DOMINGO 15 EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 14, 2019)

Enfasis Sugerido

"Este mandamiento que yo les impongo hoy… ya esta en sus bocas y en sus corazones; todo lo que falta es que ustedes lo cumplan..."

Perspectiva Salesiana

En la película Indiana Jones y la Ultima Cruzada, Indiana Jones le pregunta a su mentor, Marcus Brody: "Crees, Marcus? Crees que el arca exista?" Su viejo amigo y mentor sobria y suavemente responde: "La búsqueda del arca es la búsqueda de lo divino en todos nosotros."

La búsqueda de lo divino no se trata de ir a lugares remotos. La búsqueda de lo divino no se trata de mirar hacia el cielo. La búsqueda de lo divino no se trata de cruzar grandes océanos. No, la búsqueda de lo divino se trata de la más grandiosa – y algunas veces la más difícil- aventura de todas: la búsqueda dentro de nosotros mismos. Es la travesía hacia el corazón. Es el viaje al alma, a la esencia, y al centro de nuestro ser.

Francisco de Sales ciertamente creía en esto. El escribió en su Introducción a la Vida Devota: "Dios esta en todas las cosas y en todos los lugares. No hay lugar o cosa en el mundo en la que Dios no este verdaderamente presente." Pero esto, dice Francisco de Sales, no es suficiente, por que "Dios no solo esta en el lugar donde tu estas; Dios también esta presente de forma muy particular en tu corazón, en el centro mismo de tu espíritu." (Parte II, Capitulo 2)

Por supuesto la búsqueda de lo divino en todos nosotros no se limita al viaje hacia el corazón. La búsqueda de – y el reconocimiento de- lo divino en nosotros se encuentra cuando nos encaminamos en otro viaje: el de acercarnos y cuidar a los demás.

Jesús hace este punto en su parábola del Buen Samaritano. Dos personas que debieron haberse comportado de mejor manera (dados sus conocimientos) pasaron por el lado de un vecino necesitado y lo ignoraron: ciertamente esta no es una forma de reconocer la presencia de lo divino en nosotros. Claramente, y mas trágicamente, quizás este es un indicativo de que han fracasado en reconocer la presencia de Dios dentro de si mismos.

Un tercer hombre, en contraste, es “movido por la compasión” que sentía por la miseria del hombre. El es capas de acercarse a una persona necesitada por que el primero tuvo el coraje para ver dentro de si mismo la presencia de un Dios que lo ama y que lo cuida: la presencia de un Dios quien lo llamo a hacer esto mismo por los demás.

Dios tiene su morada en todas partes, más especialmente en nuestros corazones. Francisco de Sales nos reta: "Examinen su corazón a menudo y pregúntense si su corazón cuida de su vecino de la misma forma en que a ustedes les gustaría que el corazón de su vecino cuidara de ustedes.”

Lo único que queda es que nosotros “lo llevemos a cabo,” que extendamos nuestros corazones –y el corazón de Dios- a nuestro vecino necesitado.

Siempre. En todas partes.