DOMINGO 32 EN TIEMPO ORDINARIO (12 de Noviembre de 2017)

Énfasis Sugerido

“Deslumbrante y eterna es la Sabiduría; ésta es fácilmente percibida por aquellos que la aman, y fácil de encontrar para quienes la buscan… quienes la aguardan de madrugada no se sentirán decepcionados, allí la encontrarán sentada frente a la puerta”.

Perspectiva Salesiana

En la introducción a la edición de 1862 de las Conferencias Espirituales escritas por San Francisco de Sales, el Cardinal Wiseman escribió: “El Espíritu de San Francisco de Sales es un espíritu eminentemente sabio. Ciertamente, todo lo que hemos escrito sobre él hubiese sido en vano, si nuestros lectores no reconocieran que ese espíritu es poseedor de una prudencia sobrehumana ¿Y qué es esto si no sabiduría? La moderación, el evitar los extremos, la adaptación a todo tipo de circunstancias, y el poder discernir entre los diferentes medios para responder a ciertos personajes y situaciones – todo esto constituye una sabiduría difícil de adquirir, y poco común”. (Conferencias, p. LXIV)

La espiritualidad de San Francisco de Sales es, entre otras cosas, un camino a la sabiduría. Es un enfoque basado en la inspiración divina y el sentido común, para vivir el Evangelio de Jesucristo de acuerdo al estado, la etapa, y las circunstancias en las que se encuentran nuestras vidas. San Francisco de Sales nos ofrece un método pragmático, con los pies sobre la tierra, con el cual podemos aspirar a alcanzar todo aquello que es del cielo.

Una de las cualidades de esta sabiduría práctica, centrada en Dios, es la prudencia. El Diccionario de la Herencia Americana del Idioma Inglés describe el ser prudente de la siguiente forma: “ser sabio en el manejo de asuntos prácticos; hacer uso del buen juicio y del sentido común; ser cuidadoso respecto a los intereses personales; ser previsivo…” Se deriva del Latín, y su palabra base significa “Proveer”.

El Evangelio de hoy nos cuenta una anécdota muy diciente sobre la prudencia, sobre la necesidad de “ser cuidadoso respecto a los intereses personales”. Un grupo de sirvientes estaba haciendo las preparaciones necesarias en caso de que su amo se demorara en regresar. Previendo esto, empacaron aceite extra para sus antorchas. El otro grupo sin embargo, no se preparó ni alistó provisiones en caso de dicha probabilidad. Por lo tanto sólo llevaron consigo aceite suficiente para un ciclo de iluminación.

La moraleja de la historia es clara y concisa: “Mantengan sus ojos abiertos, porque ustedes no conocen ni el día ni la hora”. Observen a su alrededor. Tengan en cuenta las señales de la época. Miren más allá de su horizonte.

Ciertamente, gran parte de la sabiduría de San Francisco de Sales consiste en aprender de los golpes, de bailar al son que nos toquen, de dejarnos llevar por la corriente. Algunas veces sin embargo, ser “cuidadosos con respecto a nuestros intereses personales” – ser prudente, emplear el sentido común- requiere planeación, requiere que proveamos, y que nos preparemos para lo inesperado.

Quizás específicamente para ello.

El libro de la Sabiduría proclama que quien "mantenga la vigilia por la sabiduría, rápidamente se librará de toda preocupación”. Parte de esa vigilancia consiste en prepararnos para reconocer las imágenes, los sonidos y los olores de la voluntad y la obra de Dios en nuestras vidas, antes de que sea demasiado tarde.

Después de todo, ¿Cuándo construyó Noé el arca?

Antes de que comenzara la lluvia.