TERCER DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (Enero 27, 2019)

Énfasis Sugerido

"Este pasaje de la Escritura se hace realidad cuando es escuchado."

Perspectiva Salesiana

Las palabras son como átomos. Ellas pueden curar. Ellas pueden energetizar. Ellas pueden extender y mejorar la calidad de vida.

Las palabras también pueden herir. Ellas pueden dividir. Ellas pueden envenenar. Ellas pueden destruir.

San Francisco de Sales entendía que nuestras palabras – lo que decimos, como lo decimos- tienen un impacto muy poderoso en los demás. Por eso él ofrece el siguiente consejo: "Que tu lenguaje sea suave, abierto, sincero, franco, que no afecte a nadie y honesto.” La integridad, la justicia y la equidad deben ser sellos distintivos de nuestro lenguaje. No debemos darle vueltas al asunto. Debemos hablar directamente y desde el fondo de nuestro corazón. No debemos medir nuestras palabras hasta el punto en que no comunicamos nada. Aun así, ser honesto no requiere que seamos brutales o que “acumulemos” diciendo todo lo que debe ser dicho en un momento en particular. Cuando tengamos dudas, nos dice Francisco: “ Nunca es apropiado decir algo que vaya en contra de la verdad. "

" Nunca le des a los demás la oportunidad para que crean que se están diciendo cosas malas sobre ellos.” Cuando hablen en público, sean tan universales como sea posible. Cuando tengan que hablar en privado, háganlo con sensibilidad y discreción. Nunca utilicen palabras en formas que hieran a otras personas o que hagan que los demás piensen que ustedes los están hiriendo.

"Nunca ganamos nada por medio la crudeza." No importa cuan rectos o nobles sean nuestros valores, no ganaremos nada si los promovemos con palabras que son brutales y que hieren a los demás.

"La sabiduría consiste en saber cómo y cuándo hablar, y cuándo y dónde quedarse callado. " En algunos casos, las acciones dicen mucho más – y más efectivamente- que las palabras.

"La fidelidad, la simpleza y la sinceridad de nuestro discurso son verdaderamente un gran ornamento de nuestra vida Cristiana.” Cuando hacemos nuestro habito el hablar del bien que debemos buscar, del mal que debemos enfrentar con dulzura y compasión, entonces no debemos sorprendernos si los demás experimentan el saneamiento, la libertad, el aliento, la vida y el amor.

No hay duda de cómo Dios usa las palabras. Las palabras de Dios, personificadas en Jesús, "le traen buenas nuevas a los pobres, proclama la libertad de los cautivos, ofrece vista a los ciegos, libera a los oprimidos y proclama un tiempo favorable que vendrá del Señor. "

En resumen, la Palabra de Dios sana, libera, anima y estimula a los demás. Cuando nosotros hablamos, cuál es el efecto de nuestras palabras?

SEGUNDO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (Enero 20, 2019)

Enfasis Sugerido

“Jesús hizo esto en Cana y en Galilea y así dio la primera revelación de su gloria, y sus discípulos comenzaron a creer en el."

Perspectiva Salesiana

Como un primer paso para “darse a conocer”, esta primera demostración del poder divino de Jesús es modesta, por así decirlo. Aquí no hubo un saneamiento milagroso. No hubo exorcismo de demonios, en este caso él no resucito a nadie de entre los muertos. Por el contrario, él simplemente impidió que el proveedor de comida se quedara sin vino durante la recepción que siguió a la boda..

Muchas personas consideran esto como un mal uso –incluso un desperdicio – del poder Salvador de Jesús. Inicialmente incluso Jesús mismo parece sentir que su poder podría ser utilizado de mejor manera –y después- en otro lugar.

Pero Francisco de Sales no opina igual. El observa que este milagro tiene un significado que va mas allá de lo que se puede observar a simple vista. Aquí hay un ejemplo de como el poder de Dios impregna todas las experiencias humanas, incluso las más ordinarias. Con esto nos referimos a la práctica de las “pequeñas virtudes,” una noción realmente valiosa para San Francisco de Sales, y el sello distintivo de su entendimiento del poder salvador de Cristo. En su Tratado del Amor de Dios, Francisco de Sales escribió: "Es posible que una virtud muy pequeña tenga un valor mucho más grande para un alma en la cual el amor sagrado reina con un fervor que es más grande, que el martirio mismo en un alma en la que el amor es lánguido y débil.” (Libro 11, Capitulo 5) Puesto de otra forma, las pequeñas virtudes, la expresión del cuidado o de la preocupación durante circunstancias que parecen ordinarias, puede ser "más placentero a los ojos de Dios que las obras grandes y famosas que se hacen con poca caridad y devoción."

Aun así, hay lugar para grandes manifestaciones de amor: “Yo no estoy diciendo que no debemos aspirar a las virtudes destacadas, pero si sostengo que debemos entrenarnos en las pequeñas virtudes ya que sin estas las obras grandes son falsas y engañosas." (Stopp, Cartas Selectas, p. 159)

Jesús puede haber estado tentado a creer que convertir el agua en vino era una acción que estaba muy por debajo de su dignidad divina –quizás incluso su dignidad humana-. Al final las necesidades de los demás fueron más persuasivas que el deseo de “hacer un gran show” para los demás. Irónicamente, puede haber sido la Buena disposición de Jesús de emplear sus poderes celestiales para satisfacer una petición tan aparentemente ordinaria, lo que permitió que sus discípulos “empezaran a creer en él.”

Sus más famosas, maravillosas y únicas demostraciones de poder vinieron después. Pero así hubiera sido en la cruz del Calvario, o en una simple boda en Canaán, el poder, la promesa y la persona fueron una y la misma.

La moraleja de este milagro? Nada es muy pequeño para el Reino de Dios. Podemos decir lo mismo de nosotros mismos?

BAUTISMO DEL SEÑOR (Enero 13, 2019)

Enfasis Sugerido

“Yo, el Señor, te he llamado al triunfo de la justicia”

“Aquellos de todas las naciones que… actúen honradamente son aceptables para Dios”

Perspectiva Salesiana

El relato del bautismo de Jesús termina con el sonido de una voz procedente del cielo que dice, “Este es mi hijo, el amado. Mi predilecto”.

¿Por qué es Jesús el hijo predilecto de Dios? Porque Jesús es Hijo de la Justicia. Jesús nos mide a todos en base a los estándares establecidos por Dios, para otorgar a cada quien lo que le corresponde.

Isaías nos dice que Dios nos ha llamado, al igual que a Cristo, “al triunfo de la justicia” y en los Actos de los Apóstoles, a que “actuemos honradamente”. Pero, hablando en términos más comunes ¿qué significa trabajar por la justicia de Dios, y actuar honradamente?

Consideren por un momento lo opuesto a actuar justa y honradamente: “nosotros condenamos a nuestro vecino por cualquier cosita, pero nos excusamos cuando cometemos faltas que tienen un gran impacto. Queremos vender a precios altos, pero comprar a precio de rebaja. Exigimos que se obre de manera correcta en otro hogar, pero que la misericordia y la generosidad sean otorgadas a nuestro hogar. Queremos que las cosas que la gente no se tome tan en serio las cosas que decimos, pero nos mostramos sumamente susceptibles y ofendidos ante los comentarios de los demás” ( Introducción a la Vida Devota, Parte III, Capítulo 36). En el fondo la injusticia se refiere al hecho de vivir con una doble moral; es utilizar dos balanzas diferentes para medir al mundo: una balanza en la que medimos todo lo que resulte en beneficio nuestro, y la otra en la medimos todo aquello que implica una desventaja para los demás.

Lo que hace difícil identificar nuestros actos de injusticia es que estos casi nunca son grandes cosas. Por el contrario, frecuentemente son cosas pequeñas que hacemos y que por lo tanto resultan fáciles de ignorar. San Francisco de Sales escribe que: “El amor propio nos maneja y nos incita a cometer incontables y pequeños, aunque peligrosos, actos de injusticia e iniquidad. Como son tan pequeños bajamos la guardia y, porque son tantos, lo más seguro es que ocasionen grandes heridas, tanto a nosotros mismos – como también a los demás-”

Francisco de Sales dice que las personas que son justas y honradas son, en resumen, personas sensatas. Ellos no viven de la doble moral. Ellos son personas íntegras. Ellos siguen la Regla de Oro: tratar a otros de la misma forma en que desean ser tratados, y no esperando obtener de los demás algo que ellos mismos se rehúsan a poner en práctica. Las personas que son justas y honradas utilizan una sola balanza: la del amor de Dios. “Sean justos y sensatos cuando se pongan en el lugar de sus vecinos y a ellos en el suyo” dice San Francisco, “Vivan con un corazón que sea generoso, noble, cortés, real, justo y sensato” (Ibíd.).

En la medida en que nosotros hagamos esto todos y cada uno de nuestros días con los demás, creceremos como “los amados hijos e hijas de Dios”. El favor de Dios estará con nosotros – y morará en nosotros- siempre y cuando compartamos ese favor que EL nos ha dado, con los demás.

EPIFANIA DEL SEÑOR (Enero 6, 2019)

Perspectiva Salesiana

"Donde esta el Nuevo Rey de los Judíos?”

Enfasis Sugerido

Los reyes magos dejaron todo lo que les era familiar para seguir una estrella única que ellos creían era el símbolo de una nueva era de poder y de posibilidad.

Ellos eran hombres con una misión. Ellos estaban enfocados en lo que tenían que hacer. Ellos tenían el coraje suficiente para concebir un sueño y para llevarlo a cabo con un sentido de propósito. Nada, nadie, podía disuadirlos de ese deseo de seguir a la estrella, dondequiera que esta los llevara.

En contraste con nosotros, observó San Francisco de Sales “Es realmente una gran pena ver almas – y hay demasiadas – que, aun cuando se esfuerzan por obtener la perfección, se imaginan que esta consiste en tener una gran multitud de deseos. Ellos siempre buscan ansiosamente los medios para poder realizar estos deseos, a veces inmediatamente y a veces después. Ellos nunca están contentos o tranquilos, por que tan pronto como han formado un nuevo deseo, al mismo tiempo tratan de concebir otro." ( Conferencia VII, Octava de la Epifanía, 1620)

Seguir la estrella es para las personas que mantienen su mente enfocada en una sola cosa.

Para la mayoría de nosotros, encontrar al Rey de los Judíos no se trata de dejar atrás lo que nos es familiar. No, se trata de ponerle atención a las personas, las circunstancias y los eventos que llenan nuestras vidas diarias. Se trata de enfocarnos en la Estrella de la vida y del amor quien es Jesucristo. Se trata de ser capturados por la visión de la justicia y de la verdad. Se trata de ser motivados por la promesa y la posibilidad de la paz. Se trata de dedicarnos al sueño de la reconciliación y de la sanacion sin importar quien o que pueda interponerse en nuestro camino.

Los seguidores de Jesús, nosotros también, somos personas con una misión. Nosotros debemos mantenernos enfocados. Nosotros debemos reunir todos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras actitudes, nuestras energías y nuestras acciones en nuestros intentos diarios por hacer realidad el sueno de la paz y de la justicia. Nosotros debemos seguir la Estrella que es Jesucristo a donde quiera que él nos lleve.

Tentados como somos a seguir una multitud de deseos en un día determinado, que Dios nos de la visión y la disciplina que necesitamos para seguir el Único Deseo que verdaderamente importa, el Verdadero Deseo que nos lleva hacia la luz, que nos lleva hacia la vida, que nos lleva hacia el amor.

MARIA, MADRE DE DIOS (Enero 1, 2019)

Énfasis Sugerido

“Maria valoraba todas estas cosas y reflexionaba en ellas en el fondo de su corazón”

Perspectiva Salesiana

Mira a Maria en todas las circunstancias de su vida. En su habitación en Nazaret ella muestra su modestia a través de su miedo, su candor al esperar ser instruida y al preguntar, su sumisión y su humildad cuando se llama a si misma una sierva. Mírala en Belén: Ella vive una vida simple y pobre, ella escucha a los pastores como si fueran doctores instruidos. Mírala acompañada de reyes: ella no se atreve a dar discursos. Mírala durante el tiempo de su purificación: ella va al templo para honorar las costumbres de la iglesia. Durante el viaje a Egipto y de regreso ella simplemente obedece a José. Ella no considera que esta desperdiciando su tiempo cuando se va a visitar a su prima Isabel. Ella lo considera un acto de amor y de cortesía. Ella busca a Nuestro Señor no solo cuando siente dicha sino que también cuando llora. Ella siente compasión al ver la pobreza y la confusión de aquellos que la invitaron a la boda. Ella esta parada al pie de la cruz, llena de humildad, llena de virtud, y nunca atrayendo atención hacia si misma cuando expone sus cualidades” (Stopp, Cartas Selectas, Página 159)

Cuando Maria accedió a ser la madre de Jesús, ella recibió más de lo que esperaba en un principio. El haberle dado el “Si” a la invitación de Dios para ser la madre del Mesías cambio su vida para siempre. Pero como observa San Francisco de Sales, ella constantemente reafirmaba ese “Si” al experimentar la voluntad de Dios para con su hijo, la voluntad de Dios para con su esposo y la voluntad de Dios para con ella. En los buenos tiempos, en los malos y en cada otro momento, ella aceptó completamente cada una de las situaciones que tuvo que vivir.

Nosotros también estamos llamados a darle vida a Jesús, y aun cuando no es una llamada a darle una vida física, nuestra llamada es un reto no menos importante o menos exigente que el que Maria tuvo que enfrentar.

Así como podemos observar en la vida de Maria, darle vida a Jesús no es un evento que ocurre una sola vez: es un proceso que dura toda la vida. Decir “Si” para darle vida a Jesús significa tener fe en la voluntad de Dios para con nosotros y para con otros, un día, una hora, y cada momento a lo largo de nuestras vidas. Darle la vida a Jesús es aceptar, completa y profundamente, las responsabilidades, los eventos y las circunstancias del estado en el que están nuestras vidas. Es aceptar los golpes y mantener la convicción de que Dios nos ama y nos protege.

Maria nos recuerda que darle la vida a Jesús nos puede traer más de una inconveniencia, un dolor de cabeza, dolores de corazón. Aun así, la vida de Maria presenta una poderosa forma de recordarnos que la fidelidad de una persona para con Dios puede cambiar el mundo para bien.

Por siempre.

LA SAGRADA FAMILIA (Diciembre 30, 2018)

Enfasis Sugerido

Ser santo, “vivir en la casa de Dios, no nos impide experimentar las dificultades de la vida.”

Perspectiva Salesiana

El corazón de cada padre simpatiza con la experiencia de Maria y José en el Evangelio de hoy. Al darse cuenta de que Jesús estaba perdido, un día después de haber salido de Jerusalén, podemos imaginar este breve – pero angustioso – intercambio: “El no está conmigo. Pensé que estaba contigo. Quieres decir que no lo está?”

Esta no fue la primera vez que hubo un problema en la Sagrada Familia. Es más, ellos tuvieron retos desde el principio. San Francisco de Sales dice: “Considera las vicisitudes y los cambios, las alternaciones entre la dicha y el dolor” que encontramos en la historia de la Sagrada Familia. “Que dicha, que jubilación para Nuestra Señora el recibir las noticias de que ella daría luz a la Palabra Eterna!” En contraste, considera a San José, viendo que ella estaba embarazada y sabiendo que no era de él: que aflicción y angustia la que seguramente sintió!”

De nuevo: “Cuando nuestra Señora dio luz a su Hijo, los Ángeles anunciaron su nacimiento, los pastores y los reyes magos vinieron a adorarlo: que dicha y consuelo el suyo, en medio de todo esto. Pero espera: un poco mas tarde, el ángel de Señor le dijo a José en un sueño: toma el niño y a su madre y huye a Egipto! Oh, que grandioso asunto ha de haber sido este para Nuestra Señora y San José.” (Conferencias III, Sermón en la Octava de los Santos Inocentes).

Mientras los alti-bajos, las dichas y dolores de Jesús, Maria y José tienen algo que enseñarnos, la lección real para nosotros, los que tratamos de tener y mantener “familias sagradas,” está en como la Sagrada Familia enfrentó estas tribulaciones: “Debemos considerar la grandiosa paz y serenidad mental y de corazón que la Virgen Bendita y San José demuestran en su constancia aún en medio de los eventos inesperados que tuvieron que enfrentar.” (Ibíd.)

Una “familia sagrada” no se mide por las cosas que le pasan – o que no le pasan – a sus miembros. Una “familia sagrada” es aquella que demuestra cierta gracia y confianza cuando tiene que enfrentarse a los eventos de la vida diaria, especialmente aquellos que son inesperados. Francisco de Sales nos urge a: “Considerar si es justificable el que nos sorprendamos y nos preocupemos cuando encontramos accidentes similares en la casa de Dios... Debemos repetirnos varias veces, para imprimir esta verdad más profundamente en nuestra mente, que ningún evento inesperado debe hacer que nuestro corazón o nuestra mente se vuelvan temperamentales, por que el temperamento irregular procede de nuestras pasiones y preferencias.” (Ibíd.)

Nosotros imitamos más a la Sagrada Familia en nuestras relaciones cuando grabamos en nuestra mente y en nuestros corazones el hecho de que el mundo no gira en torno a nosotros, que las cosas no siempre salen como nosotros queremos, que nuestros planes frecuentemente no son la última palabra. No siempre podemos controlar lo que nos pasa: en cambio podemos escoger como responder a lo inesperado en nuestras vidas de formas que promuevan la fe, la tranquilidad, la fuerza y el coraje.

DIA DE NAVIDAD (Diciembre 25, 2018)

Enfasis Sugerido

“Todos los confines de la tierra han visto el poder salvador de Dios.”

Perspectiva Salesiana

“Dios tiene tantos significados para nosotros y de tantas maneras que Dios quiere que todos nosotros seamos salvados y nadie puede decir que ignora este hecho. Con este propósito fue que Dios nos hizo “a su imagen y semejanza” a través de la Creación, y a través de la Encarnación Dios se hizo a si mismo en nuestra imagen y semejanza, y después sufrió la muerte para poder rescatarnos y salvarnos.” (Tratado del Amor de Dios, Libro VIII, Capitulo 4)

Desde el principio del tiempo Dios ha deseado que todos nosotros lleguemos a saber la verdad y seamos salvados por ella. Qué es la verdad? Nosotros somos hechos a la imagen y semejanza de Dios; nosotros compartimos la esencia misma de la vida divina de Dios, nosotros estamos inundados con el amor creativo, redentor e inspirador de Dios; nosotros estamos hechos para crecer en esta vida y para amar acá en la tierra; nosotros estamos destinados a experimentar el amor y la vida para siempre en el cielo

Por supuesto esto solo sucederá si nosotros escogemos hacerlo realidad.

Más allá de las imágenes familiares de la Navidad – imágenes del establo, de la “estrella de David,” los reyes magos, los pastores y el ángel del coro – hay una verdad inevitable e ineludible: “No todos los hombres están salvados, aún cuando la voluntad de que todo sea salvado depende de Dios, por que Dios actúa en nosotros de acuerdo con la condición de nuestra naturaleza humana y divina. La bondad de Dios lo mueve a comunicarnos liberalmente la ayuda de su gracia para que podamos disfrutar la dicha de la gloria de Dios. Pero nuestra naturaleza requiere que la liberalidad de Dios nos de libertad para usarla para nuestra salvación o ignorarla y así obtener la perdición.” (Ibíd.)

Este no es un intento de amargar la promesa de la dicha, la paz y la reconciliación que llega con la Navidad. Este no es un intento para empañar la temporada del año que Francisco de Sales ha descrito como, “dedicada a la bondad y la generosidad soberana que el Hijo de Dios nos enseñó cuando vino a la tierra para nuestra salvación.” (Stopp, Cartas Selectas, p. 294) Para ponerlo de una forma simple, la Navidad es un tiempo para preguntarnos: hemos tomado el regalo de Jesucristo en nuestras vidas tan seriamente como Dios lo toma? Dicho de otra forma, estamos tan interesados en la disposición eterna de nuestras almas como Dios lo está?

Todos los confines de la tierra han visto el poder salvador de Dios con el nacimiento del Mesías. Que todos los confines de la tierra –empezando con personas como tú y yo – puedan aceptarlo.

Y que al mismo tiempo todos podamos compartirlo.

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO (Diciembre 23, 2018)

Énfasis Sugerido

"Maria salió y viajó rápidamente."

Perspectiva Salesiana

El saludo del ángel Gabriel a Maria contenía 2 mensajes discretos y a la vez relacionados: (1) Maria seria la madre del tan esperado Mesías, y (2) su prima Isabel había concebido un hijo.

Tan pronto como Maria dijo “si” a la invitación que le fue hecha para que fuera la madre del Mesías ella salio “presurosamente” a visitar a su prima.

De una forma muy real, mucho antes de que ella trajera al mundo al niño que redimiría al mundo de la desesperanza y la desesperación del pecado, Maria ya estaba dando a luz al Mesías a través de su voluntad y de su disposición para servir las necesidades de otro: en este caso, una pariente suya quien, debido a su avanzada edad, hubiera podido ser considerada una mujer con un embarazo de “alto riesgo”.

A simple vista, no hay nada que valga la pena notar con respecto a la acción de Maria. Después de todo, qué acaso cualquier ser humano decente no habría hecho lo mismo por un pariente necesitado? Lo que hace el servicio de Maria algo digno de admirar es la urgencia con la que ella lo hizo. Ella es verdaderamente un modelo de virtud, un modelo que claramente demuestra con su propia vida que la mejor manera de decir “gracias” a Dios por su bondad, es ser la fuente de esa bondad para los demás.

San Francisco de Sales observó: "Maria no considera que ella está desperdiciando el tiempo cuando se va a visitar a su prima Isabel. No, el suyo es un acto de cortesía amorosa. " (Stopp, Cartas Selectas, p. 159) En su "apuro" por servir a Isabel, Maria nos demuestra el camino a la verdadera devoción. Francisco de Sales continúa: "Dios nos recompense de acuerdo con la dignidad superiores, lo que estoy diciendo es que nosotros debemos entrenarnos en las pequeñas virtudes primero, por que sin estas las mas grandes son muchas veces falsas y engañosas."

El Adviento nos recuerda la gran esperanza que todos anhelamos es construida sobre el fundamento de las cosas simples, pequeñas y ordinarias: la bondad, la cortesía, la paciencia, la honestidad, la hospitalidad, y la compasión. Maria nos demuestra que aun las mas singulares demostraciones del amor de Dios para nosotros, antes que nada nos retan a reconocer las oportunidades que se presentan en nuestras vidas diarias y ordinarias, para que dediquemos nuestras energías en promover el bienestar de los demás.

Así como Maria, que nosotros podamos llegar a reconocer que nuestra disposición para hacer pequeñas cosas por los demás con gran amor y entusiasmo- demostrar "cortesía amorosa " – es el primer paso en nuestra máxima vocación: dar luz a la Gran Promesa del amor de Dios para con todas las personas – Jesucristo.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (Diciembre 16, 2018)

Énfasis Sugerido

"Qué debemos hacer?"

Perspectiva Salesiana

La multitud le pregunto a Juan Bautista: “Qué debemos hacer?" Es una pregunta tan simple. Es una pregunta desafiante. Es una pregunta que potencialmente puede cambiar nuestras vidas.

Ustedes y yo vivimos en un mundo en el que la llegada de Cristo ya ha ocurrido. Aun así, este mundo en el que vivimos es también un lugar en el cual todas las posibilidades de esa promesa aún deben ser cumplidas.

Qué debemos hacer? Acaso debemos tratar de realizarla usando simplemente la fuerza de la voluntad humana? Acaso debemos encogernos de hombros y esperar que las cosas salgan bien?

La respuesta para nosotros es la pregunta que Juan le ofreció a la multitud hace miles de años: “Sean generosos; hagan su trabajo justamente; no le exijan a los demás que den mas de lo que ellos deben – o pueden – dar." En resumen, seguir la Voluntad de Dios, seguir el ejemplo de Jesús, cooperar con los avisos del Espíritu, no se trata de hacer nada más, nada extra. No se trata de acoger una vocación diferente. No se trata de ser alguien diferente de quienes somos. Simplemente – y así mismo, poderosamente – se trata de hacer más con la vida que ya estas viviendo, y de hacer más con lo que somos y de formas que den vida, justicia y paz a los demás.

Francisco de Sales creía en esto firmemente. El nos advierte que debemos ser cautelosos y no apresurarnos a concluir que seguir a Jesús, que caminar con Jesús y que ser Jesús en la vida de los demás requiere que hagamos extra. Francisco dice claramente: "Se quien eres. Y se eso bien."

Nosotros queremos un mundo que refleje la paz, la esperanza, la reconciliación, la justicia y la rectitud del Reino de Dios más perfectamente. Nosotros queremos un mundo que personifique más claramente el cumplimiento de la promesa que se nos fue otorgada en Jesús. Nosotros queremos saborear de vez en cuando el banquete que nos espera por siempre en el cielo.

Qué debemos hacer? Seamos generosos. Hagamos nuestro trabajo, vivamos nuestras vidas justamente. No tomemos nada de los demás, ni esperemos más de lo que ellos deberían – o no pueden- dar.

Se quien eres. Y se eso bien. Se quien, que, y por que y como Dios te ha creado, redimido e inspirado a ser: dicha para el mundo; dicha para tí mismo; dicha para los demás.

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO (Diciembre 9, 2018)

Énfasis Sugerido

“Prepara el camino del Señor con el con el esplendor de la gloria de Dios por siempre.”

Perspectiva Salesiana

Juan viajo por toda la región proclamando el bautismo del arrepentimiento como esta escrito utilizando las palabras de Isaías; “Prepara el camino del Señor, endereza sus caminos.”

Así como Juan Bautista les recuerda a las personas de la región de Jordania que deben preparar el camino del Señor, así también nosotros hemos sido llamados a hacer lo mismo. Comenzó con nuestro Bautismo cuando nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo. Esto ocurre a causa de nuestras palabras y obras diarias, nuestro llamado a “Vivir a Jesús” cada momento del día.

Nuestra lectura sobre Baruch nos recuerda que debemos poner el esplendor de la gloria de Dios por siempre y nuestro Salmo Responsorial nos recuerda que el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y que todos estamos llenos de alegría.

Nosotros podemos preguntarnos si verdaderamente estamos llenos de alegría mientras preparamos el camino del Señor. Lo estamos? Esto solo ocurre si trabajamos sobre nuestra relación con Dios y con los demás. Nosotros no podemos dar lo que no tenemos. Si Dios no es el centro de nuestra vida, entonces fracasaremos.

San Francisco de Sales nos dice en la Introducción a la Vida Devota, esa devoción debe ser experimentada en diferentes formas, y debe ser experimentada por el caballero, el trabajador, el sirviente, el viudo, la mujer joven y la casada. No solo eso, pero su práctica debe ser adaptada a la fuerza, las actividades y las obligaciones de cada persona.

San Francisco de Sales sabía que debemos comenzar con nuestro interior, nuestra plegaria de vida. Si trabajamos para construir una buena relación con Dios, podemos hacer lo que San Pablo le recomienda a los Filipenses; “En cada plegaria yo siempre oro con alegría por todos ustedes.”

Si nosotros recordamos el esplendor de la gloria de Dios por siempre tendremos la capacidad para preparar el camino del Señor con alegría en nuestros encuentros diarios con los demás. Seremos capaces de “Vivir a Jesús” en cada momento de cada día.6

LA INMACULADA CONCEPCION (Diciembre 8, 2018)

Enfasis Sugerido

“Nada es imposible cuando se esta con Dios.”

Perspectiva Salesiana

Para poder apreciar completamente las enseñanzas de la Iglesia con respecto a la Inmaculada Concepción – que Maria fue preservada de los efectos del Pecado Original desde el momento de su concepción – Francisco de Sales trató de explicarlo dentro de un contexto más grande, esto es, desde el plan de salvación de Dios.

En su Tratado del Amor de Dios, Francisco escribió: “Dios demuestra de una manera maravillosa la incomprensible riqueza de su poder en la vasta selección de cosas que nosotros vemos en la naturaleza, pero Dios también demuestra los tesoros infinitos de su bondad de una forma aun más maravillosa cuando observamos la variedad incomparable de bienes que reconocemos en la gracia. En un exceso santo de misericordia, Dios no solo se ha contentado con otorgarle a su pueblo, esto es, a la raza humana, una redención general o universal por la cual todas las personas pueden ser salvadas. Dios ha diversificado la redención de muchas formas para que mientras la generosidad de Dios brilla en toda su variedad, la variedad misma le otorga belleza a su generosidad.”

“Primero y por sobre todas las cosas, Dios destinó para su santísima Madre un favor digno del amor de un Hijo quien, como es toda sabiduría, todo poderoso y toda bondad, necesariamente preparo a una Madre para cuidarse a si mismo. Por lo tanto, Dios quiso que su redención fuese aplicada a ella en la forma de un remedio que la mantendría a salvo, para que el pecado que se extiende de generación en generación no la alcanzara. Como resultado, ella fue redimida de una forma sorprendente. En el momento designado el torrente del pecado original comenzó a hacer rodar sus olas fatales sobre la concepción de esta santísima mujer (con la misma fuerza impetuosa que ejerció en el momento de la concepción de todas las otras hijas de Adán): entonces, cuando el torrente alcanzó ese punto no siguió avanzando sino que se detuvo… De esta forma, Dios libro a su gloriosa Madre del cautiverio. Dios le dio a ella la bendición de los dos estados de la naturaleza humana: ella poseía esa inocencia que el primer Adán perdió, y ella gozaba de la redención que el segundo Adán obtuvo para ella. He aquí entonces que como un jardín escogido para dar origen al fruto de la vida, ella fue hecha la flor de toda clase de perfección.” (Libro II, Capitulo 6)

Cómo fue manifestada esta liberación de los efectos del pecado en la vida de esta singular mujer redimida? Todo lo que ella experimentaba en la vida “fue utilizado santamente y fielmente en el servicio del santísimo amor por el ejercicio de otras virtudes que, en su mayoría, no pueden ser practicadas a menos que sea en medio de la dificultad, la oposición y la contradicción… La gloriosa Virgen experimento todas las miserias humanas (excepto aquellas que tienden directamente a caer en el pecado) pero ella las utilizo provechosamente para el ejercicio y el incrementó de las sagradas virtudes de la fortaleza, la templanza, la justicia y la prudencia, la pobreza, la humildad, la paciencia y la compasión. Así pues, aquellas cosas no impidieron el amor celestial sino que en muchas ocasiones ayudaron a que se fortaleciera por medio del ejercicio continuo y del avance..” (Tratado del Amor de Dios, Libro VII, Capitulo 14)

Ya seamos pecadores o sin pecado, todos tenemos una cosa en común: todos estamos llamados a asumir cada día completamente con todas las innumerables oportunidades que se nos presenten para practicar la “fortaleza, la templanza, la justicia, y la prudencia, y la pobreza, la humildad, la paciencia y la compasión.” Al hacer esto no solo experimentamos la libertad que nos da Dios cuando nos redime, sino que podemos ser instrumentos de Dios más libremente en las vidas de los demás.

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO (Diciembre 2, 2018)

Enfasis Sugerido

"Se vigilante en todo momento."

Perspectiva Salesiana

Las lecturas del día de hoy transmiten un sentimiento de anhelo y de expectativa. Las lecturas del día de hoy hablan de la anticipación de una promesa divina que ha sido cumplida; un día en que la justicia de Dios estará disponible para todo el mundo, y no solo para unos cuantos que han sido elegidos. Las lecturas hablan de nuestra necesidad de mantenernos alerta para que el día en que el cumplimiento de esa promesa llegue no estemos desprevenidos.

Nosotros los cristianos creemos que el cumplimiento de esta esperanza es la encarnación de la persona, el poder y la promesa de Jesucristo.

Jesús es la justicia de Dios. Jesús es “el Señor, nuestra justicia.” Jesús aprovechó todas las oportunidades que se le presentaron para transmitir a otros la paz, el amor, la reconciliación, la verdad – en resumen, la justicia – del Dios viviente.

Como seguidores de Jesús, la vigilancia que practicamos no se limita a esperar el cumplimiento de una promesa final y lejana. No, nuestra vigilancia debe estar basada en nuestra capacidad para aprovechar las innumerables oportunidades que tenemos cada día para transmitir algo de la justicia de Dios, y la identidad de Cristo, en nuestras relaciones con los demás.

La temporada del Adviento nos reta a identificar todo aquello que sea una distracción en nuestra vida, todo aquello que haga que nos sintamos “mareados” o cansados de hacer lo que es correcto y bueno a los ojos de Dios. La temporada de Adviento nos reta a deshacernos de aquellas preocupaciones y ansiedades que reducen nuestra habilidad para asumir el reto que Jesús nos ofrece para ser modelos de su justicia a los ojos de nuestros hermanos y nuestras hermanas. El Adviento nos llama a reconocer que nosotros ya no estamos esperando a que el Reino de Dios reclame su legitimo lugar en nuestros corazones: por el contrario, el Reino de Dios espera que cada uno de nosotros hagamos lo que debemos hacer para cumplir su promesa en las vidas de los demás.

Se vigilante en todo momento, de qué sirve tener buenas intenciones “conducirnos de forma que complazca a Dios” si desperdiciamos las incontables oportunidades que tenemos cada día, a cada momento, de ayudar a los demás cuando nos necesitan?

CRISTO EL REY (noviembre 25, 2018)

Enfasis Sugerido

“Su reino es un reino eterno del cual nadie puede despojarlo; su reinado jamás podrá ser destruido”

Perspectiva Salesiana

Hoy celebramos el reinado de Cristo, el poder de Cristo, el carácter real de Cristo. A diferencia de los reyes terrenales, el reino de Cristo, como hemos escuchado en la lectura del Libro del Profeta Daniel, es un reino eterno. A diferencia del de otros reyes, el reino de Cristo nunca dejará de ser.

¿Qué clase de rey es Dios? ¿De qué forma es único su reino en comparación con el de otros monarcas? Para responder estas preguntas leemos las palabras que San Francisco de Sales ofreció en una conferencia sobre “la esperanza” a las Hermanas de la Visitación en 1620. La ocasión era la celebración de la fundación de otra comunidad de Visitación (alrededor de 80 comunidades fueron establecidas para cuando Santa Juana de Chantal falleció en 1641):

“Siempre tendremos sólo uno y un único rey: nuestro Señor crucificado, y bajo su autoridad vivirán seguros y a salvo donde quiera que estén. No teman que les pueda hacer falta algo, por que mientras lo escojan a él por encima de cualquier otro rey, él siempre estará con ustedes. Preocúpense por crecer en el amor y en la fidelidad a la divina bondad de Cristo, manteniéndose siempre lo más cerca que puedan a él, y verán que todo les saldrá siempre bien. Aprendan de él todo lo que deben hacer. No hagan nada sin su consejo. Este rey es el amigo fiel quien los guiará y los gobernará y los cuidará como, con todo mi corazón, le suplico yo a él que lo haga”.

Aquí no existe un dictador benévolo. Ni un tirano benévolo. Ni un monarca que con su poder subyuga a los demás. Ni un líder a quien sólo le interesa él mismo y quien consolida su riqueza o influencia a costa de los demás.

Cristo es un rey crucificado. El es un monarca que ofrece su vida por los demás. Su reino está al servicio de las necesidades de los demás. Su prestigio sirve de guía y da esperanza a los demás. Su reino provee consejos sensatos. Su estado ha sido fundado en base a la amistad fiel y amorosa.

Francisco de Sales acierta (como muchas veces lo ha hecho) cuando escribe en su Introducción a la Vida Devota, que: “No perdemos nada si vivimos de forma generosa, noble, cortés, y que nuestros corazones sean reales, justos y nobles” (Parte II, Capítulo 36).

Al igual que Cristo nosotros hemos sido llamados a usar el poder que Dios nos ha dado, y la promesa de atender las necesidades de los demás. Al igual que Cristo, nuestro “derecho divino” y real, exige que nos amemos los unos a los otros con “un corazón real, justo y noble”.

“¿Cómo estamos haciendo uso del “derecho divino” que como hijos e hijas de Dios nos corresponde?”

DOMINGO 33 EN TIEMPO ORDINARIO (noviembre 18, 2018)

Enfasis Sugerido

“En cuanto al día y la hora exacta, nadie la conoce… excepto el Padre”.

Perspectiva Salesiana

La escrituras son muy claras: el mundo tal y como lo conocemos dejará de existir. La Escritura también deja muy en claro que nosotros no podemos aspirar a saber “el día y la hora exacta” en que ese momento llegará.

Aun así, es completamente natural que algunas veces sintamos ansiedad cuando imaginamos que el mundo que hemos llegado a conocer dejará de ser. Es aún más comprensible que sintamos ansiedad al considerar la inevitabilidad de nuestra propia muerte. En ese respecto tampoco sabemos el “día y la hora exacta”.

Francisco de Sales nos recuerda que: “Nosotros en esta vida estamos caminando como si fuese sobre hielo”.

¿Cómo deberíamos lidiar con el hecho de que un día nuestra vida terrenal llegará a su fin?

La forma de lidiar con un futuro incierto es tratar de vivir bien todos y cada uno de nuestros momentos en el presente. El momento presente es el único tiempo que tenemos a nuestra disposición. El momento presente es el único tiempo que tenemos para tomar decisiones que pueden contribuir a – o dificultar- los esfuerzos que hacemos para prepararnos para la eternidad.

San Francisco de Sales nos aconseja: “Mantengan sus ojos fijos en ese día maravilloso de la eternidad hacia el cual nos transporta el transcurso de los años; a medida que estos pasan, pasan por nosotros también de estado en estado hasta que alcanzamos el final del camino. Pero mientras tanto, en estos momentos que van pasando se halla una diminuta semilla, la semilla de toda la eternidad; y en nuestras pequeñas y humildes obras de devoción se halla escondido el premio de la gloria eterna, y en las pequeñas pruebas que soportamos para poder servir a Dios se encuentran indicios de esa felicidad que nunca acaba” (Stopp, Cartas Selectas, p. 236)

En la medida en que vivamos cada momento presente experimentaremos el regalo de la paz. “Debemos vivir pacíficamente en todas las cosas y en todo lugar”, dice San Francisco de Sales. “Si se avecina un problema, externo o interno, debemos recibirlo de forma pacífica. Si viene la dicha, debemos recibirla de forma pacífica sin que el corazón palpite de más. Si debemos esquivar el mal, debemos hacerlo pacíficamente, sin que esto nos inquiete. Si hay una buena obra por hacer, debemos hacerla de forma pacífica también”.

Pónganse en manos y en el corazón de Jesús quien, San Francisco de Sales nos recuerda, “es el príncipe de la paz: cuando lo aceptamos como nuestro amo absoluto, todo es paz”. Pónganse en manos y en el corazón de Jesús quien es amo de cada momento presente: si nos acostumbramos a vivir cada momento presente estaremos mejor preparados para vivir nuestro último momento”.

Cuando vivimos en paz, cuando vivimos con intención, podemos lidiar con cualquier cosa que la vida nos tenga deparado: todo, incluyendo la muerte misma… una muerte que nos llevará a la vida eterna.

DOMINGO 32 EN TIEMPO ORDINARIO (noviembre 11, 2018)

Enfasis Sugerido

Tener confianza en Dios nos hace generosos con los demás.

Perspectiva Salesiana

La primera lectura del Evangelio de hoy nos cuenta las historias de dos viudas que son muy similares. En vez de depositar su confianza en otras cosas, ellas confían plenamente en Dios.

Sucesivamente ambas reciben reconocimientos y recompensa por su confianza, y por su fe en El.

La primera viuda es una extranjera para los Hebreos. Ella es de Sarepta, una ciudad ubicada en las costas del Mediterráneo. Elías viajó por aquella tierra en tiempos de hambruna. Como es de esperarse, cuando hay hambrunas los ricos se quejan y los pobres mueren de hambre. La mujer era pobre. Cuando Elías la conoció ella estaba recogiendo lo último que le quedaba antes de que su hijo y ella murieran. Imaginen ustedes a un extraño acercándose a esta mujer y pidiéndole algo de comer en nombre del Señor. Imaginen también a esta mujer poniendo su fe en Dios y dándole de comer al profeta. El haber depositado toda su confianza en Dios hizo que ella recibiera comida suficiente para un año.

La segunda viuda fue aquella que, según cuenta la lectura del Evangelio, puso dos monedas en la tesorería del Templo. Jesús dijo que su donación, aún cuando pareciera insignificante fue en realidad grandiosa, por que ella había dado todo lo que poseía. Su donación fue realmente el acto de depositar su fe en Dios para que él la cuidase.

Lo que estas dos viudas hicieron son cosas que a nosotros nos resultan extremadamente difíciles. No importa cuán grande sea nuestra fe, nos resulta tremendamente difícil depositar nuestra confianza plenamente en Dios. Hay algo en nosotros que nos lleva a tratar de encontrar la solución a nuestros problemas por fuera del ámbito de la fe. Existe una gran falacia en nuestros tiempos que es el pensar que el dinero puede solucionar todos nuestros problemas. El trabajo de los publicistas es vendernos la idea de que podemos comprar la felicidad. Paradójicamente la felicidad para aquellos que han sido bendecidos con riquezas materiales, muchas veces radica en que ellos comparten libremente sus éxitos con los demás.

El mensaje importante de las lecturas de hoy es que debemos poner toda nuestra confianza en Dios, en lugar de ponerla en las cosas materiales. Esto es difícil para nosotros por que requiere que pongamos en práctica la virtud perdida de la humildad. Sólo una persona humilde, que reconoce la profunda necesidad que tiene de Dios, tiene la certeza de que la presencia de Dios en su vida es fundamental para su felicidad.

Quizás algún día nosotros tendremos ese grado tan profundo de fe y de confianza en Dios, como lo tuvieron estas dos viudas quienes confiaron en El. Aunque también es cierto que esta es la razón fundamental por la cual nos reunimos para adorar, para orar y para celebrar los Sacramentos: Aún cuando somos conscientes de que nuestra fe puede ser fortalecida, también reconocemos que no podemos fortalecerla nosotros solos.

Necesitamos a Dios.

Nos necesitamos los unos a los otros.

Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario (4 de noviembre de 2018)

“¿Cuál es el primero de los mandamientos?”

Para ser precisos, ¿cuál es la dimensión más importante de nuestra fe? ¿Cuáles son los cimientos sobre los cuales reposa el cristianismo?

La respuesta de Jesús es inequívoca: el amor. Este amor tiene tres facetas.

El amor a Dios. Francisco de Sales nos dice que la razón por la que amamos a Dios es por quien Él es: nuestra dignidad y nuestro destino. “Amamos a Dios porque Él es la más suprema e infinita bondad”.

El amor al prójimo. Francisco de Sales nos dice: “El amor de Dios no sólo nos ordena amar al prójimo, sino que también genera y verte el amor al prójimo en nuestros corazones. Del mismo modo en que hemos sido hechos a imagen de Dios, el amor sagrado que tenemos los unos por los otros es la verdadera imagen de nuestro amor celestial por Dios”.

El amor propio. Este es el aspecto que quizás más tendemos a pasar por alto; al fin y al cabo, "amor propio" suena como ser egocéntrico. ¿Por qué debemos amarnos a nosotros mismos? Simple y profundamente porque “estamos hechos a imagen y semejanza de Dios” dice Francisco de Sales. Cuando nos comportamos de la mejor manera, todos somos “las imágenes más sagradas y vivientes de lo divino”.

¿Por qué el verdadero amor propio es tan fundamental para nuestro amor por Dios y por el prójimo? Sencillamente porque, si no podemos amarnos a nosotros mismos, ¿cómo podemos alabar y agradecerle a Dios por crearnos? Si no podemos amarnos a nosotros mismos, cómo podremos amar a nuestro prójimo, quien no solamente fue creado a imagen de Dios sino que fundamentalmente fue hecho a imagen y semejanza nuestra, dado que todos provenimos de la misma fuente: Dios mismo.

La plenitud de la perfección cristiana –la plenitud de vivir la vida de Cristo– puede compararse con una mesa de tres patas. En la medida en que cualquiera de las tres patas sea débil, toda la mesa estará en serio peligro. Una mesa así no puede sostener un peso importante. Así pues, también, si uno de los tres amores de nuestras vidas –a Dios, el propio, al prójimo– es deficiente, todos los tres sufrirán y no podremos cargar el peso del mandamiento de Dios que nos llama a construir algo de Su reino aquí en la tierra.

Para estar seguros, el amor es la simple respuesta a aquello que es más importante en nuestras vidas. Sin embargo, en nuestra experiencia de vida este amor nunca es tan simple como quisiéramos creerlo.

¿Cómo es su amor por Dios? ¿Cómo es su amor por el prójimo? ¿Cómo es su amor propio?

¿De verdad?

TODOS LOS SANTOS (noviembre 1, 2018)

Enfasis Sugerido

"Estos son quienes han logrado sobrevivir a este gran periodo de prueba…”

Perspectiva Salesiana

“Unamos nuestros corazones a estos espíritus celestiales y a estas almas benditas. Del mismo modo en que los ruiseñores jóvenes aprenden a cantar en compañía de los viejos, nosotros por medio de nuestra unión celestial con los santos debemos aprender la mejor forma de orar y de alabar a Dios” ( Introducción a la Vida Devota, Parte II, Capitulo 16).

Estamos apoyados en los hombros de unos gigantes. A lo largo de los últimos dos mil años incontables hombres, mujeres, y niños de muchas eras, lugares, y culturas han pasado sus vidas al servicio de las Buenas Nuevas de Jesucristo. De entre esos tantos un grupo más pequeño de individuos ha logrado obtener la distinción de ser conocidos como “santos”.

Estos son personas reales que nos sirven de ejemplo. Estos son personas reales en quienes nos inspiramos. Estos son personas reales en quienes buscamos ánimo y en quienes buscamos la gracia.

Estos santos – estas personas reales- iban abriendo un camino en medio de las pruebas a las que se enfrentaban, a medida que vivían y proclamaban el Evangelio. El reto para nosotros es seguir su ejemplo de formas que encajen con el estado y la condición de vida en la que nos encontramos.

En caso de que aún no se hayan dado cuenta, ustedes también han sido llamados a llevar una vida santa – centrados en Dios, una vida de entrega - en los lugares donde viven, donde aman, donde trabajan y donde juegan cada día. Francisco de Sales escribió: “Observen el ejemplo que nos dan los Santos en cada etapa de sus vidas. No hay nada que no hayan hecho por amor a Dios y para ser seguidores devotos de Dios… Porqué entonces no habríamos de hacer lo mismo, de acuerdo con nuestra posición y vocación en la vida, por mantener esa preciada resolución y las declaraciones que hemos hecho?” (Introducción a la Vida Devota, Parte V, Capitulo 12).

Qué significa ser un santo? Sorprendentemente es algo mucho más práctico y que esta más al alcance de nuestras manos de lo que suponemos. Francisco de Sales observaba que: “Debemos amar todo lo que Dios ama, y Dios ama nuestra vocación; por ende nosotros también debemos amar nuestra vocación y no debemos desperdiciar nuestra energía anhelando tener una vida diferente, sino que por el contrario debemos continuar con nuestra labor. Sean como Martha y también como Maria, y sientan dicha de ser como ellas… de cumplir fielmente con la tarea que han sido llamados a desempeñar…” (Stopp, Cartas Selectas, Pagina 61)

A los ojos de San Francisco de Sales la santidad se mide por medio de nuestra voluntad y nuestra habilidad para aceptar el estado y la condición de vida en la que nos encontramos. Los santos son personas que acogieron sus vidas como vinieron, desde lo más profundo de su ser, y sin desperdiciar tiempo deseando o esperando una oportunidad de poder vivir la vida de alguien más. La Santidad está marcada por nuestra voluntad para honrar la voluntad de Dios como nos ha sido manifestada durante los altibajos de nuestro diario vivir.

Cómo han sido ustedes llamados a ser santos el día de hoy? Cómo podemos abrir caminos de amor en medio de tantas pruebas el día de hoy?

DOMINGO 30 EN TIEMPO ORDINARIO (octubre 28, 2018)

Enfasis Sugerido

C ómo es que somos ciegos? De qué forma necesitamos ser sanados?

Perspectiva Salesiana

La primera lectura de hoy nos recuerda la promesa que el Señor ha hecho a su pueblo de Israel de que Dios los protegerá y los conducirá hacia su hogar por que El es “el Padre de Israel y Efraín es mi primogénito”. Dios es particularmente atento con los débiles, con las mujeres con niños y con aquellos que no pueden cuidarse a si mismos.

Esa preocupación demostrada por un Padre amoroso nos permite darle un breve vistazo a la relación única que existe entre Dios y Su pueblo. San Francisco de Sales continuamente nos recuerda el amor que siente Dios por su creación. Esa “verdad” ciertamente tiene sentido y es plenamente consistente con la razón fundamental de nuestra existencia. Después de todo, qué hijo o hija no es amado/a por sus padres de forma totalmente gratuita?

En nuestra segunda lectura debemos hacer frente al rol del sumo sacerdote como humanos que somos. El autor de la Carta a los Hebreos deja claro que el sumo sacerdote tiene la capacidad de ser compasivo ya que él mismo es un sanador herido. Aquí de nuevo tenemos otro ejemplo de la naturaleza gratuita de nuestra relación con Dios. Dios nos da una vocación, sin importar cual sea nuestra condición de vida. Pero esta vocación no es para que nosotros nos apropiemos de ella sino para que respondamos a su invitación.

El Evangelio relata la historia Bartimeo, el mendigo ciego. Que historia tan maravillosa es esa para ayudarnos a entender cuan amados somos por nuestro Dios y de forma tan incondicional. Aun así, esta relación aun cuando gratuita no es pasiva. Bartimeo le suplica a Jesús que tenga piedad de él. Jesús en respuesta le devuelve la vista al ciego. El ciego le suplica que le permita ver y Jesús le dice entonces que su fe lo ha salvado.

Nosotros oramos para poder obtener la fe que necesitamos y así lograr ver la relación fundamental que existe entre Dios y Su pueblo. Nuestra ceguera nos impide ver la bondad única que existe dentro de cada persona. Esa inhabilidad de ver la bondad nos mantiene sumidos en el pecado y nos niega la posibilidad de maximizar nuestros dones y talentos para nuestro bien y por el bien de nuestros hermanos y hermanas.

Francisco de Sales nos reta a que tengamos la misma fe del ciego, y por ende a que tengamos la suficiente confianza en nuestro valor intrínsico para que así nos atrevamos a pedir al Señor que nos permita ver. Si somos lo suficientemente fuertes para dar este paso, sólo imaginen lo lejos que podemos llegar!

DOMINGO 29 EN TIEMPO ORDINARIO (octubre 21, 2018)

Enfasis Sugerido

“A través de su sufrimiento mi siervo justificar á a muchos”

Perspectiva Salesiana

Cumplir con la admonición de Cristo, de que nosotros deberíamos ser siervos de los demás, no sonaría como una misión tan desalentadora de no ser por una sola palabra:

El sufrimiento.

Jesús es muy claro: servir es sufrir, sufrir es servir. Por supuesto surge la pregunta: ¿Es que acaso Jesús sirvió por que le gustaba el sufrimiento?

Consideren por un momento el significado de la palabra “sufrimiento”. El Diccionario de la Herencia Americana describe la palabra sufrimiento como “sentir dolor o aflicción; soportar una perdida, herida, daño o castigo”. Ciertamente Jesús experimentó todas estas cosas de sobremanera. En ese respecto, tenemos en Cristo a alguien que es capaz de simpatizar con nosotros (Hebreos).

Pero el sufrimiento es mucho más que el hecho de experimentar dolor. El mismo diccionario indica al lector consultar la raíz de la palabra inglesa “siervo”, y es allí donde encontramos una poderosa revelación: la raíz de la palabra sufrir significa cargar, soportar, “dar a luz a un hijo”.

El sufrimiento no es solo la habilidad de experimentar dolor. No, el sufrimiento es la voluntad de abstenernos, de perseverar, de continuar haciendo lo correcto y lo que es justo, lo que es saludable y santo, incluso cuando nos enfrentamos a la oposición y la resistencia de los demás. El sufrimiento es el dolor asociado a los esfuerzos que hacemos por generar vida en las vidas de los demás.

Esta clase de sufrimiento no es lo mismo que una pasividad impotente. Este sufrimiento – este sufrimiento divino – se trata de ser proactivos. Este sufrimiento – este servicio- es una elección: la elección del amor.

Jesús no amaba el sufrimiento. Jesús sufrió precisamente por que estuvo dispuesto a amar. Jesús sufrió – él perseveró – en su compromiso de ser una fuente de amor en las vidas de los demás.

Eso fue lo que hizo a Jesús un siervo. Esto mismo es lo que nos puede convertir en verdaderos siervos a nosotros. Al igual que Jesús, aún cuando nuestro servicio estará marcado por el sufrimiento, es mucho más importante que esté marcado por el amor.

DOMINGO 28 EN TIEMPO ORDINARIO (octubre 14, 2018)

Enfasis Sugerido

“Que difícil es entrar en el reino de Dios”

Perspectiva Salesiana

Durante los últimos minutos de la película “Campo de Sueños” el personaje de Terrence Mann recibe una invitación del fantasma de Shoeless Joe Jackson a "salir" con el equipo. Es entonces que el personaje de Ray Concella se enfurece. ¿Porqué el fantasma ha invitado al escritor en vez de a Ray? Ray suelta una retahíla sobre todas las cosas que él ha hecho siguiendo las instrucciones de la "voz" y termina diciendo: "Ni una sola vez he preguntado, ¿qué saco yo con todo esto?" Entonces el fantasma le pregunta: "¿Qué es lo que estás tratando de decir Ray?" a lo que Ray responde: "Lo que quiero decir es, ¿cómo me beneficia esto a mi?".

Que honesto. Que revelador. Que humano.

Hoy hemos escuchado ecos de esa misma respuesta en las palabras de San Pedro en el Evangelio cuando dice que: "Hemos dejado todo a un lado para poder seguirte" Qué es lo que implícitamente está queriendo decir: ¿Cómo nos beneficia esto a nosotros?

La verdad es que las Buenas Nuevas nunca ceden. Aún cuando vamos madurando en nuestro amor por Dios, por nosotros, y por los demás, las Buenas Nuevas siempre nos llaman a dar más, a profundizar, a seguir avanzando. La verdad es que las Buenas Nuevas algunas veces no nos hacen sentir tan bien.

No es de sorprender que algunas veces nos preguntemos: "¿Qué más quieres?" "¿Porqué debería hacer esto?" "¿Cómo me beneficio yo al hacer esto?"

El beneficio para nosotros encierra una promesa doble. En primer lugar, llegamos a experimentar la dicha que implica el preocuparnos por dar en lugar de recibir. Podremos también experimentar la libertad que se siente cuando permitimos que Dios penetre todo lo que somos- y no sólo una parte-. En resumen, podremos experimentar esa riqueza que sólo es conocida por aquellos que son generosos.

Segundo, nosotros vivimos cada día con la creencia de que algún día llegaremos a gozar de la generosidad de Dios por siempre en una vida que nunca terminará.

Entonces, cómo nos beneficia esto a nosotros? Pues, que más beneficio que darnos propósito, significado y dirección en esta vida? ¿O qué tal el hecho de poder disfrutar la plenitud de estos – y otros tantos regalos – en la vida que está por venir?

Esas si que son Buenas Nuevas!

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