DECIMO SEPTIMO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (Julio 29, 2018)

Enfasis Sugerido

Pongamos nuestras vidas en manos de Jesús con total confianza

Perspectiva Salesiana

San Francisco de Sales dice en la Introducción a la Vida Devota que hay dos clases de personas que deben estar en comunicación frecuente: aquellos que son fuertes, para que no se vuelvan débiles, y quienes son débiles, para que se hagan fuertes; los enfermos para que su salud sea restaurada, y quienes gocen de salud, para que no caigan en la enfermedad.

San Francisco nos dice que debemos tener confianza en Dios: Dejen en manos de la amada providencia de Dios todo aquello que les resulte doloroso y crean firmemente que El los conducirá con dulzura, que guiará sus vidas y todos sus asuntos: “Cuando nos enfrentemos a una persecución, o a una contradicción que nos amenaza con convertirse en un gran problema, debemos retirarnos, debemos refugiarnos, y nuestros afectos, bajo la Santa Cruz, con la creencia verdadera de que todo tendrá un buen fin para aquellos que aman a Dios”.

Un día una mujer común y corriente decidió adentrarse en una comunidad donde las personas experimentaban un ciclo constante de pobreza y crueldad. Ella observó la difícil situación de todas aquellas personas menos afortunadas que ella y decidió que necesitaba, hacer algo al respecto y personalmente. Entonces tomó todo lo que poseía y decidió rentar un viejo edificio con un piso de tierra. El edificio no era necesariamente agradable a la vista, pero era un comienzo para el trabajo que ella sintió que debía comenzar. Al día siguiente la mujer caminó por todo el vecindario ofreciendo clases para los niños. Utilizó el edificio como su salón de clases. No tenía libros, ni escritorios, tampoco sillas ni mesas. Su tablero era el piso de tierra. Lo alisaba con un viejo trapo viejo y utilizaba una vara para escribir en él. Esta fue la forma en que esta mujer lucho en contra de la pobreza y la crueldad a su alrededor.

A los ojos de un observador casual puede parecer una respuesta patética y minúscula ante tal grado de sufrimiento humano, pero ella depositó su confianza en Dios.

¿Qué ocurrió con la mujer y su iniciativa? Hoy en día existen alrededor de ochenta escuelas completamente equipadas, trescientos dispensarios, setenta clínicas para leprosos, treinta hogares para los moribundos, treinta hogares para los niños abandonados, y cuarenta mil voluntarios alrededor del mundo que continúan la labor que esta singular mujer comenzó.

Esta mujer era la Madre Teresa.

No existe una mejor historia para ilustrar el punto de la primera lectura y de la lectura del Evangelio para hoy. El muchacho le dio todo lo que tenía a Jesús, y Jesús hizo todo lo demás. Pongamos lo poco que tengamos en manos de Jesús con total confianza. El nos aceptará, nos bendecirá y hará que nuestras vidas crezcan muy por encima de nuestras más grandes expectativas. Es de este modo que experimentamos –de primera mano – la importancia de lo insignificante.