TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (Diciembre 17, 2017)

Énfasis Sugerido

“El dejo de ser testimonio para testificar sobre la luz, para que todos puedan creer a través de él”

Perspectiva Salesiana

En la lectura del Evangelio para el día de hoy hemos escuchado una reiteración de la predicación de San Juan Bautista que fue anunciada previamente en las lecturas de la semana pasada. En el Evangelio de hoy escuchamos de nuevo, una y otra vez, la afirmación clara, cierta y firme de que él no es el Mesías, él ofrece testimonio sobre la luz, pero el no es la luz misma.

Juan rechaza el título de Mesías, asegura que no es Elías, ni el profeta y nos dirige a Cristo. Este tema sale a relucir en la canción del ciervo hallada en la primera lectura de Isaías y tuvo una influencia enriquecedora en la Cristología del Nuevo Testamento y en el ministerio de Jesús.

Francisco de Sales considera a Juan Bautista como uno de los grandes santos, por que su vida y misión no estaban enfocadas en acaparar la atención de las personas, sino en encaminarlas hacia otra persona. En su sermón para el Segundo domingo de Adviento, el doctor del amor habla de Juan Bautista en los siguientes términos: “él no quería reunir discípulos para si mismo, sino para su Maestro, a cuya escuela él los envía para que puedan recibir sus enseñanzas personalmente”. (“Los Sermones de San Francisco de Sales para el Adviento y la Navidad,” editados por Lewis S. Fiorelli OSFS)

Juana De Chantal habla sobre el ejemplo de humildad que debe ser Juan Bautista para nosotros. “yo diría que San Juan nunca hablo de forma mas admirable que cuando se le pregunto quien era él, por que siempre refutaba los títulos que se le daban a través de una negativa humilde, y cuando fue obligado a responder positivamente él dijo que era solo una voz, fue casi como decir que él no era nada; la palabra en la verdad, algo digno de un profeta, y de los grandes entre ellos. […].” (“Exhortación XV”, Santa. Juana, Frances Frèmyot De Chantal: Sus Exhortaciones, Conferencias e Instrucciones, Traducidas por Katherine Brègy)

En esta temporada santa de Esperanza y Expectativa, podemos enfocar nuestra atención en el modelo de Juan Bautista quien dedico su vida a enseñar el camino para llegar a Cristo. En nuestra “peregrinación terrenal” matutina en camino a la plenitud del Reino, nuestra vida, y nuestra testificación de Cristo no debe tener como objetivo dirigir la atención de otros hacia nosotros, por el contrario, debe llevarnos y a los demás a conocer y a encontrar a Cristo. Igual que Juan, nosotros somos Sus mensajeros y embajadores.

En espíritu de humildad, reconocemos que Dios utiliza a cada uno de nosotros como Sus instrumentos para proclamar las Buenas Nuevas.

(Reverendo Mark Mealey, OSFS trabaja y vive en la Diocesis de Arlington, VA.)