DOMINGO DE PASCUA (abril 1, 2018)

Enfasis Sugerido

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois…".

Perspectiva Salesiana

Las palabras de los Corintios provienen de las más antigua Homilía de la Pascua registrada en la literatura cristiana. Pablo nos dice que limpiarnos de la levadura vieja es un prerrequisito para poder experimentar el crecimiento espiritual. Valiéndose de la tradición Judía él ilustra la necesidad de remover todo lo que nos este impidiendo alcanzar nuestro máximo potencial espiritual. Al hacerlo estaremos listos para resolver el misterio de la tumba vacía y para entender lo que significa que Jesús nos ha liberado de nuestra antigua visión, plagada por la idea de que la muerte tiene poder sobre nosotros.

Después de la Pascua las familias Judías removían todo residuo de pan viejo con levadura de sus casas para así prepararse para la Fiesta de los Panes sin Levadura. Pablo sabe que no se necesita demasiada levadura para que la masa crezca. De la misma forma, no se necesita pecar en exceso para perturbar la vida de una personal, de una familia entera o incluso de toda una comunidad de creyentes. El dice que esta corrupción es el resultado de la levadura de la maldad y de las malas intenciones. Es en la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Jesús, el Misterio Pascual, que nuestra morada espiritual es librada de la influencia disruptiva del mal y que somos preparados para la vida dentro de la comunidad cristiana.

María, Juan y Pedro tuvieron que deshacerse de sus antiguas nociones sobre la muerte y su poder cuando se encontraron con la tumba vacía. Se dieron cuenta de que si lo que deseaban era la vida con Jesús, su antiguo y corrupto entendimiento del poder de la muerte y del mal ya no tenía cabida.

Para Francisco de Sales, la esencia misma del compromiso con la vida devota es hacernos conscientes de nuestra necesidad de purificarnos de la influencia corruptiva de los afectos y las inclinaciones pecaminosas, y más importante aun, que Jesús hace posible que nosotros logremos este objetivo. Al igual que María, Pedro y Juan, nos volvemos conscientes de las nuevas posibilidades que tenemos a nuestra disposición. “El mundo observa a los devotos como oran, ayunan, soportan heridas, cuidan a los enfermos, dan limosna a los pobres, hacen vigilias, contienen la ira, reprimen sus pasiones, desechan los placeres sensuales y llevan a cabo acciones dolorosas y rigurosas en ellos mismos y por su propia naturaleza”. Pero el mundo no puede ver la devoción interna y sincera que hace estos actos agradables, dulces y fáciles. " (Introducción: I, 2)

La espiritualidad Salesiana es una inversión diaria en la nueva visión hecha posible por Jesús a través de su muerte y resurrección. Estar conscientes de nuestra necesidad de “limpiar la levadura vieja” y de prepararnos para esta nueva y grandiosa fiesta es un gran indicador de que tenemos un potencial ilimitado para el crecimiento espiritual. Aleluya, aleluya!