Tercer Domingo de Adviento (Diciembre 11, 2016)

Enfasis Sugerido

“Ve y dile a Juan lo que has visto y escuchado.” Regocíjense! Jesús es el verdadero Mesías quien trae la sanación y la fuerza al pueblo de Dios.

Perspectiva Salesiana

La promesa de la salvación de Dios es muy específica en las lecturas de ambos, el evangelio de Mateo y el libro del profeta Isaías.

El pueblo de Dios estuvo esperando por mucho tiempo la llegada de ‘aquel’ que los salvaría del pecado. El pueblo de Dios esperó por mucho tiempo la llegada de aquel establecería el convenio de Dios con ellos para siempre. Aún así, habían ciertas preguntas fundamentales que rondaban en la mente de aquellos que por tanto tiempo esperaron esa intervención divina: cuándo vendrá el Mesías? Cómo sabremos que es él cuando aparezca? Cuál será el significado y el tono de su mensaje? Cuáles serán las señales que debemos tener presentes?

La respuesta de Jesús es clara e inequívoca: él enumera las señales que anunciarán la llegada del Salvador tan esperado.

El Mesías, que es Jesús, pasó su vida redimiendo – no condenando – al pueblo de Dios. Los símbolos del ministerio de Jesús fueron la esperanza y la sanación . La fuente del mensaje liberador de Cristo era el poder y la promesa del amor redentor de Dios.

El adviento nos recuerda que Dios cumple las promesas que hace. La temporada del adviento nos recuerda las señales del amor liberador, redentor y transformador de Dios que continúan manifestándose hasta nuestros días. La temporada del adviento nos recuerda nuestra propia necesidad de reformar – de hacer que nuestros corazones cambien- para que así podamos llegar a conocer el poder de la esperanza a la cual todos hemos sido llamados.

San Francisco de Sales escribió: “Quién se atreverá a dudar ahora de la cantidad de medios que tenemos a nuestra disposición para obtener la salvación, gracias a nuestro gran Salvador, a imagen de quien hemos sido creados y por cuyos méritos hemos sido rescatados?” (Tratado del Amor de Dios, Libro II, Capítulo 5) Aún así, este gran regalo nos llega acompañado de una gran responsabilidad. San Francisco de Sales es enfático en decir que Dios trabaja en todos y cada uno de los corazones humanos. Por eso mismo, como cristianos que somos y que ‘vivimos en el mundo’ debemos reconocer que nuestras relaciones con los demás son una parte integral del plan continuo de salvación de Dios. Desde la perspectiva del “Santo Caballero,” la temporada del adviento nos reta a hacernos ciertas que deben ser fundamentales para nosotros: somos símbolos convincentes de la presencia del Mesías? Somos símbolos del amor redentor y transformador de Dios? Somos fuentes de la esperanza y de la sanación en las vidas de los demás?

Muchos de nosotros vamos a invertir mucho tiempo y energía decorando nuestros hogares y nuestros barrios para celebrar el milagro del nacimiento de Cristo, la manifestación del poder y la promesa de la encarnación del amor de Dios; un amor personificado en la vida, el ministerio y el mensaje de Jesucristo. Qué tan deliberadamente y tan conscientemente decoraremos nuestras vidas con esas virtudes que hablan de la presencia del Mesías en nuestras relaciones con los demás? Cuando nos cruzamos con otras personas, pueden ellos “ver y escuchar” las señales del Mesías?