DECIMO QUINTO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO (julio 15, 2018)

Enfasis Sugerido

"El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: 'Ve y profetiza a mi pueblo, Israel”

"En El nosotros también fuimos escogidos, destinados de acuerdo con el propósito de Aquel quien todo lo puede, de acuerdo con su voluntad, para que podamos existir para alabar su gloria, esperanzados en Cristo".

Perspectiva Salesiana

San Francisco de Sales viajo una vez a Bellevaux con un joven sacerdote, donde revivió sus primeros días como un misionario en el Chablais. Los residentes del lugar eran demasiado tímidos y cautelosos. Francisco y el sacerdote no podían encontrar hospedaje, ni vino, ni asientos para sentarse, tuvieron que comer un pan viejo por el que pagaron demasiado – poco queso, poca agua, no tuvieron más mesa que el suelo- no tenían mantel más que sus propias capas.

Francisco dijo: "He aquí la verdadera vida apostólica, la vida donde podemos imitar de alguna forma la pobreza de Jesucristo y sus Apóstoles. Yo estoy acostumbrado a esto por que por dos años experimenté la misma crueldad por parte de los residentes de varias villas”.

Aún a pesar de estos obstáculos, o a causa de ellos, Francisco amaba a las personas a quienes servía como pastor. El les daba una bienvenida fraternal a todos y los guiaba por el camino de la generosidad apostólica que él mismo practicaba. El practicaba la filosofía de que: “Mejor es ser humilde con los pobres que compartir botín con los soberbios”. (Proverbios 16: 19) El sabia que el espíritu apostólico: "Esta siempre cerca de quienes tienen el corazón herido; él alivia el espíritu abatido". (Proverbios 33:19)

Francisco escuchó la voz de Dios, y añadió su voz a la del Señor. Su agudo intelecto y su educación lo prepararon para discutir, aún así él era capaz de hacer a un lado el odio. Francisco tenia un deseo inmenso de debatir con los ministros protestantes, pero muy pocos se medía a ese reto. Algunos de ellos en la audiencia tomaban notas en secreto basadas en sus sermones, los copiaban, y los distribuían por toda Génova. Al principio la respuesta fue mínima, pero después originaron muchas y muy fenomenales conversaciones.

Uno puede hacer mucho con su propio estilo de predicación, de enseñanza y de trabajo. Permitir que el Espíritu de Dios obre en nosotros y en los demás es una gran regalo, y no debemos permitir que las decepciones, las penas, ni nuestra forma de querer hacer las cosas, nos desanimen. Muchos y muy grandes personajes han existido antes que nosotros y nos han mostrado el camino a seguir.

Francisco de Sales demostró el poder de la virtud de la esperanza, la esperanza que eventualmente da un gran fruto gracias a la perspicacia, el vigor, y la determinación de un santo que no permitió nunca que la frustración ni el dolor le impidieran predicar la palabra del Señor. Pidamos para que podamos ser valientes, perspicaces y para que su ejemplo nos sirva de inspiración y nos de animo – cuando sea necesario.