MARIA, MADRE DE DIOS (Enero 1, 2018)

Énfasis Sugerido

“Maria valoraba todas estas cosas y reflexionaba en ellas en el fondo de su corazón”

Perspectiva Salesiana

“Mira a Maria en todas las circunstancias de su vida. En su habitación en Nazaret ella muestra su modestia a través de su miedo, su candor al esperar ser instruida y al preguntar, su sumisión y su humildad cuando se llama a si misma una sierva. Mírala en Belén: Ella vive una vida simple y pobre, ella escucha a los pastores como si fueran doctores instruidos. Mírala acompañada de reyes: ella no se atreve a dar discursos. Mírala durante el tiempo de su purificación: ella va al templo para honorar las costumbres de la iglesia. Durante el viaje a Egipto y de regreso ella simplemente obedece a José. Ella no considera que esta desperdiciando su tiempo cuando se va a visitar a su prima Isabel. Ella lo considera un acto de amor y de cortesía. Ella busca a Nuestro Señor no solo cuando siente dicha sino que también cuando llora. Ella siente compasión al ver la pobreza y la confusión de aquellos que la invitaron a la boda. Ella esta parada al pie de la cruz, llena de humildad, llena de virtud, y nunca atrayendo atención hacia si misma cuando expone sus cualidades” (Stopp, Cartas Selectas, Página 159)

Cuando Maria accedió a ser la madre de Jesús, ella recibió más de lo que esperaba en un principio. El haberle dado el “Si” a la invitación de Dios para ser la madre del Mesías cambio su vida para siempre. Pero como observa San Francisco de Sales, ella constantemente reafirmaba ese “Si” al experimentar la voluntad de Dios para con su hijo, la voluntad de Dios para con su esposo y la voluntad de Dios para con ella. En los buenos tiempos, en los malos y en cada otro momento, ella aceptó completamente cada una de las situaciones que tuvo que vivir.

Nosotros también estamos llamados a darle vida a Jesús, y aun cuando no es una llamada a darle una vida física, nuestra llamada es un reto no menos importante o menos exigente que el que Maria tuvo que enfrentar.

Así como podemos observar en la vida de Maria, darle vida a Jesús no es un evento que ocurre una sola vez: es un proceso que dura toda la vida. Decir “Si” para darle vida a Jesús significa tener fe en la voluntad de Dios para con nosotros y para con otros, un día, una hora, y cada momento a lo largo de nuestras vidas. Darle la vida a Jesús es aceptar, completa y profundamente, las responsabilidades, los eventos y las circunstancias del estado en el que están nuestras vidas. Es aceptar los golpes y mantener la convicción de que Dios nos ama y nos protege.

Maria nos recuerda que darle la vida a Jesús nos puede traer más de una inconveniencia, un dolor de cabeza, dolores de corazón. Aun así, la vida de Maria presenta una poderosa forma de recordarnos que la fidelidad de una persona para con Dios puede cambiar el mundo para el bien.

Por Siempre.