comprensión, la clemencia, la indulgencia y la bondad a nuestros hermanos y hermanas, especialmente cuando ellos, ya sea con intención o sin pensarlo, nos hieren o nos hacen daño

La mejor forma de servir a la justicia divina es a través de la bondad. Qué tan listos estamos para recibir – y compartir – un regalo tan poderoso y redentor como este?

DOMINGO 15 EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 16, 2017)

Enfasis Sugerido

“La semilla que cae en buena tierra dará una cosecha abundante.”

Perspectiva Salesiana

Algunas veces las cosas buenas toman demasiado tiempo... y requieren mucha paciencia.

Esto es cierto hasta de las mejores cosas, las semillas del amor de Dios.

Cada uno de nosotros es “la buena tierra” sobre la cual y en la cual Dios planta la semilla de la vida y del amor divino. Nosotros hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, y nuestra vocación común (la cual es única para cada uno de nosotros de acuerdo con el plan de Dios) es permitir que estas semillas de la vida divina echen raíces en nuestras mentes y en nuestros corazones y produzcan en nosotros una bondad tan abundante que se extienda y sea transmitida a las vidas de nuestros hermanos y hermanas… para que así todos podamos dar gloria y honor a Dios.

Aun así como está ilustrado claramente en la parábola del Evangelio de Mateo, no todas las semillas del amor de Dios van a crecer bien dentro de nosotros. Algunas de estas semillas van a ver su crecimiento estancado a causa de nuestros temores y ansiedades. Algunas otras van a ser aplastadas por nuestras preocupaciones o por ciertas atracciones. Algunas otras simplemente se van a marchitar a causa de nuestra falta de atención y de cuidados. Aun así, y a pesar de estos y tantos otros obstáculos que pueden llegar a presentarse, muchas de las semillas del amor de Dios si logran echar raíces, crecer y producir una cosecha de amor, de justicia, de paz, de verdad de reconciliación y de libertad.

Pero este crecimiento lleva tiempo y también requiere de una serie de periodos de prueba, de cometer errores y de volver a intentarlo. Es importante que nosotros recordemos esto para que no desfallezcamos y para que simplemente dejemos que las semillas del amor de Dios obren libremente en nosotros. La práctica de la paciencia no es solo importante para promover el crecimiento espiritual en nosotros mismos, sino que también para promoverlo en las vidas de los demás. En una carta a cierta Madame Brulart, Francisco de Sales escribió: “En cuanto al su deseo de ver a sus seres queridos progresar en el servicio a Dios y su anhelo por llegar a obtener la perfección Cristiana, quiero decirle que alabo tremendamente ese deseo...Pero a decir verdad, siempre temo que en estos deseos se halle presente un rastro de auto-amor y de auto-voluntad; por ejemplo, nosotros podemos llegar a hallar tanto gusto en estos deseos que quizás no hagamos suficiente campo para las cosas que verdaderamente importan: la humildad, la resignación, la gentileza de corazón y otras cosas por el estilo. O puede también llegar a suceder que la intensidad de estos deseos nos ocasionen tanta ansiedad o de forma tan afanosa que a la final no podemos someternos a la voluntad de Dios tan perfectamente como deberíamos hacerlo.” (Cartas de Dirección Espiritual, página 110.)

Es claro que aun cuando debemos responsabilizarnos de nuestro crecimiento en la devoción – ósea, que debemos nutrir las semillas del amor de Dios en nosotros y animar a los demás para que hagan lo mismo- debemos hacerlo con paciencia y con la mente abierta a la voluntad de Dios para con nosotros, para que así nuestros esfuerzos no terminen siendo solo un ejercicio de nuestro amor propio, de nuestra auto desilusión y de nuestro ensimismamiento.

Francisco de Sales nos ofrece este consejo: “Luchen por sus objetivos de forma gentil y apacible… a través de sus palabras y de sus acciones deben sembrar semillas que animen a los demás… De esta forma harán mucho más bien que haciendo otras cosas, especialmente si ruegan para que así sea...” ( Ibid)

Las semillas del amor de Dios que caen en buena tierra – en nosotros, en los demás – a largo plazo van a dar una cosecha fructífera. A corto plazo es nuestro deber nutrirlas poco a poco, con paciencia y con cuidado (especialmente cuando nos enfrentemos al fracaso y a la frustración) y en formas que glorifiquen a Dios en el cielo… y que ayuden a producir una cosecha de justicia y paz aquí en la tierra.

DOMINGO 14 EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 9, 2017)

Enfasis Sugerido

“Vengan a mi todos ustedes que estén cansados y que sienten que la vida es agobiante, que yo los avivaré. Tomen mi yugo sobre sus hombros y aprendan de mí, por que yo soy gentil y humilde de corazón. Sus almas encontrarán el descanso, por que mi yugo es fácil y mi carga liviana.”

Perspectiva Salesiana

Ser humilde y gentil es tratar de personificar las palabras de Jesús encontradas en el Evangelio de San Mateo: “Vengan a mi todos ustedes que estén cansados y que siente que la vida es agobiante, y yo los avivare. Aprendan de mi, por que yo soy gentil y humilde de corazón.”

La humildad puede ser descrita como 'vivir en la verdad'. La verdad es que nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. La verdad es que nosotros somos buenos. La verdad es que nosotros no siempre nos comportamos a la altura de esa bondad. La verdad es que necesitamos el perdón y la gracia de Dios para hacer esa bondad una realidad. La verdad es que necesitamos el apoyo y el ánimo que nos dan los demás.

La gentileza puede ser descrita como la práctica de la proporcionalidad. Se trata de mantener las cosas en perspectiva. Se trata de saber cuando debemos mantenernos firmes. Se trata de saber cuando debemos ser más laxos y ceder un poco. Pero por sobre todo, ya sea en los buenos momentos o en los malos o en todos los momentos intermedios, la gentileza se trata de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás con profundo respeto y reverencia, una gracia que tenga origen en el reconocimiento de que cada uno de nosotros -que todos nosotros- somos hijos e hijas del Dios viviente.

La práctica diaria de estas dos virtudes contribuye a la formación de una clase particular de corazón en aquellos que siguen a Jesús: un corazón que anhela y que lucha por la justicia. “Sean justos y equitativos en todas sus acciones,” escribió San Francisco de Sales en la Tercera Parte, Capítulo 36 de la Introducción a la Vida Devota. “Pónganse siempre en el lugar de su vecino y pongan a su vecino en el suyo propio, esa será la forma en que aprenderán a juzgar correctamente.”

Y continuó: “imaginen que ustedes son los vendedores cuando estén comprando cosas, imaginen que son los compradores cuando estén vendiendo; De esta forma podrán vender y comprar de acuerdo con lo que es justo.”

Esto no siempre es fácil de hacer. Frecuentemente hemos sido tentados a relacionarnos con los demás de formas que no son ni justas ni razonables. Hemos sido tentados a promover solo nuestras preocupaciones, a preguntar primero “Qué gano yo con todo esto?” o a concentrarnos siempre en el beneficio del “#1.”

En momentos como estos “tenemos dos corazones. Uno es apacible, favorable y cortés hacia nosotros mismos, el otro es duro, severo y riguroso hacia los demás.” En momentos como este tenemos “dos balanzas: una para pesar las conveniencias, las cosas que van a producirnos grandes ventajas, la otra para pesar esas cosas que le convienen a nuestros vecinos y que casi siempre resultan en una gran desventaja para ellos.”

San Francisco de Sales nos reta: “No dejen de examinar frecuentemente si su corazón es con sus vecinos de la misma forma en que ustedes desearían que sus vecinos fueran con ustedes en caso de que se hallaran los unos en lugar de los otros”.

Es una cosa tan ordinaria. Una cosa tan cotidiana. En la tradición Salesiana, una cosa tan poderosa y a la vez tan avivante. A la final, dice San Francisco de Sales, nosotros “no perdemos nada si vivimos de forma generosa, noble, cortés, y con un corazón real, justo y razonable”.

No solo no perdemos nada, sino que Jesús nos promete que al vivir humildemente y gentilmente podemos encontrar algo que siempre hemos anhelado.... el descanso de nuestras almas: no más tarde en el cielo, sino aquí mismo, ahora mismo, en la tierra.

Decimotercer Domingo del Tiempo Ordinario (2 de julio de 2017)

En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice cómo debemos amarlo si vamos a ser Sus discípulos. San Francisco de Sales observa lo siguiente:

La voluntad de Dios era que Adán amara a Eva con ternura, pero no a tal grado que el complacerla transgrediera la orden que Dios le dio. El amor de nuestra familia, amigos y benefactores es lo que desea Dios. Aun así, podemos llegar a amarlos en exceso. Este también puede ser el caso con nuestra vocación, no importa cuán espiritual, e incluso con nuestras devociones cuando las amamos como si fueran nuestra finalidad. Debemos recordar que estos solo son medios para alcanzar nuestro propósito definitivo: el amor de Dios.

¿Por qué surge nuestro amor excesivo por las personas y las cosas? Porque esas cosas que debiéramos amar conforme a la voluntad de Dios, las amamos por otras causas y motivos. Puede que esos motivos no sean contrarios a Dios pero están al margen de Él. Es decir, se centran más en nuestros deseos que en aquello que Dios desea para nosotros.

Aun así, hay almas que aman solo aquello que Dios desea y de la manera en que Dios lo desea para ellos. Bienaventuradas son realmente dichas almas porque aman verdaderamente a Dios, a sus amigos en Dios, e incluso aman a sus enemigos por Dios. Es a Dios a quien ellos aman por sobre todas las cosas, e incluso en todas las cosas. Estas almas son excepcionales y singulares. Son como pescadores de perlas que no dicen que están pescando ostras sino perlas. Estas grandes almas encuentran la perla que es la amorosa presencia de Dios en todas las personas y todas las cosas, y esa es la razón de su dicha.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos urge a amar del modo que Dios quiere que amemos. Para desear lo que Dios desea para nosotros, debemos despojarnos de todo aquello en nuestros deseos y afectos que no procede de Dios. Entonces seremos libres de amar a todas las personas y cosas en Cristo y para Cristo. Es la presencia del amor divino de Cristo en nosotros lo que nos permite convertirnos en sus discípulos.

Décimo segundo Domingo en el Tiempo Ordinario (Junio 25, 2017)

Énfasis sugerido

“No teman a aquellos que pueden privar al cuerpo de vida pero que no pueden destruir el alma".

Perspectiva Salesiana

“Miedo, pavor, susto, alarma, pánico, terror, turbación, significan una agitación ante o cuando se anticipa un peligro. El miedo es el término más general e implica ansiedad y comúnmente la pérdida del coraje; el pavor se refiere a una fuerte renuencia a enfrentar o a encontrarse con personas o situaciones y sugiere aversión además de ansiedad; susto es un miedo súbito y alarmante; la alarma sugiere una mayor y repentina conciencia del peligro inmediato; el pánico se refiere a un miedo irracional y abrumador que genera histeria; el terror es el nivel más extremo del miedo; la turbación le añade al temor las implicaciones de la timidez, el estremecimiento y la vacilación”. (Diccionario Webster)

Al igual que muchas otras emociones, el miedo –y los sentimientos relacionados al mismo– hacen parte de la vida. ¿Quién de nosotros nunca se ha sentido asustado, alarmado o ansioso? ¿Quién de nosotros tiene el control total de las cosas, personas o situaciones que pueden generarnos temor?

Aunque puede que no sea posible evitar el miedo, sí podemos elegir cómo vamos a lidiar con él. Francisco de Sales observaba que: “San Pedro, se llenó de miedo al ver la fuerte tormenta. Tan pronto sintió temor, empezó a hundirse y ahogarse y entonces gritó: '¡Señor sálvame!', y Nuestro Señor lo tomó de la mano y le dijo: 'Oh, hombre de poca fe, ¿por qué dudas?'. Miren a este apóstol: él camina sobre el agua y ni las olas ni los vientos pueden hacer que se hunda. Sin embargo, su temor al viento y a las olas harán que perezca a menos que su Creador lo salve. El miedo es peor que el mal en sí. Oh hombres de poca fe, ¿a qué le temen? No, no tenga miedo; están caminando sobre el mar, rodeados por el viento y el agua, pero están con Jesús: ¿qué hay que temer? Si el terror los atrapa, digan en voz alta: ¡Señor sálvame! Él extenderá su mano hacia ustedes; sujétenla con fuerza y continúen con dicha por su camino”. (Stopp, Cartas selectas, página 125)

El secreto para lidiar con el miedo es la paciencia, tener control de nosotros mismos, ósea, ser centrados y reflexivos. Francisco de Sales escribió: "Con paciencia ganarán sus almas. Nuestra gran felicidad es ser dueños de nuestras propias almas, y entre más perfecta nuestra paciencia poseeremos nuestras almas más completamente" (Introducción, Parte III, Capítulo 3). Independientemente de la intensidad del miedo que podamos llegar a experimentar, no debemos permitir que esto nos abrume o nos derrote hasta el punto en que no tenemos control de nuestras almas.

“En resumen, no es necesario filosofar sobre sus problemas, no peleen con ellos, sólo avancen, así de simple. Dios jamás permitiría que se pierdan si ustedes viven conforme a su resolución de no perderlo a él. Así el mundo entero quedara patas arriba y todo a nuestro alrededor fuera oscuridad, humo y estrépito, Dios seguirá con nosotros" (Stopp, Cartas selectas , página 125).

El miedo es parte de la vida. Es un sentimiento poderoso e inquietante que puede tener un profundo efecto en nosotros. Sin embargo, no importa cuán formidable o frecuente, el miedo no puede prevalecer… a menos que, por supuesto, le permitamos que nos paralice.

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (Junio 18, 2017)

Enfasis Sugerido

“Hagan esto en mi memoria”.

Perspectiva Salesiana

La Eucaristía – una palabra que literalmente significa dar gracias – es la celebración central de la comunidad Cristiana. Habla cantidades de quien es Dios en nuestras vidas. Habla cantidades de quienes somos y quienes hemos sido llamados a ser en las vidas de los demás.

La Eucaristía es el Corazón de nuestra fe.

La Eucaristía celebra la verdad de que Dios nos ama tanto que envió a Jesús para que fuera nuestro redentor. La Eucaristía celebra la verdad de que Dios nos ama tanto que permitió que el cuerpo de Jesús fuera maltratado y que la sangre de Jesús fuera derramada por nosotros. La Eucaristía celebra la verdad de que Dios nos ama tanto que el Espíritu elevo a Jesús de entre los muertos para que nosotros pudiéramos compartir el poder y la promesa de la vida eterna.

La Oración Eucarística para los Niños III lo dice de la siguiente manera: Jesús “nos trajo las buenas nuevas de la vida que espera por nosotros en el cielo. El nos mostró el camino hacia esa vida acá en la tierra; el camino del amor… El ahora nos reúne en una mesa y nos pide que hagamos lo que él hizo.” La Oración Eucarística para la Reconciliación II nos dice que Jesús “nos ha confiado esta promesa de su amor”.

La Eucaristía celebra la verdad de que hemos sido llamados a hacer mucho más que simplemente recibir el cuerpo y la sangre de Cristo: La Eucaristía celebra la verdad de que cada uno de nosotros somos –que debemos ser- el cuerpo y la sangre de Cristo para los demás. La Eucaristía celebra la verdad de que estamos llamados a permitir ser maltratados y derramados por los demás, a que vivamos nuestras vidas luchando por la justicia, la paz, la reconciliación, la sanación, la libertad, la vida y el amor.

Estamos llamados a proclamar la muerte del Señor en nuestra voluntad para ser el pan y el vino para los demás. Estamos llamados a proclamar la muerte del Señor –el poder del Señor- en nuestra voluntad para poner nuestras vidas, nuestros talentos y nuestros esfuerzos al servicio y la continuación de la redención, de la obra de salvación que Jesús inició.

Nosotros demostramos nuestra dignidad Eucarística y nuestro destino Eucarístico cuando acogemos el mandato de Jesús a que “hagamos esto en su memoria”: no solo al celebrar la Eucaristía en el primer día de la semana, sino siendo la Eucaristía para los demás cada día de la semana, alimentando, nutriendo y perdonándonos los unos a los otros.

La Eucaristía no es simplemente algo que recibimos. La Eucaristía es algo en lo que nos debemos convertir. La Eucaristía es algo que debe ser compartido con los demás. La Eucaristía, en resumen, es un estilo de vida.

A cada nivel.

Seamos la Eucaristía los unos para los otros. Alimentemos, nutramos y perdonemos... en su memoria... en hermandad con los demás.

DOMINGO DE LA TRINIDAD (Junio 11, 2017)

Enfasis Sugerido

“Dense ánimo los unos a los otros. Vivan en armonía y paz, y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes”.

Perspectiva Salesiana

San Francisco de Sales decía lo siguiente acerca de uno de los misterios más profundos de nuestra fe: la naturaleza trina de Dios.

“Desde la eternidad hay en Dios una comunicación esencial a través de la cual el Padre, al producir al Hijo, le comunica la totalidad de su infinidad y la naturaleza indivisible de su divinidad. Juntos el Padre y el Hijo, al producir el Espíritu Santo le comunican de la misma manera su propia divinidad. Así también esa dulzura soberana fue comunicada tan perfectamente a una criatura que la naturaleza creada y la divinidad retuvieron cada una sus propiedades al mismo tiempo que se mantenían unidas en una sabiduría tal que eran todos una misma persona… es decir, la sabiduría suprema de Dios ha decidido interlazar este amor original con la voluntad de sus criaturas de una forma tan sabia que el amor no limita la voluntad sino que la deja en plena libertad.” ( Tratado del Amor de Dios, Libro 2, Capítulo 4)

Qué podemos considerar o explicar con relación al profundo misterio de la Trinidad de una forma que haga la diferencia en nuestras vidas y en las vidas de todos aquellos a quienes conocemos? En aras de la simplicidad analicemos a cada una de las personas de la Trinidad de forma general, haciendo énfasis en aquellas actividades que nosotros –en nuestro intento por entender el misterio de la naturaleza divina- asociamos con el Padre, el Hijo y el Espíritu mientras recorremos la historia de nuestra salvación:

  • En la Trinidad experimentamos a un padre que nos ha creado por amor;

  • En la Trinidad experimentamos a un Hijo quien nos ha redimido y reconciliado a través del amor;

  • En la Trinidad experimentamos un Espíritu que nos inspira y nos sostiene con amor.

Nosotros somos como la Trinidad cuando establecemos y mantenemos en nosotros aquellas cosas que reflejan la naturaleza Trinitaria que Dios nos ha dado: cuando creamos, cuando nutrimos, cuando alimentamos relaciones que nos redimen, que nos reconcilian, que nos inspiran a vivir en la libertad propia de los hijos e hijas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Como lo dijera San Pablo, nosotros somos fieles a nuestra dignidad y nuestro destino divino cuando “nos apoyamos los unos a los otros… viviendo en armonía y paz…”

Nosotros somos como la Trinidad cuando perdonamos, cuando estamos dispuestos a dejar atrás los dolores, las decepciones, las injurias y los engaños. Somos mas como el Dios Trino cuando inspiramos, animamos, desafiamos y nos apoyamos los unos a los otros a hacer lo mismo con nosotros.

De que forma podemos actuar mejor y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hoy? Como podemos animar (literalmente “entregar el Corazón” a) los demás?

PENTECOSTES (June 4, 2017)

Enfasis Sugerido

“Cada uno de nosotros los escucha hablando en nuestra propia lengua acerca de las maravillas que Dios ha logrado”.

Perspectiva Salesiana

A pesar de que ellos hablaban ante muchas personas, de muchas lenguas y de muchas culturas diferentes, los apóstoles eran entendidos por todos sus oyentes a medida que proclamaban las maravillas que Dios había logrado.

Cómo era esto posible?

Encendidos por el poder del Espíritu Santo, los apóstoles hablaban el lenguaje del corazón. Ellos hablaban con entusiasmo. Ellos hablaban con gratitud. Ellos alababan y daban gracias. Ellos hablaban desde el fondo de su ser. Ellos hablaban desde su alma.

En resumen, ellos hablaban el lenguaje universal- el lenguaje del corazón.

Nosotros somos más humanos- nosotros somos más divinos- cuando hablamos el lenguaje del corazón, cuando hablamos el lenguaje del amor, cuando hablamos y escuchamos con el alma, cuando nuestras palabras tienen origen en la Palabra-Hecha-Hombre.

Como bien sabemos por nuestra propia experiencia, la comunicación implica mucho más de lo que podemos ver a simple vista… o de lo que podemos llegar a escuchar o hablar. Comunicarse es a veces más fácil decirlo que hacerlo. Muchas veces confundimos lo uno con lo otro. Frecuentemente presumimos de que sabemos lo que los demás están pensando o sintiendo. Frecuentemente usamos las mismas palabras para cosas distintas. Frecuentemente tenemos diferentes formas de decir la misma cosa. Frecuentemente oًímos, pero fracasamos a la hora de escuchar. Siempre estamos hablando, pero esto no es lo mismo que comunicarnos… o que hablar de corazón a corazón.

San Francisco de Sales nos dice que el Espíritu Santo viene a encender los corazones de los creyentes. Cuando nosotros hablamos y escuchamos con nuestros corazones encendidos por la dicha, la verdad y la gratitud, el conflicto le da paso al entendimiento, la confusión le da paso a la claridad, la distancia le da paso a la intimidad, el dolor le da paso a la sanación, la frustración le da paso al perdón, la violencia le da paso a la paz, el pecado le da paso a la salvación.

Francisco de Sales no ofrece su consejo: “Hablen siempre de Dios como Dios, es decir, con reverencia y devoción, sin ostentar y sin sentirse afectados por nada sino con el espíritu sumiso, lleno de humildad y de caridad. Destilen tanto como puedan de la miel deliciosa de la devoción y de las cosas divinas e imperceptibles dentro de los oídos de una persona y otra. Oren a Dios en su alma para que puedan complacerlo y hacer que su santo rocío y que quede impregnado en lo más profundo de los corazones de aquellos que los escuchen. Es maravilloso como el poder de una propuesta amigable y dulce para hacer buenas obras atrae los corazones de los oyentes”.

Cómo debemos hablar, escuchar, practicar el lenguaje del amor el día de hoy?

SEPTIMO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 28, 2017)

SEPTIMO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 28, 2017)

Enfasis Sugerido

“Cuando entraron a la ciudad… se volvieron devotos de la oración.”

Perspectiva Salesiana

La oración es esencial para todos aquellos que desean vivir una vida devota. Francisco de Sales describió la oración como “una a corriente de agua santa que fluye y hace que las plantas de nuestros buenos deseos crezcan frondosas y florezcan y satisfagan las pasiones que yacen en nuestros corazones.” (Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capítulo 1)

Qué es la oración? En su Tratado del Amor de Dios, Francisco escribió: “La oración generalmente hablando, comprende todos los actos de contemplación… es una conferencia o conversación con Dios... una discusión con la divina majestad… un ascenso o elevación de la mente hacia Dios. En la medida en que la oración es un coloquio, una discusión o conversación del alma con Dios, a través de la plegaria hablamos con Dios y Dios a su vez habla también con nosotros. Nosotros aspiramos a alcanzar a Dios y a respirar en Dios; Dios recíprocamente nos inspira y nos toca con su aliento”. (Libro VI, Capítulo 1)

De todos los métodos para orar Francisco recomendó “la oración mental, la oración del corazón, y particularmente la oración que se centra en la vida y pasión de nuestro Señor. Al dirigir sus ojos hacia Cristo durante la meditación, sus almas se llenarán completamente de él. Aprenderán el camino de Cristo y este camino determinará el curso de cada uno de sus actos.” ( Introducción, Parte II, Capítulo 1) La oración mental. La meditación. La contemplación. Francisco observó: “todas estas pueden parecer palabras de otro mundo, y es por esto que muy pocas personas llegan a entender realmente su significado.” (Púlpito y Banco, página 191) Para muchos de nosotros, ahí está el meollo del asunto: nosotros nos sentimos intimidados y/o desanimados en nuestros intentos de practicar la oración mental. Nosotros nos repetimos que no podemos hacerlo bien, o nos distraemos demasiados o que esto requiere demasiado tiempo y esfuerzo.

Y así dejamos de orar.

Francisco no era ajeno a los desafíos a los que las personas deben enfrentarse durante la práctica de la oración mental, la meditación, la contemplación o “la oración del corazón”. El se dio cuenta que así como hay una variedad de personas y de personalidades, hay también más de una forma de orar. El menciona otros dos enfoques: (1) la oración vocal, y (2) la oración de la vida o de las buenas obras. “La oración vocal consiste en hacer uso de la formula de las palabras que ya han sido creadas para nosotros, y hacer que haya intención detrás de lo que decimos...” ( Púlpito y Banco, página 180) “La oración de la vida es la oración de nuestra buenas obras, una oración oculta. Las buenas obras guardadas en los corazones de la gente pobre hablan a Dios de nosotros.” ( Ibid, p. 181)

Otra forma de orar que es similar a estas (y a otras) es el acto simple –pero poderoso- de pedir. “Toda oración implica pedirle algo a Dios: La gloria de Dios o nuestra necesidad. Orar es nuestro deber, por que… aún cuando Dios no tiene necesidad de nuestras oraciones, ellas son útiles para nosotros por que mantienen vivo en nosotros el sentido de nuestra obligación para con Dios.” (Ibid)

La oración es para el alma lo que respirar es para el cuerpo: uno no puede continuar ni florecer sin el otro. Pero ustedes deben adaptar su devoción a la práctica de la oración de acuerdo con el estado, la etapa y las circunstancias de su vida actual. No hagan de la oración algo mas complicado de lo que debe ser, pero al mismo tiempo denle la importancia que esta requiere.

Alguna vez yo le dije a mi maestro que, muy para mi vergüenza y frustración, yo estaba convencido de que no podía orar con profundidad. El me dijo: “Si no puedes orar con profundidad, al menos se una persona profunda… que ora.”

Sin importar cuan profundo, cuan llano, que larga o que corta sea, entréguense a la oración de cualquier forma, en todas las formas… cada uno y cada día.

LA ASUNCION DEL SENOR (Mayo 25/28, 2017)

Enfasis Sugerido

“Vayan y hagan discípulos de todas las naciones.”

Perspectiva Salesiana

Al hablar del misterio de la Asunción de Nuestro Señor, Francisco de Sales escribió: “Nosotros abandonamos nuestra mera vida humana para poder vivir una vida mas noble y que esta por encima de nosotros. Todos escondemos toda esta nueva vida en Dios con Jesús Cristo que es el único que puede verla, lo sabe y la otorga. Nuestra nueva vida es el amor celestial, el cual vivifica y anima nuestra alma, y este amor esta totalmente oculto en Dios y en las cosas de Dios con Jesucristo. Como lo dicen las palabras sagradas del Evangelio, después que Jesús se había presentado por un rato ante sus discípulos, ascendió a los cielos, y al momento en que las nubes comenzaron a rodearlo, lo cubrieron y lo escondieron de sus ojos. Jesucristo entonces está escondido en el cielo, en Dios. Jesucristo es nuestro amor, y nuestro amor es la vida de nuestra alma. Por esto nuestra vida está oculta en Dios con Jesucristo, y cuando Jesús, quien es nuestro amor y por ende nuestra vida espiritual, aparezca en el día del Juicio Final, debemos también aparecer nosotros con él en la gloria. Jesucristo nuestro amor nos glorificara al comunicarnos con su propia dicha y esplendor.” ( Tratado del Amor de Dios, Libro VII, Capítulo 6)

Nuestra vida está verdaderamente escondida en Dios. La realidad total de quienes somos en nuestro interior es algo que solo Dios conoce. Aun así, para Francisco de Sales, vivir una vida escondida en Dios no es lo mismo que mantener una vida secreta: se trata de testificar sobre la verdad más profunda de quienes somos – y quien Dios es- a través de la calidad de nuestras relaciones con los demás. Es apropiado entonces que Francisco de Sales nos llame a practicar las virtudes ocultas, “esas pequeñas y humildes virtudes que crecen como flores al pie de la cruz: ayudar a los pobres, visitar a los enfermos, encargarse de la familia, y todas las pequeñas tareas que la practica de estas virtudes conllevan, con una diligencia útil que no permita que nos quedemos quietos.” ( Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capítulo 35)

A través de la Asunción, Jesús ha sido removido de nuestra vista: al menos de la vista física de nuestros ojos. Aun así, la misma autoridad que Jesús obtuvo de su Padre nos ha sido otorgada a nosotros en virtud de nuestra creación y confirmada en nuestro bautismo. Estamos llamados a continuar con el trabajo que Jesús comenzó, es decir, a hacer discípulos—seguidores, lideres, creadores--- de todas las naciones. Estamos llamados a ser señales convincentes de la actividad continua, redentora y desafiante el Dios Trino, pero en las tareas simples, ordinarias y de nuestra vida cotidiana.

Paradójicamente, en la medida en que nosotros seamos fieles a la práctica de estas pequeñas virtudes – que crecen “al pie de la cruz”, Jesús ya no estará Escondido para nosotros: él se hará claramente visible en nuestro amor, nuestra preocupación, nuestra lucha por la justicia, nuestra promoción de la paz, nuestra voluntad para perdonar, nuestros intentos por sanar.

Cuál puede ser otra forma más convincente –y ponderosa—de hacer discípulos de todas las naciones?

O cuando menos, de las personas con las cuales interactuamos cada día.

SEXTO DOMINGO OF PASCUA (Mayo 21, 2017)

Enfasis Sugerido

“Yo hablare con el Padre, y el te dará otro Abogado para que este contigo siempre.”

Perspectiva Salesiana

En el Evangelio de hoy Jesús promete interceder ante el Padre para que el envíe un Abogado (algunas veces traducido como un Paracleto (del Griego Parakletos que significa ‘aquel que consuela o que apoya’ ) para que acompañe a sus discípulos.

El Diccionario de la Herencia Americana del Idioma Ingles define la palabra abogado como: (1) “Aquel que defiende una causa: alguien que apoya y un defensor; (2) Aquel que apela a favor de alguien mas: alguien que intercede; (3) aquel que aboga.”

Mas aún, el diccionario menciona que la palabra abogado viene del “Inglés Medio, advocate, del Francés Antiguo advocate, del Latín advocatus, del participio pasado de advocare, que significa convocar para obtener consejo.” Otras derivadas importantes incluyen vocal, voz, equivoco, vocación, responder, abogar, evocar, invocar, provocar, y épico.

De todas estas palabras la que más resalta a la vista es responder . En ese contexto, este abogado, este paracleto, este Espíritu Santo, responderá por todos aquellos que siguen a Jesús. Dicho de otra forma, este abogado es alguien que nos representa.

Pero un momento, todavía hay más! Cuántos de nosotros no nos damos cuenta de que Jesús promete a sus discípulos “otro” abogado? A menos que yo este equivocado el que él diga “otro” quiere decir que este no es el primer abogado que ha sido enviado para nosotros; por el contrario, este es un segundo abogado, lo cual hace que nos preguntemos: Quién fue el abogado anterior?

Fue Jesús mismo. Jesús se volvió nuestro representante en el momento en que se convirtió en uno de nosotros; cuando se convirtió en uno con nosotros; cuando se convirtió en uno por nosotros. Jesús se hizo nuestro representante viviendo entre nosotros, trabajando por nosotros, amándonos y muriendo por nosotros para que nosotros pudiéramos, algún día, levantarnos para siempre a través del poder y la promesa de la resurrección.

Pero esperen un momento. Parece que tenemos todavía un abogado más a quien reconocer: Dios, Yahvé, el Padre.

Dios se convirtió en nuestro representante en el momento en que creo algo de la nada. Dios se convirtió en nuestro representante al crear formas después del caos. Dios se convirtió en nuestro representante a través de la Creación al permitirnos compartir un poco de Su divina imagen y semejanza. Dios se convirtió en nuestro representante a través de la Encarnación al adoptar nuestra imagen y semejanza humana.

En una palabra, parece que Dios, nuestro Abogado Eterno, es, entre otras cosas, “un representante”.

Como hijos de Dios, como hermanos y hermanas de Jesús, como templos del Espíritu Santo, nosotros también hemos sido llamados a ser Abogados. Hemos sido llamados a representar lo que es justo; hemos sido llamados a representar lo que es correcto; hemos sido llamados a representar todo lo que implique paz; hemos sido llamados a representar todo lo que es limpio e imparcial. Especialmente como miembros de la tradición Salesiana, estamos llamados a representar todo lo que es de Dios de forma cortés y considerada.

Dios nos representa al crearnos, redimirnos e inspirarnos. Qué mejor forma de expresar nuestra gratitud que a través de nuestra disposición para representarnos los unos a los otros?

QUINTO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 14, 2017)

Enfasis Sugerido

“No permitan que sus corazones se agiten. Tengan fe en Dios; tengan fe en mi.”

Perspectiva Salesiana

William Barclay establece el contexto para la garantía que Jesús les da a sus discípulos en el Evangelio de hoy. “En un tiempo muy corto la vida para los discípulos iba a colapsar. Su mundo se iba a desintegrar hasta convertirse en un caos total. En ese momento solo había una cosa que hacer: aferrase completamente a la confianza en Dios… llega un momento en el que tenemos que creer en lo que no podemos comprobar y aceptar lo que no siempre podemos entender. Si en la hora más oscura creemos que hay un propósito para esta vida y que este propósito es el amor, hasta lo inaguantable se hará soportable y en la oscuridad habrá una luz de esperanza.”

Hay muchas cosas que perturban nuestro corazón. Al rededor del mundo hemos sido testigos de los estragos del terrorismo, de la violencia asociada a la intolerancia religiosa, el odio asociado al genocidio cultural y social, la devastación causada por los desastres naturales. En el frente doméstico, los estadounidenses parecen estar polarizados con respecto a las incertidumbres asociadas a asuntos como la seguridad nacional, la seguridad social, la independencia energética y servicios de salud asequibles. En un frente que es todavía mucho mas cercano, cada uno de nosotros siempre mantiene preocupaciones y ansiedades relacionadas con la familia, los amigos, otras personas a las que queremos… incluso con nosotros mismos.

La verdad es que siempre hay algo, ya sea global o local, que distrae nuestra mente y perturba nuestros corazones.

Al enfrentarnos a estas y a tantas otras cosas que invaden nuestros corazones, Jesús nos pide que tengamos fe en él.

San Francisco de Sales observo: “Que puedo decir para ayudarlos a que estos pensamientos dejen de fluir en sus corazones? No traten de liberarse de ellos, por que este esfuerzo tan ansioso solo va a hacer que sus corazones se enfermen más.... No traten de vencer estas ansiedades, por que este esfuerzo solo va a fortalecerlas…Mantengan su mente fija en Cristo crucificado.” El concluyó diciendo “Si el mundo entero se para de cabeza, si todo a nuestro alrededor se convierte en humo y oscuridad, debemos tener en mente que Dios esta con nosotros. Por que si sabemos que Dios vive en la oscuridad y en el Monte Sinaí, que esta lleno de humo y rodeado por el estruendoso trueno y el relámpago, qué acaso no estaremos bien desde que nos mantengamos cerca de Dios?” (Stopp, Cartas Selectas, p. 125)

A todos nos pasa en determinados momentos de nuestras vidas que llegamos al punto en que hemos hecho todo lo posible para tratar de solucionar nuestros problemas o de acallar nuestras preocupaciones, y lo único que queda es dejar las cosas en manos de Dios. Hay otros momentos en que no tenemos ni la más remota idea de cómo solucionar un problema y entonces debemos poner nuestra confianza en Dios. La sabiduría que hay en cada consejo de Francisco de Sales se basa en la necesidad de reconocer que en la medida en que nosotros permitamos que nuestros corazones sean perturbados, perderemos la fuerza o la habilidad para lidiar con las cosas que los perturban. Poner nuestra confianza en Dios – poner nuestra confianza en Jesús – poner nuestra confianza en el Espíritu- nos prepara para aprender a confiar en nosotros mismos y en los demás a la hora de lidiar con los desafíos de la vida. Poner nuestra confianza en Dios también nos recuerda que confiar en nosotros mismos y en los demás –incluyendo a aquellos a quien más amamos- tiene un límite.

Poner nuestra confianza en Dios no garantiza como el misterio de la vida se va a desarrollar. Aun así, poner nuestra confianza en Dios también debe ser nuestro primer paso para llegar a entender los misterios de la vida más profundamente… y con mas fe.

CUARTO DOMINGO DE PASCUA (Mayo 7, 2017)

Enfasis Sugerido

“Si aceptan el sufrimiento al que conlleva hacer lo correcto, eso es aceptable a los ojos de Dios.”

Perspectiva Salesiana

Nosotros escuchamos ecos de esta primera Carta de Pablo en una de las exhortaciones de Santa Juana de Chantal a los miembros de su comunidad, las Hermanas de la Visitación. Ella argumentó: “Miremos a nuestro Salvador, su excesivo sufrimiento y su excesivo amor. Mantengamos nuestros corazones alerta ante estas cosas, para que nuestro divino Salvador nos pueda comunicar y dar la fuerza para soportar las cosas que de su adorada mano nos lleguen.” (Conferencias, página 255)

Cómo puede llegar a compararse nuestro sufrimiento con el sufrimiento que Jesús experimentó? Si hablamos del sufrimiento que vivió en su último día, no hay comparación. Pero si consideramos el sufrimiento que implica el esfuerzo que hacemos al padecer – al aguantar- a los demás, entonces nos daremos cuenta de que en verdad tenemos muchas cosas en común con el sufrimiento de Jesús; muchas más de las que podemos llegar a imaginar.

Analicen la palabra sufrimiento por sí misma. Esta no implica solamente “aguantar” algo difícil, doloroso o incluso dañino. La palabra sufrimiento viene del Latín sufferre, que significa, “cargar, aguantar, dar a luz… o vida a.”

Hechos a imagen y semejanza de Dios, redimidos por el amor de Cristo e inspirados por el Espíritu, todos tenemos una responsabilidad que cargar: vivir nuestras vidas por los demás. Todos estamos llamados a cargar con la responsabilidad de amarnos los unos a los otros, de ayudarnos los unos a los otros, de desafiarnos los unos a los otros, de sanarnos los unos a los otros, de animarnos los unos a los otros. Hijos de Dios, hermanos y hermanas de Cristo, todos cargamos con las inconveniencias que conlleva el vivir una vida de servicio generoso.

Para resumir, estamos llamados a vivir de la misma forma en que Jesús vivió……y cargar, soportar todo lo que nos llegue a consecuencia del estilo de vida que hemos escogido. “Fue por esto que ustedes han sido llamados, por que Cristo sufrió por ustedes y les dejó un ejemplo para que ustedes pueden seguir sus pasos.”

Santa Juana claramente reconoció el sufrimiento, la inconveniencia, los esfuerzos que tenemos que hacer cuando elegimos vivir por los demás: “Debemos tener un gran corazón para con nuestros vecinos, que en términos de amor, afecto y ayuda significa estar dispuesto a servir, asistir, confortar, soportar y apoyar de cualquier forma que nos sea posible, pero con alegría y cordialidad. Un gran corazón es un corazón que está dispuesto a enfrentar toda clase de inconvenientes, un corazón abierto que ama, ante todas las cosas la voluntad de Dios.” (Conferencias, página 174)

Esta es la voluntad de Dios para con nosotros: No debemos soportar un sufrimiento que nos lleve a la vida, sino un sufrimiento que nos lleva, como dice Santa Juana, “a una nueva vida, en la gracia de Dios y en el amor de Dios, en este mundo y después para siempre en la gloria…,” el sufrimiento que causa el tener que soportar –que cargar- a los demás con amor (Conferencias, páginas 117 - 118) O como San Pablo escribió en su carta a los Efesos, (4:2) vivamos una vida que dignifique nuestro llamamiento, ser completamente humildes y gentiles, cargando a los demás …con amor.

TERCER DOMINGO DE PASCUA (Abril 30, 2017)

Enfasis Sugerido

“Ellos contaron cómo lo conocieron durante la repartición del pan.”

Perspectiva Salesiana

“Dos discípulos viajaban en rumbo a una aldea llamada Emmaus. En medio de la amena conversación que sostenían Jesús se acercó a ellos y empezó a caminar a su lado.”

Sabemos que durante las casi 7 millas de camino que recorrieron con Jesús, los dos discípulos no fueron capaces de establecer la identidad del viajero que los acompañaba. No fue hasta que se sentaron a la mesa con él – y hasta que Jesús partió el pan y lo compartió con ellos- que sus ojos finalmente se abrieron a la realidad.

Qué había en ese acto tan simple que permitió que los dos discípulos reconocieran a Jesús? Indudablemente, ese acto revivió aquel momento tan poderoso que vivieron inmediatamente antes de la traición por parte de Judas contra Cristo, su pasión y su muerte: el momento de la última cena. Más aún, este acto pudo haberles recordado las tantas experiencias de compañerismo y hermandad que vivieron sentados a la mesa con Jesús y los demás discípulos: esas oportunidades simples, personales e íntimas que tuvieron para llegar a entender más sobre Jesús- y sobre ellos mismos. Ese acto a simple vista ordinario –pero tan significativo – de partir y compartir el pan se había convertido para ellos en una puerta que los llevaba a experimentar lo divino en cada momento de su diario vivir. Analizando esto mismo a una escala mayor, este acto pudo haberles recordado la experiencia de la comunión y de comunidad que experimentaron con Jesús y con sus acompañantes a lo largo del camino; de los momentos buenos, malos e intermedios que transcurrieron mientras vivían, aprendían y amaban juntos.

La conexión de esta historia con el eventual entendimiento de la Iglesia sobre lo que es la comunión fue un punto que recalcó San Francisco de Sales. En su libro titulado Sobre el Predicador y la Predicación, escribió: "Es cierto que como nuestro Señor está verdaderamente con nosotros, nos ilumina por que él es la luz. Después de que los discípulos se comunicaron en Emmaus, sus ‘ojos fueron abiertos’ (Página 26). En nuestra celebración – y recepción – como comunidad, reunidos al rededor de la mesa con el Señor, se nos está retando a que veamos como Cristo está presente en la Eucaristía y también como Cristo se halla presente dentro de nosotros.

Aún así, debemos expandir nuestra noción de comunicación para poder entender más profundamente el significado de esta escena del Evangelio. Jesús se halla especialmente presente en cada mesa donde las personas se reúnen en hermandad; Jesús está personificado dondequiera que las personas permiten ser partido y compartidos con – y por- los demás. Jesús se puede ver dondequiera que las personas se enfocan más en las cosas que los unen y menos en las cosas que pueden llegar a separarlos.

Cuando nosotros partimos el pan con los demás – literal o figurativamente – el poder y la promesa continua de Cristo resucitado se nos manifiesta. Cuando nosotros decidimos ‘repartirnos’ para alimentar a los demás, estamos personificando en ese instante, en ese momento de nuestras vidas, alfo de ese mismo Jesús quien acompañó a esos dos discípulos hace tanto tiempo.

La pregunta es: reconocemos a Jesús en nuestros intentos por alimentar a los demás?